Abuso Infantil

7 estrategias que usó por décadas la Iglesia Católica para ocultar crímenes de sus curas pedófilos

Las formas cómo operó la Iglesia Católica en Pennsylvania con cada denuncia de abuso son tan similares que los investigadores del FBI han resumido los pasos que seguían y que ayudaron a mantener un tenebroso círculo de silencio.
19 Ago 2018 – 8:32 AM EDT

En las entrañas de la Iglesia Católica del estado de Pennsylvania se creó un ‘Círculo del secreto’. Ese nombre no lo inventaron los investigadores del FBI que han tratado de darle seguimiento legal a la gran tragedia de abusos, violaciones y actos violentos cometidos por 300 sacerdotes a más de 1,000 víctimas en esa zona del país. El nombre, ese ‘Circulo del secreto’, es una designación que acuñó el mismo obispo Donald Wuerl de Pittsburgh, ahora cardenal de Washington, en uno de los documentos guardados bajo llave en los que se refería al abuso infantil cometido por sus pares.

Solo un institucionalizado círculo de silencio podría haber permitido la cadena de abusos que se operó no solo por sacerdotes sino usando las instalaciones eclesiásticas como las parroquias, colegios, capillas, rectorías por décadas. Más allá del dolor y el trauma que provocaron a las víctimas, lo que relaciona a estos casos es una manera específica de cómo operó la iglesia ante ellos, estableciendo unos pasos concretos que agentes del FBI han revelado como si se tratara de las instrucciones para conseguir algún plan maestro.

1. Usaban eufemismo para lavar de culpa los actos perversos


En los libros en donde se llevaba el registro de los comportamientos de los cientos de curas contra los que llegaban quejas y denuncias, no se solía usar las palabras abuso sexual, violación o pedofilia. Los curas en realidad crearon un sistema de términos engañosos que parecían lavar de culpa sus faltas. Así, los actos sexuales delictivos violentos, por ejemplo, a menudo se describían solo como contacto "inapropiado" o "cuestiones de límites". La remoción temporal o permanente de un sacerdote del servicio a menudo se codificaba como "licencia por enfermedad" o "licencia".

2. Designaron a curas poco calificados y sin poder para investigar los casos


Cuando madres dolidas e indignadas llegaron a las diferentes diócesis a señalar a algún abusador que había acosado a sus hijos, la iglesia les aseguró que trataría el problema. Sin embargo, cada vez que se abrió un caso, las investigaciones fueron realizadas por clérigos no capacitados, sin ninguna autoridad para tomar determinaciones de credibilidad sobre otros miembros del clero.

La negligencia no solo trajo veredictos suaves y amañados frente a los curas abusadores, sino que además permitió que el supuesto personal de apoyo dispuesto para atender a las víctimas se convirtiera más bien en una manera efectiva de la iglesia de persuadir a las víctimas de que no hablaran ni denunciaran públicamente lo que les había ocurrido.

3. Enviaron a los señalados a sus propios “centros de tratamiento”


¿Qué habría pasado si la iglesia hubiera enviado a estos cientos de curas pedófilos a centros psiquiátricos y de tratamiento psicológico para personas regulares? Su gran secreto se habría develado. El escándalo habría sido inminente. Por eso, en su lugar, el propio clero creó unos centros especializados de tratamiento de curas, a donde fueron enviados sistemáticamente aquellos sobre los cuales pesaban demasiados señalamientos, (aquellos que tenían solo algunas denuncias podían seguir su carrera sin problemas).

En centros como el Saint John Vianney Center, en Downingtown, Pennsylvania, el Saint Luke Institute en Maryland y el ‘Servants of the Paraclete’, en Nuevo México, no había un personal médico calificado. Todos los tratamientos se basaron en los "autoinformes" de los abusadores, quienes generalmente minimizaban o negaban su conducta delictiva. Como nunca se tuvo en cuenta la información y pruebas suministradas por las víctimas. Los abusadores se reportaban como personas sanas listas para ser regresados a sus labores normales.

4. Se le mintió a la comunidad sobre las razones por las que un sacerdote era removido


Cada vez que, finalmente, un cura pedófilo era removido de sus funciones nunca se le informó a la comunidad la verdadera razón. Siempre se hablaba de que el “cura estaba enfermo”, o tenía “un quiebre nervioso”. Nunca se revelaron las conductas sexuales criminales a los feligreses, información que la comunidad necesitaba para poder proteger a sus niños. El uso de términos como "retirado" o "reasignado" desarmaron a los padres que de otro modo habrían podido ser alertados de los signos de abuso.

5. Los curas criminales siguieron manteniendo el apoyo económico de la iglesia


Antes de crear un rechazo, un señalamiento y una expulsión definitiva de la institución, los curas que eran señalados como depredadores infantiles mantuvieron el soporte financiero del clero que siguió dándoles casa, pagando sus gastos y permitiéndoles estar en los espacios de su propiedad, de tal modo que los abusadores pudieran seguir perpetuando sus crímenes al poder seguir escondiéndose detrás de una sotana.


6. A los abusadores reconocidos por sus fieles no los destituían, los cambiaban de diócesis


Si alguno de los feligreses se enteraba de las conductas de uno de los padres o si una de las familias de las víctimas decidía hacer públicos señalamientos sobre algún cura, la institución eclesiástica en lugar de remover al acusado, lo trasladaban a un nuevo lugar, en una comunidad lejana en donde nadie supiera su pasado, y en donde, por supuesto, el cura iba a encontrar nuevas víctimas. Esta es la principal razón para que algunas víctimas contaran que después de años de haberlo denunciado, encontraban en fotografías de medios que sus victimarios seguían en el ejercicio del ministerio en otras ciudades.

7. La ropa sucia se queda en casa: la policía no se enteró de los abusos


Hubo una resistencia sistemática a hacer un informe a la policía aún cuando la iglesia sabía que estaba lidiando con criminales, una vez que el abuso sexual a menores es un delito. Cuando se proporcionaron informes a menudo carecían de suficiente especificidad para transmitir la gravedad del crimen, el alcance de la conducta o las fechas y lugares relevantes. Incluso confesiones o pruebas que corroboran a menudo fueron escondidas o borradas. Sin la intervención de la policía, el crimen siguió perpetuándose y aceptándose entre la iglesia.

Estas fotos muestran con crudeza la indignación por el abuso sexual en universidades

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