"La deportación fue una condena de muerte": familiares de las víctimas del vuelo 164 en sismo en Venezuela piden justicia

N+Univision habla con el Centro de Derechos Humanos de la UCAB de Venezuela que está emprendiendo una investigación independiente porque insisten en que no hay ningún parámetro legal que justifique que los migrantes deportados pudieran ser obligados a pernoctar en el edificio gubernamental donde murieron y, por tanto, ser privados de su libertad

Video Crece la tragedia de venezolanos repatriados tras terremoto

Un mes después, muchas familias denuncian que el silencio de la administración también duele. 147 inmigrantes que acababan de regresar al país en el vuelo 164 en la llamada Misión Vuelta a la Patria fueron trasladados a un centro del que nunca salieron.

El demoledor doble sismo hizo que muchos repatriados murieran en el acto en un edificio gubernamental del que, según los testimonios de las familias, no les estaba permitido salir. Los familiares denuncian que quedan muchas preguntas sin respuesta.

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Desde el Centro de Derechos Humanos de la UCAB de Venezuela han hecho un seguimiento de lo ocurrido. Su director, Carlos Lusverti, argumenta que la privación de libertad en el país solo se puede ejecutar si se agarra a la persona cometiendo un delito o si hay una orden judicial, pero parece que ninguno de los dos parámetros se cumplía.

"Hemos recabado a través del testimonio de familiares que querían ir a recogerlos, que los deportados les decían que tenían que pasar la noche allí. Es una privación de libertad que no se puede justificar, no hay orden de aprensión de ningún tribunal ni a priori parece que se les pueda achacar delitos", explica Lusverti, quien además pone sobre la mesa la total opacidad de los procedimientos de la conocida como Misión Vuelta a la Patria.

"Desde el punto de vista de los derechos humanos observamos una ausencia total de protocolos de atención a las personas deportadas. Debería estar publicado en la gaceta oficial o en documentos oficiales y no hay nada al respecto", critió Carlos García, también del Centro de Derechos Humanos de la UCAB.

"Había familias que ni sabían si sus seres queridos estaban allí. Iban en persona aunque la zona estaba restringida y pedían a los funcionarios que les mostrasen un listado oficial que decían que no tenían. A día de hoy sigue sin haber un censo de cuántos migrantes había (por si habían coincidido con los deportados de otros vuelos) y tampoco tenemos un listado oficial de cuántos sobrevivieron. Se dio la cifra de unos 13 pero es en base a los testimonios de vecinos que vieron salir a gente corriendo justo después del soble sismo", recalcó García.

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La situación es de extrema gravedad porque ambos aseguran que a día de hoy hay familias que no han podido localizar ni identificar los cuerpos. Además, critican que el desde las instancias oficiales tampoco se han comunicado con las familias para transladarles explicaciones ni condolencias

"Ninguna autoridad se ha comunicado con las familias. Hay un estado que no se hace cargo, no cumple con sus funciones", criticó García.

Las familias exigen respuestas

Las familias de los deportados que fallecieron en el doble sismo exigen respuestas: ¿por qué los llevaron a la instalación que colapsó? ¿por qué les quitaron el celular y la documentación? ¿Por qué, en algunos casos, no les han devuelto sus pertenencias?

Los repatriados fueron recibidos en Venezuela a través del programa gubernamental Misión Vuelta a la Patria que los trasladó hasta el Hotel Santuario La Llanada, ubicado en La Guaira, el estado más afectado por los terremotos.

La instalación, donde los deportados cumplían una serie de procedimientos administrativos, sanitarios y de seguridad, colapsó durante el doble sismo dejando un trágico balance de muerte (aunque no hay cifras oficiales) y gran incertidumbre. Era un edificio ubicado en el complejo del SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional).

Muchas familias se preguntan por qué fueron llevados ahí, qué protocolos había que seguir y, sobre todo, por qué les quitaron su identificación y los celulares.

Oswadeliz perdió a su hijo, Daniel Alejandro Núñez de 28 años. Califica de infierno lo que tuvo que pasar en los cinco días posteriores al doble sismo hasta que pudo identificar su cuerpo en la morgue gracias a un tatuaje.

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Denuncia que, un mes después, no le han devuelto su cartera ni identificación. Además no se han dirigido a ellos con información ni condolencias en ningún momento.

"Hay familiares a los que nisiquiera les han llamado para ir a buscar sus pertenencias. A nosotros solo nos han devuelto el teléfono, bloqueado, porque mi hijo no quiso dar la clave. La cartera nunca apareció, y cuando vas te hacen firmar un documento en el que indican que ya no vas a reclamar nada. Pero aparte de esto, ni una sola nota de condolencia personalizada, nada. Como si las personas que iban en los aviones fueran un saco de papas, qué duro", critica emocionada.

Oswadeliz, abogada de profesión, sigue insistiendo en que no entiende por qué no podían salir. "La deportación fue una condena de muerte. Él me llamó 20 minutos antes del sismo y así fue como me enteré de que estaba en Venezuela. Le pregunté si íbamos a buscarlo y me dijo que tenían que pasar la noche allí", relata.

También critica que no había listados oficiales y que los días posteriores se personó frente a las instalaciones y no le indicaron si estaba entre los desaparecidos, lo que acrecentó la angustia. "Cuando fuimos personalmente allí a preguntar por mi hijo decían que no había listados. Fueron días espantosos. Frente a los escombros vimos que ese fue el único edificio derruido, el resto siguen en pie. No sabemos si estaba en buenas condiciones", comenta.

El "infierno" de la identificación

Vanesa Guevara perdió a su hermano. Gustavo Adolfo Guevara Figueroa tenía solo 23 años y está entre las víctimas del vuelo 164. También busca respuestas.

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Trazamos con ella el timing de la tragedia. "Llegaron a las 10:30 de la mañana al aeropuerto y a las 14:00 llegan al edificio. Mi hermano llamó a las 15:00 desde el celular de una funcionaria del SEBIN y cuando preguntamos la ubicación no sabía ni dónde estaba. Poco después fue el temblor y temí lo peor", cuenta todavía compungida.

"Me fui desde Caracas a la zona y allí estuve, me costó encontrar el edificio pero llegué. No había listas oficiales y no sabía si mi hermano seguía allí. Los primeros días no vimos que hicieran levantamientos de cadáveres ni maquinaria. Lloraba y me arrodillaba cada día ante los funcionarios por que nos ayudasen a sacarlos, vivos o muertos", relata.

"Fueron cinco días que no puedo describir. Repetían que no había listas ni manera de saber si estaba. Lo peor vino cuando empecé a intentar identificarlo en la morgue. Mi hermano murió aplastado, le habían echado cal y ni tenía huellas, era prácticamente imposible saber quién era. Fueron momentos horribles, el olor y la desesperación de todos. Finalmente rogué y me dieron su número de brazalete y así fue como dimos con sus restos mortales", comenta sobre ese momento en el que le localizaron en la morgue del hospital José María Vargas.

Igual que Oswadeliz, critica que no haya habido comunicaciones oficiales y que no les han devuelto nada. "De nada sirve, no nos lo van a devolver a él, pero vino con dos teléfonos y no nos han devuelto nada".

Los familiares estudian fórmulas legales para que el gobierno se pronuncie sobre qué ocurrió con esas personas que traían de vuelta al país. Denuncian que tienen conocimiento de que algunas familias todavía no han localizado a sus desaparecidos y se están movilizando para que las víctimas del vuelo 164 no caigan en el olvido.