El terror llegó por correo: las cartas con ántrax que mataron a cinco personas y el pánico después del 9/11

Cinco personas murieron y 22 enfermaron tras recibir o manipular sobres contaminados con esporas de ántrax en Estados Unidos en 2001, lo que desencadenó el temor a un ataque biológico luego del terrorista perpetrado por Al Qaeda

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Estados Unidos todavía estaba en shock por los atentados de Al Qaeda el 11 de septiembre de 2001 cuando una nueva amenaza comenzó a aparecer en los buzones.

No eran amenazas terroristas ni explosivos. Eran sobres aparentemente comunes que contenían un polvo mortal.

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A finales de septiembre, cartas contaminadas con esporas de Bacillus anthracis, la bacteria que provoca el ántrax, comenzaron a circular por el sistema postal estadounidense. Algunas estaban dirigidas a medios de comunicación y otras a políticos.

Entre sus destinatarios estuvieron el presentador de NBC Tom Brokaw y los senadores Tom Daschle y Patrick Leahy.

El país, que apenas comenzaba a dimensionar la amenaza del terrorismo después del 11-S, enfrentaba ahora el temor de un posible ataque biológico. Y el peligro podía estar en cualquier sobre.

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Cinco personas murieron por los ataques de ántrax

Las esporas no solo afectaron a quienes recibieron directamente las cartas. El material también se dispersó durante su manipulación y procesamiento, exponiendo a trabajadores postales y a otras personas.

En total, 22 personas desarrollaron ántrax y cinco murieron.

Una de las primeras víctimas fue Robert Stevens, fotógrafo de American Media Inc., en Florida. Stevens murió el 5 de octubre de 2001 después de contraer ántrax inhalatorio.

Los casos provocaron una enorme movilización de las autoridades. El FBI abrió una investigación conocida como Amerithrax para determinar quién había enviado las cartas y si los ataques estaban relacionados con alguna organización terrorista.

Al principio, una de las principales preguntas era si el ántrax podía formar parte de una operación terrorista internacional. El contexto hacía que esa posibilidad fuera especialmente preocupante: Estados Unidos acababa de sufrir los atentados más mortíferos de su historia y se preparaba para posibles nuevos ataques; no descartaba los biológicos.

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La pista que llevó hasta un científico dentro de Estados Unidos

Los investigadores analizaron las características genéticas de las esporas encontradas en las cartas y detectaron cuatro características poco comunes.

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La comparación con muestras almacenadas en distintos laboratorios llevó a una preparación conocida como RMR-1029, ubicada en Fort Detrick, Maryland, dentro del laboratorio militar USAMRIID.

El material estaba asociado con el trabajo del científico Bruce Ivins, especialista en ántrax y vacunas.

Ivins pasó a ser el principal sospechoso. El FBI examinó sus registros de laboratorio, horarios, comunicaciones y acceso a las muestras. La agencia sostuvo que tenía los conocimientos y la posibilidad de producir el material utilizado en los ataques y que había estado trabajando en el laboratorio durante horarios inusuales antes de algunos de los envíos.

El gobierno también desarrolló una teoría sobre sus posibles motivaciones, relacionadas con su trabajo y con su estado psicológico. Pero nunca hubo un juicio.

En julio de 2008, cuando las autoridades se preparaban para acusarlo formalmente, Ivins murió por una sobredosis de medicamentos.

Dos años después, en 2010, el Departamento de Justicia y el FBI anunciaron que cerraban oficialmente la investigación y concluyeron que Ivins había enviado las cartas y había actuado solo. Así, el caso quedó oficialmente cerrado, pero sin una condena judicial después de demostrar la culpabilidad del científico.

Lo que sí quedó demostrado fue el impacto de aquellos ataques: cinco personas murieron y Estados Unidos descubrió que, después del 11-S, el terror podía llegar hasta la puerta de una casa dentro de un simple sobre.

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