Francesca Ferrer (29 años), una joven residente permanente con ocho meses de embarazo, nunca imaginó que el recibir a su padre unos días en su casa le trastocaría la vida y destruiría a su familia a pocas semanas de que dé a luz a su segundo hijo.
Su padre llamó a ICE para que se llevaran a su pareja. La deportación y la soledad de una madre que lucha contra el sistema
Lo que comenzó como un gesto de solidaridad familiar en un apartamento de Tukwila, Washington, se ha transformado en una pesadilla burocrática y judicial que ha dejado a una mujer embarazada luchando por la libertad de su pareja, mientras denuncia una traición orquestada por su propio padre.
En una entrevista con N+ Univision relata cómo la hospitalidad hacia su padre, Óscar Antonio Castañeda, un expiloto con antecedentes de inestabilidad emocional, derivó en un violento altercado. Este hecho terminó con la detención de su pareja, César Herrera Ferrer (24 años), por parte del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
La crisis estalló el sábado 14 de marzo. Según el testimonio de Francesca Ferrer, su padre —quien se alojaba temporalmente con ellos tras tener dificultades económicas— reaccionó de forma violenta durante una discusión doméstica. César Ferrer le pidió a su suegro que se fuera de su casa y no volviera más. Tras ausentarse de la vivienda unas horas, Castañeda regresó, derribó la puerta de una patada y apuntó con un arma de fuego a su yerno mientras este sostenía a su pequeña hija de casi dos años en sus brazos.
“Lo agarró por el cuello frente a mi hija”, narró Francesca Ferrer.
Aunque Óscar Antonio Castañeda terminó arrestado por sus actos violentos de ese día, fue liberado apenas 72 horas después, una decisión que ha dejado a la familia en un estado de terror.
"Es una indignación que suelten a un sujeto que nos apuntó con un arma y no nos den ni una notificación para estar alerta".
La "trampa" de la deportación
Sin embargo, el giro más dramático ocurrió tras la liberación de su padre. Francesca Ferrer sostiene que su papá utilizó el conocimiento sobre el estatus migratorio de Herrera —quien se encontraba en proceso de solicitar asilo— para silenciarlo.
El jueves siguiente al altercado, mediante lo que Francesca Ferrer describe como una emboscada, Herrera fue citado en un estacionamiento de una farmacia Walgreens bajo el pretexto de entregar unas pertenencias que Castañeda había dejado en su casa. Allí lo esperaba su suegro con agentes de ICE que interceptaron su vehículo de forma violenta, mientras Óscar Antonio grababa todo con su celular y reía.
César Ferrer acudió al estacionamiento del comercio y lo que pensaba sería una despedida breve y cortante con su suegro se convirtió en el minuto decisivo que le cambió su vida y la de su familia. Su suegro lo había denunciado a las autoridades migratorias.
"Mi padre estaba ahí, grabando con el celular y riéndose mientras ocurría la detención", relata Francesca Ferrer. "Lo entregó como un cazador de recompensas. Lo está intimidando para que no testifique en su contra por los cargos criminales".
Apenas al llegar, el auto de César Ferrer fue golpeado por los agentes federales que destruyeron sus ventanas y lo sometieron a él contra el suelo. Todo quedó grabado en el celular de Francesca, que corrió a auxiliar a su esposo cuando a lo lejos vio lo que estaba ocurriendo. En el video que ha dado la vuelta a las redes sociales, se puede ver a Francesca gritando tirada en el suelo mientras su pareja es detenido por los agentes. El joven grita y suplica a su pareja que no deje de grabar mientras pregunta a su suegro por qué se ríe.
Un sistema bajo cuestionamiento
El caso pone de relieve las vulnerabilidades de los solicitantes de asilo en Estados Unidos, donde las disputas personales pueden convertirse en herramientas de deportación. Herrera Ferrer, de 24 años, se encuentra ahora en el Centro de Detención de Tacoma.
Desde su reclusión, Herrera ha reportado a través de videollamadas que ha sido clasificado con un "traje rojo", compartiendo espacio con reclusos de alta peligrosidad. "Tiene miedo, no quiere dormir porque ha sufrido intentos de agresión". "Mi madre me confesó que ella también pasó por esto; que ella se separó de él porque también le apuntó con un arma. Son cosas que nunca me dijeron y ahora todo sale a la luz".
Un futuro incierto
Mientras espera el nacimiento de su segundo hijo, Francesca Ferrer ha tenido que mudarse de vivienda por seguridad, enfrentando la soledad en un estado al que llegaron hace poco tiempo procedentes de Las Vegas. Su madre y hermanos, muchos de ellos veteranos del Ejército de EEUU que residen fuera del país, intentan apoyarla a la distancia. La joven madre está desesperada y pide ayuda legal, pues no sabe a quién acudir ni qué camino tomar.
La comunidad de Tukwila observa de cerca este caso, que mezcla la violencia doméstica, la salud mental y el uso del sistema migratorio como un arma de represalia personal.
Para Francesca, la lucha no es solo por la justicia penal contra su padre, sino por evitar que el padre de sus hijos sea deportado antes de que puedan formalizar su vida en el país que eligieron como hogar.



