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Cómo la MS-13 se ha expandido de costa a costa en EEUU

Los últimos asesinatos de adolescentes en Long Island han hecho que hasta el presidente Trump hable de la Mara Salvatrucha y su relevancia en la costa este. Su presencia en esa zona no es nueva, pero expertos creen que podría intensificarse bajo el clima antiinmigrante.
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5 May 2017 – 5:44 PM EDT

La reciente violencia de las maras en la Costa Este ha llevado al presidente a hablar del tema, al fiscal general Jeff Sessions a viajar a Long Island y, como fue anunciado este jueves, a ICE a conducir un operativo que terminó con los arrestos de más de 1,300 personas.

Pero la violencia no es algo nuevo para Rahsmia Zatar. Lo que está pasando hoy en Long Island con la MS-13, las historias de escolares centroamericanos torturados y asesinados, le recuerdan al año 2000, cuando su organización comenzó a trabajar en esta región para mitigar la presencia de pandillas. “Era un momento similar. Esto se siente como un déja-vu”, dice la directora ejecutiva de S.T.R.O.N.G. “En esa época ya hubo un aumento en ciertos incidentes, en la violencia de pandillas”.

Quienes han vivido este problema en sus patios traseros —familias, policías, activistas y el FBI— saben que esto no es algo reciente ni menos un problema que viene del gobierno de Obama, como dijo el presidente Trump. La MS-13 o Mara Salvatrucha se originó en Los Ángeles, a principios de los 80, a partir de grupos de jóvenes salvadoreños que buscaban protegerse de otras agrupaciones, como la Mafia Mexicana. Con el tiempo, la pandilla se complejizó, entró en una serie de actividades delictivas y, luego de un masivo programa de deportación en los 90 que llevó a miles de centroamericanos de vuelta a sus países, se expandió y creció en El Salvador.

A su vez, la Mara comenzó a buscar nuevos territorios en Estados Unidos. “La expansión a la Costa Este sucedió a fines de los 90 y no solo fue la MS-13”, dice Jesenia Pizarro, profesora asociada de Criminología en la Universidad Estatal de Arizona. “Esto sucedió también con otras pandillas californianas, como los Bloods y los Crips”.

De acuerdo a Pizarro, en esa época muchos miembros se mudaron hacia el este. Además, la masificación de internet permitió a las pandillas tener sitios y nuevas herramientas para reclutar miembros. En la actualidad, la MS-13 tiene presencia en al menos 40 estados y en la Costa Este y su organización es especialmente fuerte en Massachusetts, Virginia, el estado de Nueva York, Nueva Jersey y Maryland.

Así como el pico de violencia del que habla Rahsmia Zatar en 2000, desde fines de 2015 podríamos estar entrando en un nuevo periodo de alta actividad pandillera, de acuerdo a algunos reportes. Una investigación del sitio especializado en crimen InSight Crime, el Instituto Nacional de Justicia y la American University explicó que la mara, hasta hace dos años, estaba en una “virtual hibernación”. Pero luego habrían comenzado movimientos, como una masiva reunión de líderes de la MS-13 en Richmond, Virginia, en diciembre de 2015.

Además de resolver disputas entre grupos de Massachusetts, en esa reunión el pandillero José Adán Martínez Castro, alias ‘Chucky’, habría dado la instrucción, emanada desde Centroamérica, de “ expandir la pandilla, desarrollarla a través de la Costa Este de EEUU con una mayor presencia en las calles, para así entregar más ganancias a los miembros en El Salvador”, dice el artículo de InSight Crime.

Una de las particularidades de la MS-13 en la Costa Este —marcada especialmente en los últimos homicidios— es su presencia en los suburbios. En vez de Washington DC, se encuentran en los alrededores de la capital, en Virginia y Maryland. En vez de Nueva York, los homicidios han sucedido en pueblos como Brentwood, en Long Island. Y esto trae sus propias complejidades.

“Estas son áreas donde quizás la juventud latina se siente más marginalizada, donde puede haber menos diversidad. Pero también hay menos recursos para combatir las formaciones pandilleras”, dice Jesenia Pizarro.

En Long Island, por ejemplo, este es el caso. La región ha visto llegar una gran cantidad de menores que cruzaron la frontera solos. La MS-13 se ha caracterizado por reclutar a niños desde muy temprana edad, aprovechando los problemas que pueden tener para adaptarse a esta nueva cultura y dándoles protección. Y, si las comunidades y escuelas no tienen alternativas para ellos, eso se facilita.

“Cuando existe un gran influjo de inmigrantes de Centroamérica, miles de personas en los últimos años, si las pandillas logran reclutar a menos de un 1% de ellos, ya tienen miembros”, comenta Justin Meyers, comisionado asistente de la Policía del Condado de Suffolk, en Long Island. “Y otra cosa que añade es la falta de recursos en estas comunidades y distritos escolares, lo que hace que la pandilla sea una opción más atractiva”.

Los adolescentes víctimas de las maras

Miles de niños y jóvenes escapan de la violencia en América Central. Algunos, lamentablemente, se han vuelto a encontrar con esta en Estados Unidos. Estas son los últimos casos donde jóvenes han sido víctimas de la MS-13, principalmente en la Costa Este.

Por qué la mano dura de Trump podría traer más problemas

Desde 2016, la Policía del Condado de Suffolk ha hecho 200 arrestos, 13 de los cuales han sido acusados a nivel federal ( 5 por la publicitada muerte de las adolescentes Nisa Mickens y Kayla Cuevas). “Hemos estimado que hay 450 miembros de pandillas en el área. Es necesario recordar que son un porcentaje increíblemente pequeño de la población total”, dice el comisionado Meyers. “Sin embargo, la razón por la que les hemos dado tanta atención es porque han mostrado extrema violencia”.

Los agentes locales han estado trabajando enfocados en comunidades específicas y recolectando inteligencia, asignando policías específicos para vigilar a pandilleros específicos. A su vez, la policía federal está coordinando a los distintos condados y estados afectados. “El FBI investiga a través de los distintos niveles de la organización e intenta desmantelar a los líderes. Ese es el trabajo de largo plazo”, explica Asiano Dávila, agente supervisor especial del FBI. “Además, nos asociamos con las policía locales para tratar de prevenir eventos específicos”.

Sin embargo, prevención entre los jóvenes es algo que los expertos critican que falta. “El enfoque principal para resolver este problema nunca se ha puesto en la razón por la que se meten los jóvenes en la pandilla”, dice Álex Sánchez, cofundador de la organización Homies Unidos, que trabaja con adolescentes en riesgo en Los Ángeles. “La policía debe entender que no puede tener una relación con la comunidad solo con el garrote en la mano. Si un joven es detenido una y otra vez, finalmente va a decir ‘mejor me hago pandillero’”.

En Suffolk, mientras tanto, la policía ha puesto letreros que dicen “si eres una víctima, nunca te preguntaremos por tu estatus migratorio”. Los comisionados están asistiendo a las reuniones de las juntas comunitarias y agentes policiales están colaborando con escuelas y organizaciones locales. Además, tienen líneas de teléfono en español para reportar crímenes o dar datos. “Lo primero que tenemos que hacer es construir relaciones fuertes con nuestras comunidades inmigrantes”, dice el comisionado Meyers.

Sin embargo, al mismo tiempo, este condado se ha estado alejando de políticas santuario desde que Trump llegó al poder. Rahsmia Zatar dice estar contenta porque ve que la policía sí se ha dado cuenta de la importancia de contar y trabajar con los inmigrantes, pero dice que todavía hay un “muy bien justificado” miedo.

“Nosotros sabemos que los niños están siendo detenidos por ninguna razón en particular, siendo discriminados, se les pregunta por su situación migratoria, se les hacen acusaciones ridículas que en realidad solo merecerían una multa”, dice Zatar. “Nosotros sabemos que hay muchas cosas raras pasando, por decirlo de alguna manera”.

Desde un punto de vista policial, las policías suelen ocupar la aproximación de disuasión enfocada, la que implica acción rápida y severa contra crímenes específicos relacionados, por ejemplo, con el uso de armas. De acuerdo a expertos, esto ha funcionado en ciudades como Boston, pero no siempre es eficaz y olvida el problema de fondo: evitar el reclutamiento promoviendo la integración de los jóvenes.

En S.T.R.O.N.G. creen que se podría hacer muchísimo más. “Tenemos un montón de ideas. Queremos trabajar con las escuelas y crear comités de bienvenida”, dice Rahsmia Zatar. “Podemos usar a sus pares para que ellos creen estos comités, no necesariamente tienen que ser acciones guiadas por los adultos”. En Homies Unidos, por su parte, dicen que hay mucho que hacer, desde talleres artísticos hasta campañas para borrar los tatuajes característicos de la pandilla, cosas que hacen en Los Ángeles.

A su vez, la organización también hace trabajo de unificación de familias. Muchos de estos jóvenes llegan a EEUU a reunirse con sus padres, pero llevan años sin verse y los ven ajenos. No se sienten cómodos en sus casas ni en sus escuelas. “Nosotros les decimos a los padres que esto demorará, que no es algo que se pueda forzar”, explica Zatar.

Sin embargo, estas iniciativas rara vez son aplicadas como políticas de la ciudad o del condado. Y, por encima de todo esto, sigue rondando la retórica de la deportación, la cual los expertos creen que seguirá generando más aislamiento por parte de los jóvenes.

“Lo problemático es que Estados Unidos intente responder al problema de las pandillas con la deportación”, dice Sonja Wolf, investigadora de Políticas de Drogas en el CIDE, un centro de investigación basado en México. “Si EEUU realmente quiere solucionar el problema, tiene que enfocarse en la exclusión social, que es lo que contribuye a la formación de pandillas”.

Por ahora, el gobierno federal parece no tener intención de avanzar en ese sentido. El fiscal general Jeff Sessions incluso no descartó utilizar al ejército para atacar a las pandillas. “Los encontraremos, desmantelaremos sus redes y luego los deportaremos”, dijo Sessions el 28 de abril en Long Island.

Todo esto es lo que se prometió en los 90, generando el crecimiento de esta pandilla desde Centroamérica y Sessions parece hablar como si la deportación fuera el fin de la historia de un pandillero. Muchos de los arrestados ya han sido deportado varias veces y vuelven. Álex Sánchez conoce esa historia de cerca. Él fue pandillero en su juventud, fue encarcelado, deportado y volvió, para luego reformarse y cofundar su organización.

“Más que eso, los políticos y los gobiernos deberían apoyar e invertir dinero”, concluye Sánchez. “Pero eso no crea la gratificación instantánea a la que estamos acostumbrados… Lo que sucede ahora, la deportación masiva, va a crear un gran caos”.

En fotos: Así nacieron y echaron raíces las pandillas centroamericanas en Estados Unidos

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