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Inmigrantes indocumentados

"Mis hijos creen que los abandonamos", dice el padre de tres niños separados de su madre en la frontera

Una familia guatemalteca que llegó con la caravana migrante centroamericana vive el trauma de la separación de familias en carne propia. Tras solicitar asilo en la garita de San Ysidro, la mujer fue separada de sus cuatro hijos, incluyendo uno de apenas 2 años. Los tres pequeños están en Nueva York, el mayor en San Diego, ella en Texas y el padre en Tijuana.
19 Jun 2018 – 04:51 PM EDT
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LOS ÁNGELES, California.– Ignacio Villatoro no puede más y rompe en llanto. Tres de sus hijos de 2, 6 y 13 años llevan más de un mes en un centro de detención para menores en Nueva York, a 1,700 millas de distancia de su madre, María Guinac, quien fue enviada a Texas desde California cuando solicitaron asilo en la frontera. Cada vez hablan menos con los niños, quienes no saben que quien los separó fue la administración Trump y creen que sus padres no los quieren ver.

"Mis hijos creen que los abandonamos, es lo que me dice la terapista. Les da rabia, están traumándose psicológicamente", reclama entre sollozos el originario de Guatemala y quien ha vivido en Tijuana, México, desde que se despidió a principios de mayo de su esposa y de sus cuatro hijos (el mayor, de 20 años, está en un centro de detención en San Diego, California).

Esta familia venía en la caravana de más de 200 migrantes centroamericanos y fue parte del último grupo que se entregó en la garita fronteriza de San Ysidro para solicitar asilo al gobierno de EEUU.

Los Villatoro se dividieron así por recomendación de abogados que analizaron sus procesos en Tijuana: primero el hijo mayor, José Ignacio, se presentó ante las autoridades migratorias en San Diego y luego lo hicieron su madre y los tres niños: Gustavo, de 2 años; Jean Carlos, de 6; y Wilson, de 13. No anticiparon que los menores terminarían lejos de ella justo antes del Día de las Madres.

El padre asegura que a María le quitaron a los niños con engaños, porque le afirmaron que se trataba de un proceso de rutina que duraría unos días. Ya sin sus hijos, le indicaron que esperara un poco más. Lleva más de un mes suplicando estar con sus pequeños.

"Ella se siente deprimida, se pone a llorar", contó Ignacio, quien se quedó en la ciudad de Tijuana porque ya lo deportaron una vez en 2011, luego de pasar un año en una cárcel de Missouri por robo de identidad.

Esto se suma a las contradicciones con las que el gobierno ha tratado de defenderse en medio de la polémica por la separación de familias en la frontera. Aunque, la administración Trump se ha empeñado en decir que en casos como el de los Villatoro la unidad familiar no es separada, la realidad muestra algo diferente.

"Los procesamos como una unidad familiar, en 72 horas, y no son separados en los puertos de entrada. Luego son entregados a custodia de ERO (Custody management) que maneja los centros de detenciones de ICE", aseguró este martes la secretaria de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen.

"No se lo deseo a nadie"

El plan de Ignacio era trabajar en México y solicitar asilo en ese país, pero ahora lo tiene muy claro. No ha buscado empleos porque tiene que estar atento a las llamadas telefónicas que recibe de su esposa en Texas y las de sus hijos en Nueva York y San Diego. La última vez que se comunicó con ellos, hace dos semanas, Gustavo, el más pequeño, le reclamó a su manera por esta separación.

"En una videollamada yo vi que él me quiso agarrar, le empezó a pegar al teléfono y empezó a llorar. Se sentía mal", contó Ignacio. "Sentí como un martirio, un dolor profundo, lo que yo siento no se lo deseo a nadie", agregó el centroamericano.

Su tercer hijo, Jean Carlos, de 6 años, ni siquiera le ha dirigido la palabra. No puede. "Cuando quiere hablar se pone a llorar. No ha dicho nada. Solo voltea la cabeza", lamentó.

A su otro hijo Wilson, de 13 años, con el que más conversa por teléfono, le ha pedido que convenza a sus hermanos menores de que no están ahí por deseos de sus padres. Ignacio dijo que la terapista de Wilson le aseguró que ya avanza el proceso para que estos vuelvan a estar bajo la custodia de la madre.

En los últimos días, este padre ha llamado al centro donde están sus hijos, pero allí le dicen están ocupados, que están jugando, que se sienten mal o que simplemente no quieren tomar el teléfono.

"La trabajadora social me dijo que me tengo que poner en los zapatos de ellos y que no puedo hablar muy seguido con ellos porque se ponen tristes", expresó. "Dicen que es mejor que jueguen".

Nadie le ha explicado por qué enviaron a sus hijos a Nueva York ni cuándo estarán con su madre.

El próximo 2 de julio, el pequeño Gustavo cumplirá 3 años. Ignacio espera que pase la fecha en familia. "En sus cumpleaños les hacemos un almuerzo o les compramos un pastel. Ahorita no sabemos qué va a pasar. Yo le pido a Dios que él cumpla sus 3 añitos estando con mi esposa", expresó.

A pesar de la difícil situación que enfrenta esta familia, este hombre dice que no está en sus planes regresar a Guatemala. ¿La razón? Hace siete años, cuando fue deportado a su país, puso un negocio para sacar a su familia adelante. Le fue bien hasta que llegaron pandilleros a cobrarle 'derecho de piso'.

"Por eso nos arriesgamos en el tren", cuenta.

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"Quiero ver a mi mamá"

En Los Ángeles, a los familiares que esperan a María y a sus hijos, les ha tocado consolar a los niños por teléfono. También ellos han ido perdiendo comunicación con los menores.

"Lloraban conmigo, diciendo ‘quiero ver a mi mamá’, ‘quiero ver a mi papá’. Están chiquitos. Yo me hago fuerte, pero al colgar me pongo a llorar porque son niños. Es bien duro lo que está pasando", expresó Crescencia Villatoro, hermana de Ignacio. "Estamos pidiendo a Dios que toque los corazones de ellos (los funcionarios federales)".

Desde principios de mayo, Crescencia y su esposo Encarnación Cifuentes prepararon una habitación de su casa en Reseda para recibir a sus parientes.

Cifuentes dice que su cuñada 'vive con el Jesús en la boca' por el complicado proceso de asilo que le ha tocado sobrellevar. "Ella llora mucho porque está muy triste. Estamos hablando de su hijo, de una criatura de 2 años. Nos dice que le cortan la comunicación (en el centro donde están los niños), que ahora le ponen peros: que los niños están durmiendo, que no quieren hablar con sus papás. ¿Cómo es posible eso?", reclamó.

Las autoridades migratorias ya le mandaron el papeleo a esta familia para recibir al hijo mayor, José Ignacio, quien se encuentra en un centro de detención en San Diego. Creen que quizás la próxima semana esté con ellos y confían en que pronto llegue el resto de la familia a Los Ángeles.

"Esta es una práctica ignorante, cruel. No sé si estos funcionarios no tienen mamá o hijos. Deberían probar estar lejos de sus familiares para que vean qué se siente. Esto es inhumano", advierte Cifuentes.

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