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La verde fórmula de Detroit para enfrentar inundaciones

La ciudad aprovechará uno de los bienes que, en la actualidad, no le son escasos: los terrenos vacíos.
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30 Jun 2016 – 11:24 AM EDT

En Brooklyn, un desarrollador inmobiliario planea instalar contenedores de basura llenos de tierra y plantas en las zonas de estacionamiento, según reportó el Brooklyn Paper. La idea es que el suelo y las plantas absorban el agua de lluvia antes de que ésta rebase el cercano canal de Gowanus, un sitio con una famosa y fétida tendencia a desbordarse.

En un distrito donde cada vez existe menos espacio, estas intervenciones a pequeña escala tienen sentido: los bienes raíces escasean y cualquier pequeño espacio disponible debe ser aprovechado para una posible mejora ecológica.

Detroit, por el contrario, tiene mucho más espacio para trabajar. "Lo que nos salva aquí es que hay muchos terrenos", dice Joan Nassauer, profesor de arquitectura paisajista de la Universidad de Michigan. Es una ciudad extensa, con propiedades vacantes o muy deterioradas dispersas a lo largo y ancho de sus 139 millas cuadradas. Desde el mes de abril de 2016, 66,125 terrenos vacantes estaban en manos de la Autoridad del Banco de Tierras de Detroit, la cual ha recibido más de 100 millones de dólares en fondos federales para demoler estructuras en ruinas. Hasta este momento, se han demolido 2,112 construcciones en dichas condiciones este año. "Realmente es una buena noticia porque uno no necesariamente espera que las oportunidades sean creativas", dice Nassauer.

Al igual que Detroit, Filadelfia y Nueva Orleans están apostándole con más fuerza a la infraestructura ecológica de captación de aguas pluviales. Pero en Detroit, donde el espacio disponible supera la demanda actual del mercado, las intervenciones ambientales se están desarrollando a escalas particularmente grandes. Hay espacio para convertir lotes enteros en campos de pruebas.

Durante esta primavera y este verano, expertos de toda la ciudad han estado investigando los beneficios ecológicos y sociológicos inmediatos y a largo plazo de convertir terrenos baldíos en embalses colectores de aguas pluviales cubiertos con coloridas plantas. ¿Pueden estos terrenos mejorar la salud de las masas de agua que los rodean mientras a la vez embellecen las propiedades que llevan tanto tiempo deterioradas?


En todo el país, las ciudades deben solucionar qué hacer con el agua que cae en las superficies impermeables y cumplir con los lineamientos establecidos en la Ley Federal de Aguas Limpias. El reto es mantener la evacuación de aguas lo más limpia posible y retrasar su paso hacia las aguas receptoras.

Detroit padece críticamente de ese problema: tiene más de 3,000 millas de tuberías de alimentación por gravedad bajo sus calles. Esta localidad, al igual que muchas de las otras ciudades con mayor antiguedad, tiene una vieja infraestructura hidráulica que utiliza sistemas de alcantarillado combinado: el agua de lluvia llega a los mismos desagües que transportan las aguas residuales de las plantas de tratamiento. Las fuertes tormentas que se han incrementado en la región durante el último medio siglo pueden desbordar las tuberías, provocando que una mezcla de aguas de evacuación y residuales fluya hacia los ríos locales. Este fenómeno contribuye a la proliferación de algas alimentadas por el fósforo y el nitrógeno. El verano pasado, una proliferación sin precedentes de algas tóxicas en el lago Erie amenazó con contaminar el agua potable de la cual se abastecen 400,000 residentes de Toledo. Los ríos Rouge y Detroit [fueron] parte de la causa de ese problema", dijo Nassauer al Detroit News en noviembre pasado.

Hace décadas, la ciudad descargaba anualmente decenas de miles de millones de galones de aguas no tratadas hacia los ríos locales. El volumen aún alcanza altos niveles después de las tormentas. En agosto de 2014, una tormenta azotó la región con 5.5 pulgadas de lluvia. Las alcantarillas evacuaron 10 mil millones de galones hacia las aguas locales, según un análisis realizado por Detroit Free Press de los datos del Departamento de Calidad Ambiental de Michigan. Durante las dos últimas décadas, la ciudad ha invertido mil millones de dólares en mejorar el sistema. Ahora, sus seis embalses de retención y tres instalaciones de tratamiento pueden recibir aproximadamente un 95% de las aguas aliviadas no tratadas, lo cual es mejor, pero aún no es la solución perfecta. "¿Cómo resolver el último 5% del problema?", se pregunta Palencia Mobley, vicedirectora del Departamento de Aguas y Alcantarillados de Detroit. "Gastar otros mil o dos mil millones no tiene mucho sentido económico".

Para acortar la brecha, la ciudad ha recurrido a la infraestructura ecológica, que, según Mobley, puede colocarse estratégicamente para atenuar inundaciones localizadas. Para el año 2029, su departamento habrá gastado 50 millones de dólares en infraestructura ecológica en el área de Upper Rouge.

De terrenos a jardines

En Detroit, el problema de la gestión de las aguas pluviales se ve agravado por el hecho de que la ciudad está asentada sobre una llanura de un lago glaciar. El suelo es rico en arcilla, y no permite absorver el agua de manera fácil. Esta característica intrínseca se ve exacerbada por el hecho de que algunos de los terrenos han estado baldíos durante casi un cuarto de siglo. Por naturaleza, el suelo es un tanto adverso al agua, más aún cuando años de desuso lo han vuelto más compacto.

Wade Rose, quien maneja la restauración de terrenos baldíos de la organización de reforestación y agricultura Greening of Detroit, describió el proceso de regeneración de estas tierras que han estado desatendidas durante décadas. Las casas que solían erigirse sobre ellas, dice Rose, fueron demolidas antes de que fueran implementados los protocolos actuales. Los escombros de la demolición podrían haber sido acumulados en los sótanos para después sellarlos. Rose piensa que el agua de lluvia se está acumulando en algunos de esos espacios, apuntalados por bloques de cemento o cimientos agrietados. En algunos sitios, Rose ha encontrado escombros que nunca fueron retirados. "A veces, la cortadora de césped golpeaba un colchón", me dijo en un taller de terrenos baldíos a principios de este mes. "Lo golpeaba y ¡ puf! Nieve en agosto”.

Rose está inscribiendo los terrenos baldíos en la Iniciativa de Restauración de los Grandes Lagos, respaldada por la Agencia de Protección Ambiental (EPA). Greening of Detroit y sus socios están trabajando en 31 terrenos que abarcan aproximadamente tres acres en conjunto (el equipo preparó 14 terrenos el otoño pasado, y comenzó la construcción de los otros 17 hace unas semanas). El proyecto emplea varias técnicas para la recuperación de suelos y retención de agua: un prado de flores silvestres; una plantación de árboles, en la que las raíces de los robles rompen los suelos compactados; jardines de lluvia con depresiones profundas; y un tratamiento que deposita 100,000 lombrices a profundidades que van desde 2 hasta 6 pies, creando una red de túneles que crean espacio para el agua de lluvia.


Durante los próximos dos años, conforme florezcan las plantas y se expandan las raíces, investigadores de la Universidad Tecnológica Lawrence realizarán simulaciones de lluvia. La organización Greening supervisará las intervenciones para determinar cuál es la más exitosa y rentable. "Estamos buscando el punto de equilibrio entre ambas", dice Rose.

En mayo, Nassauer se reunió con colegas y colaboradores del Departamento de Aguas y Alcantarillados de Detroit y el Banco de Tierras de Detroit (DLBA por sus siglas en inglés) para presentar su proyecto: cuatro jardines en el vecindario de Warrendale en el lado oeste de la ciudad, que colinda con la cuenca del Rouge.

En virtud de un acuerdo de licencia con el DLBA, el equipo creó jardines en dos terrenos contiguos. Los sótanos se rellenan de un material poroso a base de grava que retiene y atrapa el agua de lluvia, y extrae el agua de 15 ó 16 terrenos de una manzana determinada. Se proyecta que los jardines absorban 300,000 galones de agua cada año (el acuerdo de licencia se extiende hasta diciembre de 2025.)

El trabajo deliberado fue clave para este proyecto: este no fue un camino suave hacia la entropía. "Categóricamente éstos no son prados urbanos, y definitivamente tampoco son jardines de plantas nativas", dice Nassauer. "Estos son jardines que se van a ver bien cuidados y ordenados durante todo el año". A pesar de que siente que hay lugar en el ecosistema urbano para varios tipos de infraestructura ecológica, el punto aquí, dice, es reunir la inversión a largo plazo de las partes interesadas en el proyecto y en los miembros de la comunidad que viven cerca. "La gente debería poder caminar y decir, 'las autoridades de la ciudad están cuidando bien este lugar'", explica.

Antes de comenzar el proyecto, los investigadores encuestaron a todos los residentes que viven en un radio de 800 pies de los sitios. Trajeron representaciones gráficas y solicitaron opiniones sobre la estética de los proyectos. ¿Qué querían ver los vecinos? Los residentes reportaron mejores percepciones del vecindario cuando observaron representaciones gráficas con árboles florecidos, flores duraderas, y arbustos cortos que no obstruyen las líneas de visión, así que eso mismo fue lo que el equipo plantó (el equipo de Rose también reunió opiniones de la comunidad desde el año 2014; esos comentarios encaminaron el equipo hacia una paleta de colores principalmente rosas, púrpuras y azules).



Los jardines de Warrendale fueron equipados con dispositivos para controlar el flujo de agua. Como resultado, las instalaciones cuestan alrededor de 125,000 dólares cada una. Varias agencias de la ciudad colaborarán para mantener los jardines. En el futuro, dice Nassauer, el objetivo es ampliar el alcance de esto y reducir el costo. Mobley se suma a quienes tienen esa esperanza, pero añade que su equipo ha encontrado algunos problemas para asentarse en nuevos sitios.

"Estamos intentando ser conscientes de los esfuerzos de planificación y desarrollo involucrados", dice Mobley. "Desde la perspectiva de un banco de tierras, lo ideal sería poner la propiedad en manos de propietarios que deseen gestionarla." Dado que los terrenos demolidos a veces se les venden a los dueños de propiedades adyacentes, el equipo de Mobley ha tenido problemas para encontrar los terrenos adecuados para ampliar el proyecto. Mientras tanto, dice, el Departamento de Aguas y Alcantarillados de Detroit está colaborando en proyectos de infraestructura ecológica con las Escuelas Públicas de Detroit aledañas al río Rouge, y con el Departamento de Parques y grupos de la comunidad para revitalizar espacios públicos, incluyendo un parque dedicado a la activista de los derechos civiles Viola Liuzzo.

Rose también ve potencial para la ampliación de los jardines de la Iniciativa de Restauración de los Grandes Lagos. La realización de las pruebas preliminares en estos primeros terrenos ayudará al equipo a evaluar si estos tratamientos son efectivos. Pero debido a la cantidad de terrenos baldíos, añade, también pueden probarlos en terrenos de mayor tamaño. Con el tiempo, quizás se podría extender su aplicación a varias manzanas. "Detroit es única en lo que respecta a hábitat en Estados Unidos", dijo en el taller.

Hace unas semanas, Nassauer pasó a revisar los jardines y aprovechó de mostrárselos a una amiga. Se inclinó para quitar algunas malas hierbas del jardín, y un hombre cruzó la calle para saludarla. Ella le preguntó qué pensaba del jardín, y, según ella, le dijo: "Ha sido una verdadera bendición". Sintió que su proyecto se reafirmaba. "Eso es lo que queremos que sientan las personas que viven cerca de estos sitios", dice. "No que algo raro extraño los está afectando... sino que estamos creando beneficios inmediatos."

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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