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Lo que California tiene que aprender después de los terremotos en México

El estado más poblado de EEUU lleva décadas esperando un gran movimiento sísimico. La experiencia azteca da lecciones que deben ser escuchadas para estar listos.
Opinión
Creció en la Ciudad de México y desde hace cinco años vive en Los Ángeles, donde estudió la maestría en Planeación Urbana. Trabaja en Alta Planning, donde se desempeña como especialista en transporte sustentable, espacios públicos y participación comunitaria.
2017-11-29T11:17:49-05:00

Una de las tantas cosas que California y la Ciudad de México tienen en común es que los habitantes en ambas latitudes vivimos en la constante expectativa de un gran terremoto. Por desgracia, la Ciudad de México sufrió uno el pasado 19 de septiembre, mientras que en California seguimos esperando el que todos llaman ‘The Big One’.

Sin embargo, lo sucedido en México ha generado resurgimiento en las preocupaciones de los californianos. De acuerdo a NBC News, los expertos predicen un 19% de probabilidades de que un terremoto de grado 7 o más suceda en los próximos 30 años. Y, de hecho, después del terremoto en la Ciudad de México, las llamadas a la Autoridad de Terremotos de California y las visitas a su sitio de internet han incrementado dramáticamente.

Más allá de las acciones individuales que podemos realizar como asegurar nuestras viviendas o almacenar comida –que muy pocos estarían realizando en California, de acuerdo a una encuesta de 2010–, también es importante estar preparados como comunidad ante sucesos no tan inesperados. Es por eso que es relevante revisar las lecciones que deja la nueva catástrofe del 19 de septiembre en México para poder aplicar, adaptar y mejorar en California cuando el ‘The Big One’ llegue.

1. Verificar, verificar, verificar

Una de las iniciativas clave para hacer más eficiente las labores de respuesta y rescate del temblor fueron las plataformas de verificación de información, como #Verificado19S, que se encargaron de autentificar la información que existía en las redes sociales, como listas de necesidades, reportes de daños y ubicaciones de centros de acopio.

Súbitamente, minutos después del temblor, la información que la mayoría de la gente intentó generar y difundir en redes sociales para ayudar a las personas afectadas por el terremoto involuntariamente se volvió desinformación, lo que generó varios fenómenos como el exceso de voluntarios en varias zonas de la ciudad y desbalance entre víveres y falta de transporte. Gracias a estas plataformas que básicamente corroboraban la información en internet con ayuda de gente en las calles, los recursos humanos y materiales pudieron distribuirse de manera más eficiente y oportuna.

En palabras de Antonio Martínez Velázquez, cofundador de Horizontal y uno de los principales actores de #Verificado19s, esta plataforma más que ser tecnológica, fue una herramienta de logística ciudadana. “La red de activistas, organizaciones no gubernamentales y sociedad civil ya existía pero se consolidó ante la emergencia y la desconfianza de la incapacidad del gobierno”, dijo Martínez.


2. Repensar la tecnología

California es hogar de las compañías tecnológicas más grandes del mundo, incluyendo a Twitter, Facebook, Google y Apple. Esto podría ser bueno a la hora de implementar plataformas de rescate y reconstrucción. Mejor tecnología y más fondos pudieron haber ayudado a que los esfuerzos de rescate en México fueran más sencillos o de mayor alcance. Por ejemplo, se pudo haber desplegado un ejército de drones para entregar víveres o herramientas que ayudaran en los mismos rescates o en la verificación de información rápida y eficiente.

Sin embargo, no es prudente ni deseable esperar que las grandes compañías asuman un papel de salvadores en este tipo de desastres naturales. Para Antonio Martínez Velázquez, las compañías tecnológicas deben de asumir el rol público o semipúblico que han adquirido, a pesar de responder a intereses privados, pero la sociedad civil y el gobierno no deben permitir que éstas suplanten tareas que les corresponden. Las implicaciones en cuestión de propiedad de información que esto tendría pueden ser enormes, ¿qué harían las compañías con toda la información de daños y afectados? Por otro lado, las desigualdades podrían acentuarse al tener compañías tecnológicas dispuestas a rescatar vidas de personas que estén dispuestas a pagar por ello, liberando al gobierno de esta responsabilidad.

La ciudadanía, en cualquier parte del mundo, debe de apropiarse de la tecnología existente, usarla a favor del beneficio público pero siempre teniendo en mente que es la gente y no las máquinas quienes hacen el trabajo más importante.


3. Planear ciudades resilientes

Como ya se escribió previamente en CityLab Latino, los parques y las bicicletas fueron clave después del terremoto de la Ciudad de México para ayudar en los esfuerzos de rescate. Una red de espacios públicos amplios e interconectados por diversas vialidades permitió la ubicación de múltiples centros de acopio a través de toda la ciudad. Mientras tanto, ante una ciudad copada por cierres de calles y avenidas principales, la bicicleta se convirtió en un medio de transporte imprescindible en las acciones de rescate y distribución de víveres. De igual forma, la infraestructura del Metrobús o Bus Rapid Transit (BRT) fue clave en las labores de rescate, al permitir un carril exclusivo y con libre flujo para los vehículos de emergencia.


California, a través del Departamento de Transporte, invierte cada año millones de dólares en planeación, diseño y construcción de transporte activo –el ciclismo y la movilidad a pie, entre otros modos–, además de planeación para la adaptación al cambio climático. Y Los Ángeles, con la aprobación de la llamada Medida M, está profundizando esta tendencia. De lo acontecido en la Ciudad de México se puede aprender que dedicar más dinero al desarrollo de espacios públicos, el transporte activo y el transporte público no sólo es necesario para mejorar la vida diaria de las comunidades, sino que además puede resultar muy útil y conveniente al momento de realizar labores de rescate o reconstrucción.

Una ciudad con infraestructura que sólo sirve a los automóviles tendrá más problemas al momento de llevar a cabo acciones de rescate y reconstrucción en caso de una destrucción generalizada que aquellas planeadas y construidas para ofrecer más oportunidades de movilidad y acceso.


4. Casi todos y todas podemos apoyar

Después del terremoto, hubo mucha gente que se volcó a las calles a servir como voluntarios en albergues, centros de acopio y zonas de rescate. Otras más decidieron apoyar las labores de verificación de información y traslado de víveres. Sin embargo, hubo muchas más que decidieron apoyar con acciones ligadas a su profesión u oficio: doctores ofreciendo consultas gratis; ingenieros apoyando la inspección de inmuebles y revisando grietas; psicólogos dando apoyo psicológico en parques y calles de la ciudad; urbanistas creando atlas de riesgo; y vendedores ambulantes preparando y regalando comida a los voluntarios.

Comúnmente los desastres naturales revelan y acentúan las grandes desigualdades e injusticias que existen en las ciudades. Siendo California un estado con tantos inmigrantes, muchos de ellos con temor a reportar su estatus migratorio ante las autoridades, el apoyo de la sociedad civil para verificar información, distribuir víveres y proveer servicios será muy importante.

Muchas veces los expertos en emergencias no tienen en cuenta que los voluntarios civiles no solo suelen ser una ayuda práctica, sino que son la primera línea de ayuda. Esto se vio en México y también, probablemente, se verá cuando a California le llegue la hora de un gran terremoto.

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