Daniel Núñez tenía 28 años. Es uno de los 146 venezolanos que regresaban deportados con el programa 'Vuelve a la Patria', impulsado por el gobierno. Aterrizaron en suelo venezolano y fueron trasladados al hotel El Santuario en La Guaira, de donde nunca más volvió a salir.
“Mi hijo solo quería regresar”: madre narra la pesadilla de los 146 venezolanos deportados y su hijo muerto en el terremoto
Daniel Núñez, de 28 años, es una de las víctimas del vuelo 164. Fueron en total 146 venezolanos deportados y trasladados a un hotel en La Guaira que colapsó por completo. Hablamos con su madre, que denuncia el maltrato sufrido por parte de las autoridades
Daniel llegó a EEUU en 2022, cruzando la frontera. Trabajó de conductor de coches privados, de repartidor y en la construcción. Su familia asegura que solo buscaba el sueño americano, poder tener un futuro, y se pagaba los impuestos y hasta tenía un apartamento rentado a su nombre.

Cuentan que tuvo un delito menor por manejar sin licencia y que entonces el ICE puso la lupa sobre él. Lo llamaron a una audiencia de la que no recibió notificación y el pasado 10 de mayo lo detuvieron. Ahí empezó una odisea que culminó con su muerte.
Pasó por cuatro centros de detención hasta que las circunstancias le forzaron a firmar su autodeportación. Su madre, Oswadeliz Núñez, cuenta que era el día de la madre y le extrañó que su hijo no la hubiera llamado. "Poco después me contó que había sido detenido y estaba encerrado, ese fue mi regalo del día de la madre", recuerda emocionada.
Oswadeliz asegura que su hijo estaba en trámites de sacarse el visado humanitario, pero que lo había pospuesto porque no tenía los 16,000 dólares para costeárselo. "Si lo llego a saber, vendo mi casa en Venezuela para que hubiera tramitado su visado. Hoy mi hijo estaría vivo, voy a vivir siempre con esta carga", lamentaba.
Los 146 deportados del programa Vuelve a la Patria
La madre cuenta que tampoco se enteró de que su hijo ya estaba en Venezuela. "Todos los días mirábamos la web del ICE para ver si había salido. No teníamos la información, pero deberían comunicar a las familias para que pudiéramos haberlos recogido", cuenta.
Oswadeliz relata que a su hijo le retiraron el celular al llegar a Venezuela. Le llamó desde el teléfono de una empleada del hotel El Santuario, donde los alojaron, para comunicarle que ya estaban ahí, que les habían dado de comer y les habían hecho pruebas rutinarias.
"Fue en torno a la una del mediodía que me llamó. Pero no entiendo por qué los retuvieron allí, mi hijo no tenía antecedentes penales. "Luego nos enteramos a través de otras familias que los cuatro que sí tenían antecedentes los trasladaron a un penal y ellos sí se salvaron", denuncia su madre.
Porque el hotel se convirtió en una trampa sin salida. El edificio se desplomó y de 146 deportados solo 32 lograron salir con vida por sus propios medios. Es una cifra que nos facilitan las familias, porque no hay una cifra oficial.
Las horas posteriores al doble sismo fueron una auténtica pesadilla para las familias de los deportados. Denuncian que ni el programa Vuelve a la Patria ni ninguna autoridad pública les informaban de lo que estaba pasando y que, los pocos datos que lograban recabar eran confusos o erróneos.
Oswadeliz cuenta que le dijeron que su hijo había sido rescatado y trasladado en ambulancia a un hospital. "Fue horrible, volvimos a Caracas y allí nos lanzamos uno a uno a todos los hospitales, colapsados, a buscar a nuestro hijo. No había un listado oficial, nada. Fue desastroso y además nos dio una falsa esperanza a la que agarrarnos que resultó no ser real", cuenta Oswadeliz.
Cuando las falsas informaciones alimentan la esperanza
Los días posteriores se sucedieron los rumores de que había supervivientes en el hotel. Aseguraban haber escuchado ruidos e incluso quienes salieron describieron que podría haber gente atrapada en los sótanos porque los grandes bloques de concreto habían afectado a la planta 3. Las familias se agarraron a un clavo ardiendo y subieron videos a redes sociales pidiendo a las autoridades que llevasen maquinaria pesada para poder efectuar los rescates.
Hubo que esperar hasta el quinto día para que les dieran la peor de las noticias. "Me llamaron del SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional) para que fuera a identificar a mi hijo. Ya desde el día de antes nos habíamos movilizado y, al menos, habían llevado a la zona una retroexcavadora. Al parecer, ya no había más supervivientes y tuvimos que ir a una morgue provisional a identificarlo", relata.
Y, a partir de aquí, se le quiebra la voz con lo que vivieron. En la morgue improvisada del puerto se acumulaban los cadáveres. Después de horas de espera y burocracia les llevaron frente a una bolsa.

"Es algo que no olvidaré en mi vida. Yo no pude reconocer a mi hijo porque no tenía cara, tuvo múltiples traumatismos, después supimos por el informe forense que había muerto en el acto, aplastado por el edificio. Estaba en avanzado estado de descomposición, lo identificamos gracias al tatuaje de su brazo izquierdo", cuenta entre lágrimas.
Oswadeliz relata que la pesadilla no terminaba ahí. Las autoridades le dijeron que sí quería seguir el proceso público de cremación, no lo entregarían el cuerpo hasta quizá pasados 30 días. Ante el temor de no poder darle una sepultura a su hijo comenzó a buscar cotización con empresas funerarias.
"Aquí viene también nuestra sorpresa, empresas como buitres sacando provecho de esta tragedia. Nos querían cobrar 1,500 dólares cuando es un servicio que normalmente cuesta 250. Tuvimos que pasar por varias empresas que incluso nos querían sobornar para que lo hiciéramos ya, y lo conseguimos con una que nos lo dejó en 680 dólares", apunta.
La familia exige que se haga justicia
Oswadeliz, rota de dolor, repite una y otra vez que no entiende por qué su hijo quedó encerrado en el hotel que fue su trampa mortal. "Mi hijo no tenía antecedentes y no tenía por qué estar allí y sin comunicación", recalca.
"Soy abogada y no voy a parar hasta que se haga justicia. Quiero hablar con Marco Rubio y que me mire a los ojos, que me explique qué pasó. Los trataron como a delincuentes y quiero presentar una denuncia, porque quizá la muerte de mi hijo pudo haberse evitado", denuncia con un fuerte enfado.
"Necesito que este maltrato, estos crímenes de lesa humanidad contra los deportados acaben, no podemos mirar hacia otro lado. Tiene que haber responsables políticos", exclama Oswadeliz. "Mi hijo no tenía que estar allí".
Lamenta que su hijo solo quería labrarse un futuro, se fue a otro país a trabajar y a ganarse la vida y se lamenta de cómo lo regresaron. "Al final no he podido ni abrazar a mi hijo a su regreso", lamenta. "Mi hijo vuelve a su país en una urna de cenizas, le han arrebatado su vida y su sueño".






