Inmigración Infantil

Niños migrantes llegan a un albergue en California en el que "hay droga y poca comida"

Univision Noticias investigó distintas denuncias contra el refugio Casa Libre de Los Ángeles, que desde la década de 1990 ha albergado a menores desamparados y ahora, a adolescentes que huyeron de las pandillas y la pobreza en Centroamérica. Consumo de drogas, desatención y mala alimentación son algunas de las quejas contra el centro, aunque las autoridades no han encontrado violaciones graves.
23 Ago 2018 – 11:31 AM EDT

LOS ÁNGELES, California.- José –que acepta hablar pidiendo el anonimato– dice que enfrentó a varios retos consecutivos: sufrió la persecución de pandilleros en su natal Centroamérica, pasó por un peligroso éxodo sin compañía hacia Estados Unidos, y vivió con un padre en Los Ángeles que no lo dejó estudiar y lo forzó a pagar los 5,000 dólares que cobró el traficante de personas por su cruce.

Cuando pensaba que las cosas cambiarían, él se mudó al refugio para menores migrantes Casa Libre, donde experimentó hambre, frío, negligencia y jamás le dieron ropa ni zapatos, según afirma este adolescente que salió del centro hace unos meses.

“Casi no había comida, solo galletas y era lo que comíamos; no había nada para cocinar”, relata a Univision Noticias quien tenía 17 años durante su estancia en el albergue. Con él vivían otros siete menores. Por la falta de personal, afirma, todos tenían que estar fuera del refugio, una antigua casa sobre la calle Lake, entre las 8 am y las 5 pm durante los fines de semana.

Para matar el tiempo iban a un parque cercano, el MacArthur, el cual reclaman cuatro pandillas, incluidas la Mara Salvatrucha (MS-13) y la Barrio 18, las mismas que causaron su salida de su país. Al no tener familiares cerca, ahí también la pasaban con el estómago vacío.

“Jugábamos o nos poníamos debajo de los árboles. Tampoco comíamos porque no teníamos dinero”, asegura este joven, a quien amigos lo invitaban a comer a sus casas o le daban dinero para comprar algo en la calle.

José también reclama que durante el año y medio en que estuvo en el albergue solo tuvo cinco mudas de ropa y dos pares de tenis, los mismos con los que entró en 2016. “Varias veces a la semana repetía la ropa porque no tenía más. No nos compraban ropa ni zapatos”, afirmó.


“Varios menores llegaban drogados”

Pero los reclamos de José no son los únicos que han puesto a Casa Libre bajo la lupa. Tres personas que han estado al frente del refugio, incluido el actual director interino, reconocen que algunos menores consumieron droga y se metieron en líos. La lista de quejas, sin embargo, es más larga.

“Hacen lo que se les da la gana, salen y entran a la hora que quieren; traen amigos adultos a la casa sin autorización, ni verificación; han fumado marihuana dentro de la casa; encontraron una pistola de balines; no verifican que vayan a la escuela; no los llevan a sus citas migratorias a tiempo, ni contactan a sus abogados”, detalló Federico Bustamante, quien tuvo el timón del albergue por ocho años, hasta diciembre pasado. A él le tocó la mayor parte del éxodo masivo de niños migrantes no acompañados.

Según Bustamente, el centro fue perdiendo control por la falta de personal que supervisara a los menores, lo que atribuye a la falta de presupuesto.

“No hay suficiente comida, no hay calefacción desde hace por lo menos tres años, las ventanas están rotas, tuvimos chinches…”, continuó el exadministrador sobre las condiciones de la casa. “Lo peor es que estos jóvenes, que tenían un hogar, una base, han quedado a la deriva”, afirmó.

Varios de los niños migrantes que llegan a Casa Libre son referidos por la Oficina de Reubicación de Refugiados (ORR) dependencia del Departamento de Salud (HHS).


Actualmente, el refugio hospeda a dos jóvenes de 17 y 18 años que cruzaron solos la frontera. Uno es de México y el otro de Guatemala. Otros cuatro menores llegarán al centro en unos días.

Javier Robles, quien dirigió Casa Libre de 2004 a 2007, afirma que la drogadicción y otros problemas no son nuevos allí. “Me tocó que varios menores llegaban drogados, se puso de moda el cristal (metanfetamina) entre ellos, y no teníamos mecanismos de disciplina, nada”, dijo a Univision Noticias.

“El protocolo era que si había un problema no podíamos tomar ninguna acción, solo reportarlo al director, que no estaba, no respondía o decía ‘no pasa nada’”, agregó.

Las peleas entre muchachos, la falta de fondos y las pésimas condiciones de la casa son otros problemas que señala Robles, en cuya gestión recibían principalmente menores desamparados que encontraban en las calles o que organizaciones sociales les enviaban. “La casa siempre ha estado muy mal”, señaló.

Los exadministradores aseguran que hace unos años el albergue cerraba incluso durante meses porque no había dinero para pagarle a los empleados y que, por ello, los menores tuvieron que irse con familiares y amigos.

La respuesta del director interino

El Departamento de Servicios Sociales de California (CDSS) inspeccionó hace unos días Casa Libre y no encontró violaciones por las cuales debieron tomar acciones, según un funcionario de la agencia y el actual director interino del refugio, Joseph Chicas, quien asumió el cargo en enero pasado.

“La instalación tiene una licencia”, dijo Michael Weston, subdirector de Asuntos Públicos y Programas de Divulgación del CDSS, sobre el instituto, que en la década de 1990 abrió la organización Center for Human Rights and Constitutional Law Inc, que a mediados de julio demandó al gobierno federal alegando que los niños separados de sus padres por la política de ‘tolerancia cero’ estuvieron en sitios insalubres, helados, sobrepoblados, que tenían baños sucios y que en estos los maltrataron.


Tras una evaluación al instituto el 23 de junio, este fue el reporte final del CDSS: “El propósito de la visita fue verificar la salud y la seguridad de los niños. No hubo preocupaciones notadas durante la visita”.

Ninguna inspección de las autoridades ha encontrado narcóticos en el centro, tampoco les han quitado la licencia de operación por violaciones graves.

Joseph Chicas, el director interino, aceptó en una entrevista telefónica con Univision Noticias que las cosas andaban mal en el refugio, pero afirmó que ahora la situación es muy distinta.

Sobre el consumo de narcóticos, él mencionó que lo hicieron “uno o dos” muchachos del centro. “Los encontramos con droga y tratamos de ayudarlos”, dijo el director, detallando que les ofrecieron programas para alejarlos de las adicciones.

Según Chicas, uno de estos jóvenes, de 18 años, se ausentó de la secundaria y tenía problemas de conducta, por eso fue expulsado del refugio.


El funcionario cree que el problema radica en que los muchachos llegan con “mucha experiencia de la vida” y por la cercanía del instituto con el conflictivo parque MacArthur.

Acerca de que no les daban ropa a los niños, el director interino mencionó que ahora gastan 170 dólares cada vez que llega un adolescente. También señaló que han firmado un acuerdo con la Universidad del Sur de California (USC) para que estudiantes ayuden a seis empleados a supervisar el desempeño académico y las citas migratorias de los menores. USC confirmó dicha colaboración.

“Desde que estoy en Casa Libre los muchachos siempre han estado supervisados”, dijo Chicas. “Estamos tratando de cambiar la dirección y tenemos riesgos bien complicados”, agregó.

Sobre el cierre del centro durante las horas escolares, explicó que permanece sin personal de 8 am a 4 pm de lunes a viernes, pero que los fines de semana está abierto totalmente.

Refiriéndose a la reciente inspección del CDSS, Chicas indicó que la agencia no encontró evidencias sobre las quejas relacionadas con la falta de supervisión, las malas condiciones de la casa, que no los alimentaban bien, que no se ponían en contacto con las escuelas y fallaban en las citas migratorias.

“Encontraron que todos los reclamos que han presentado son falsos”, dijo el funcionario.

“Hay que comprar más comida y ropa”

José, el joven que vivió en el albergue, asegura que él no se benefició de ninguno de estos cambios.

“Para mejorar a Casa Libre hay que comprar más comida y ropa, porque uno lo ocupa, no estás a gusto teniendo solo cuatro cambios. Y tienen que abrir todo el día, porque en el verano hace mucho calor y uno quiere estar adentro, no afuera en el parque”, mencionó.

Este adolescente que salió del refugio al cumplir 18 años ahora está con unos parientes. No pudo reunirse con su padre porque este regresó a Centroamérica porque “se aburrió”. Él se quedó porque su caso migratorio fue aprobado. Para mantenerse trabaja en un restaurante de comida rápida.

Aunque su padre le dijo que estudiar era “perder el tiempo”, José se graduará de la preparatoria el próximo año y después quiere inscribirse en una universidad para cursar la carrera de ingeniería en electrónica. “Me gusta arreglar televisiones, radios, todo eso”, cuenta.

Solo quiere regresar a Centroamérica para visitar a los suyos. “Aquí puedo vivir mejor que allá”, dice.


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