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Muro Fronterizo

Un chef de San Diego relata cómo la angustia se ha metido en su cocina con Trump en el poder

El anuncio de la construcción del muro y las nuevas regulaciones migratorias que está tratando de impulsar el presidente de EEUU a base de órdenes ejecutivas han trastornado la vida de muchas personas que viven en el vaivén entre California y México.
27 Ene 2017 – 4:57 AM EST

LOS ÁNGELES, California.- Jorge Gutiérrez es un inmigrante de Tijuana que hace 20 años empezó lavando platos para pagar sus estudios y ahora es chef en un restaurante de San Diego, California, donde el pasado 25 de enero presenció cómo la angustia se apoderó de los trabajadores de su cocina cuando Donald Trump firmó dos órdenes ejecutivas migratorias que endurecen las condiciones para los indocumentados en EEUU.

Esa inquietud es compartida por las personas contactadas por Univision Noticias durante los últimos días para recoger el sentimiento de los residentes en el área fronteriza de Tijuana-San Diego, donde muchos temen que las acciones que ha decretado el nuevo presidente de Estados Unidos impacten de forma directa en sus vidas.

Como fronterizo y conocedor de lo que padecen los indocumentados, ya que durante 15 años esa fue su situación, el chef Gutiérrez contó en su página de Facebook lo que vivió la mañana del 25 de enero.

El texto que sigue incluye partes del relato de Jorge Gutiérrez, que ha sido editado para su publicación, junto con datos proporcionados por el cocinero en una entrevista con Univision Noticias.


La angustia que se metió hasta la cocina


La puerta trasera del restaurante en el que 'Don Chano' trabaja suele trabarse cuando hace mucho frío, por eso la mañana del 25 de enero batalló para abrirla. Además, tenía las manos casi congeladas.

Pero el titubeo con las llaves de la puerta obedecía más a la angustía que empezaba a sentir por la noticia de la que recién se había enterado.

Desde la esquina un grito lo despabiló: “¡Ora viejo loco!”. Era 'El Pelón', su compañero de trabajo en ese establecimiento de comida mexicana ubicado en el centro de San Diego.

'Don Chano' volteó a verlo, pero a pesar de lo dicharachero que es, entró al restaurante sin responder al saludo de 'El Pelón', porque la noticia de esa mañana le llenaba la cabeza de inquietud.

Al igual que los otros cinco que laboran en la cocina de ese restaurante, 'Don Chano' y 'El Pelón', quienes suelen empezar muy temprano la jornada, son trabajadores indocumentados. Todos bien chambeadores.

La preocupación viaja en tranvía


Esa mañana, pero más temprano, el chef Jorge Gutiérrez había abordado el trolley en la estación de Chula Vista que lo llevaría a ese mismo restaurante en el centro de San Diego.

Al subir al vagón notó mucha preocupación en los rostros y en las palabras de casi todos los pasajeros –como la que minutos después vería en 'Don Chano' y los demás trabajadores de su cocina–, una angustia que respondía a la misma noticia del día: “Donald Trump firma decreto presidencial para construir el muro fronterizo”.

De entre las opiniones, críticas, comentarios (pesimistas casi todos) y hasta las maldiciones que escuchó esa mañana a bordo del tranvía, una frase se le quedó bien grabada al chef: “Ya firmó, ya nos chingamos”.

La había dicho uno de los tantos pasajeros que, como la mayoría de los que viajan a esa hora, cruzan la frontera procedentes de Tijuana para trabajar en San Diego, ya sea limpiando casas, como jardineros, en la construcción o hasta haciendo hamburguesas.

Durante los 30 minutos del trayecto en el trolley, las palabras de resignación forzada por la tinta en el papel le dieron vuelta en la cabeza al chef y al bajar en la estación del centro de San Diego, recordaba los rostros de angustia de los pasajeros por temor a que las medidas de Trump deriven en la pérdida del trabajo, más tiempo de demora en el cruce de la frontera y malos tratos de agentes migratorios durante la revisión.

La orden ejecutiva para construir el muro fronterizo que esa mañana había firmado Trump, la percibían como una señal de que no sólo eran promesas de campaña, sino que Trump estaba dispuesto a fastidiarlos.


"Que me lleve el diablo"


Al llegar al restaurante, luego de convivir con la angustia que viajaba en tranvía, el chef Gutiérrez saludó a uno de sus trabajadores en la cocina, era 'El Pelón', quien sin descuidar las siete ollas en la lumbre cantaba a todo pulmón una de Ramón Ayala.

Era la canción Que me lleve el diablo, la cual sonaba desde un teléfono celular colocado en recipiente de metal para crear un efecto amplificador, como si fuera una bocina.

Pero a pesar de la música, el chef no encontró el ambiente festivo que todas las mañanas suele haber en la cocina antes de que empiece el servicio al público, ese jolgorio que se crea mientras unos abastecen refrigeradores y otros preparan guisados, revisan la lista de producción diaria o reciben los pedidos de pescado, verdura, carnes, etc.


Esa mañana era diferente, porque los trabajadores de su cocina tenían la misma cara de preocupación que los pasajeros del trolley y el tema que platicaban era el mismo, tanto en el estacionamiento como en la bodega y en la cocina, de que Donald Trump había ordenado la construcción del muro.

En la cocina también se percibía esa noticia como una señal de que no eran sólo promesas de campaña y de que Trump los obligaría a una vida más difícil e incierta, como la que el mismo chef experimentó como indocumentado cuando a finales de los 90 emigró de su natal Tijuana y vivió en las sombras durante 15 años.

Papel y tinta


Cuando el chef recorría la cocina, la señora que lava platos lo abordó de inmediato y con una mirada humedecida le preguntó: “¿Y ahora qué va a pasar con nosotros?”.

Al tiempo que Ramón Ayala y ‘El Pelón’ dejaban de cantar, cada uno de los trabajadores de la cocina que compartían la misma inquietud, lentamente empezaron a acercarse al chef como esperando una respuesta divina que desapareciera la imagen que se transmitía en la televisión, la de Donald Trump mostrando su firma en el decreto presidencial.

Los empleados de la cocina, tanto indocumentados como residentes de Tijuana con permiso de trabajo que a diario cruzan la frontera, en espera de esas palabras de aliento tenían rodeado al chef, quien en un intento por tranquilizarlos recurrió a los orígenes de la tinta y el papel para emitir un improvisado discurso en el que les dijo:

“Eso no es un muro. Yo sólo veo papel, tinta y la voluntad de ese hombre. Pero nosotros también tenemos voluntad, y hay que usarla, todo mexicano debería ser honesto consigo mismo y con los demás. México no es nido de delincuentes, así como Norteamérica no es escuela de racistas. Somos mexicanos, debemos estar unidos dentro y fuera de la frontera, y tener la cabeza en alto, ser leales con nuestros principios y amar nuestra cultura como a nuestra gente, jamás bajar la mirada y respetarnos entre nosotros, apoyarnos. No es necesario defenderse con insultos, simplemente actuar con unidad, honestidad y trabajo. Si todos actuamos con rectitud y unidad, ese papel quedará en la historia. Y si por algo el muro se construye, es lo de menos, preocupémonos por demostrar lo que somos. Mientras yo este aquí, nadie se va... o nos vamos todos”.

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