Las escenas de terror se apoderan de las calles de un pueblo bajo los escombros

La tarde del 24 de junio, dos sismos de gran magnitud impactaron las costas venezolanas. El movimiento se sintió en casi todo el país y golpeó fuerte Caracas y el estado de La Guaira, que se ha convertido en el epicentro de la tragedia

Video Crónica desde La Guaira: Una de las zonas más afectadas por los terremotos en Venezuela

En menos de sesenta segundos, la geografía y el destino de Venezuela cambiaron para siempre. El pasado 24 de junio, dos sismos de magnitud 7,2 y 7,5 impactaron las costas del país, sacudiendo la capital y transformando a La Guaira, el histórico pulmón turístico y veraniego del litoral central, en una fosa común de concreto y arena. Hoy, mientras el polvo no termina de asentarse, las cifras oficiales comienzan a chocar frontalmente con una realidad catastrófica en el terreno. Mientras el balance gubernamental reporta cerca de un millar de fallecidos, las Naciones Unidas lanzaron una advertencia que deja sin aliento: el paradero de más de 50.000 personas atrapadas bajo las ruinas sigue siendo un misterio.

La Guaira, que por décadas sobrevivió al deterioro institucional y al abandono, no pudo resistir el embate de la naturaleza. Altos edificios residenciales colapsaron como castillos de naipes. En las calles, militarizadas por el gobierno interino de Delcy Rodríguez, el panorama evoca la desolación que viene a un pueblo que parece resistirlo todo. Los sobrevivientes, atrapados entre la zozobra de más de 300 réplicas, denuncian la alarmante lentitud del Estado y la falta de maquinaria pesada para remover los bloques que sepultan a sus familias.

La infancia en el desamparo y los heridos sin nombre

La tragedia tiene el rostro de la minoría más vulnerable. En las redes sociales se viralizó el video de Mateo, un niño de siete años que aguarda en el suelo con una férula improvisada de cartón en su pierna derecha. Con una templanza escalofriante, el menor relata ante la cámara de un celular que su madre "dejó de respirar a las 7:30 de la noche". Para Mateo, el fenómeno científico de las placas tectónicas no existe; él lo llama simplemente "el derrumbe". No sabe que es el único sobreviviente de su hogar.

A unos kilómetros de allí, en el este de Caracas, las ambulancias irrumpen sin descanso en el Hospital Domingo Luciani. Las paredes del centro médico se han convertido en un mural de desesperación: largas listas escritas a mano detallan los nombres de los ingresados. Entre ellos destacan 22 menores de edad rescatados en el litoral. "Varios de los niños llegan solos porque los traen rápidamente desde el lugar donde los rescatan", explica bajo estricto anonimato un médico del hospital. "Unos nos dan sus nombres; otros llegan identificados únicamente con un pedazo de tirro (cinta adhesiva) en el brazo".

Yenderlin Cabarza, de 13 años, es una de ellas. Llegó desde la zona de desastre con fracturas severas en ambos brazos. Su madre murió en el colapso; su tío también falleció tras usar su propio cuerpo como escudo para protegerla de las placas de concreto. Tras salir del quirófano, la adolescente enfrenta la incertidumbre médica en absoluta soledad, una constante para decenas de menores cuyos padres permanecen desaparecidos o muertos bajo el hormigón.

Cifras de la tragedia en Venezuela

Magnitud de los sismos 7,2 y 7,5 (en menos de un minuto)

Fallecidos (balance oficial hasta el 26 de junio por la tarde): Alrededor de 920 a 1,000 personas.

Estimación de atrapados: Más de 50.000 personas.

Heridos registrados: Más de 3.920 personas.

Réplicas contabilizadas: Más de 300.

Solidaridad digital frente al colapso del Estado

En medio del caos y el colapso de la red hospitalaria, la sociedad civil ha tenido que suplantar la respuesta institucional a través de las pantallas. Las listas de heridos fotografiadas en los hospitales se comparten en plataformas digitales como pólvora, convirtiéndose en el único faro de esperanza para familias como la de Zoraida Hernández, de 52 años, quien recorre las morgues de la capital buscando a su hermana tras el colapso de su vivienda en Catia la Mar.

Esta misma infraestructura digital hizo posible un milagro. Desde el estado Anzoátegui, una región sin daños, un joven llamado Jesús Rísquez logró conectar una captura de pantalla de WhatsApp —donde una madre imploraba por el paradero de sus tres hijos de 11, 15 y 16 años— con un video viral en Twitter (X) que mostraba un rescate en vivo en el sector Caribe de La Guaira. Al cotejar las identidades, Rísquez enlazó a los rescatistas con la madre. "Pasé todo el día metido en redes. Si ayudé a esta familia, puedo ayudar a más personas", declaró y pidió que más gente se sume a las redes a buscar y ayudar.

Una carrera contra el reloj y bajo los escombros

A pesar del arribo de brigadas especializadas de rescate provenientes de 17 países —incluyendo México, Chile, Colombia y Suiza—, las expectativas de hallar vida se reducen dramáticamente con el paso de las horas. En los restos de un complejo habitacional costero, el jefe del contingente chileno, Nadiomar Polanco, advirtió con gravedad: "El colapso es total y hay pocas probabilidades de encontrar a personas con vida".

La indignación social escala al mismo ritmo que la desesperación. En La Guaira, vecinos limpian escombros con las uñas mientras la maquinaria del ejército permanece estática debido a las restricciones de acceso. "Aquí estamos enardecidos, necesitamos ayuda, hay gente viva y no dan las manos ni las herramientas", reclama Marlon Ochoa, quien busca desesperadamente a su esposa, a su hijo y a su madre. Cerca de él, Amparo, una anciana, escarba la tierra buscando a su hijo mientras sentencia: "Las autoridades no sirven... aquí deberían estar los militares con toda la maquinaria que tienen".

En el plano político, la crisis ocurre en un contexto de extrema complejidad, con un gobierno interino liderado por Delcy Rodríguez tras la previa captura de Nicolás Maduro por parte de la justicia estadounidense. Mientras la líder opositora María Corina Machado solicita la liberación humanitaria de presos políticos para enfrentar la emergencia, la ayuda internacional —incluyendo una promesa de 150 millones de dólares y apoyo logístico naval por parte del gobierno de Donald Trump— apenas comienza a coordinarse. Han pasado más de 48 horas, las más críticas, y la ayuda camina lento, pero comienza a llegar.

El sismo, cuya onda expansiva encendió las alarmas en la vecina Colombia y motivó minutos de silencio en las canchas del Mundial de fútbol este viernes, ha dejado al descubierto la fragilidad de una nación donde la infraestructura no pudo soportar el peso de la naturaleza, y donde la burocracia avanza más lento que el último aliento de los que siguen bajo los escombros.