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Inmigrantes indocumentados

Este mexicano también espera que el fútbol le haga un milagro: que detenga su deportación

Temiendo que una cita migratoria de rutina el 10 de julio se convierta en una expulsión de EEUU, Ubaldo Muñoz apela a que es el único sustento de su familia y a su aporte a la comunidad como entrenador de fútbol de 240 niños. Tiene cinco hijos estadounidenses y varios más cuyo cariño se ha ganado en las canchas.
21 Jun 2018 – 7:00 PM EDT

LOS ÁNGELES, California.– Ubaldo Muñoz, el fundador de un club de fútbol en el que juegan 240 niños en el sur de California, se juega 'el partido' más complicado de su vida. Hace unos días su proceso migratorio fue rechazado y ahora su abogado teme que al presentarse a las oficinas de la administración federal en San Bernardino lo detengan para deportarlo inmediatamente.

Esa cita está pactada para el próximo 10 de julio. Varios niños que dominan el balompié gracias a Ubaldo planean acompañarlo para pedir que no lo deporten tratando de conmover al Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE).

Este hombre que nació en el estado de Jalisco hace 44 años es el único sustento de su hogar. Tiene cinco hijos estadounidenses, de entre 4 y 21 años. Pero dice que también son parte de su familia los menores a los que entrena dos días por semana, preparándolos para los partidos dominicales. Lo ha hecho desde hace 15 años, sin importar que a veces tiene que pedir ayuda para que tengan uniformes y tacos.

Su caso migratorio está basado en sus cinco hijos y en que es presidente del club de fútbol UdeG (Universidad de Guadalajara, nombre que tomó del equipo profesional de su tierra natal). "Soy realista, si me voy tengo que echarle ganas, todo va a estar bien. Pero me preocupan mis hijos. Platiqué con ellos y dicen que prefieren quedarse aquí", dice Ubaldo en una entrevista con Univision Noticias.

Este hombre que se gana la vida en la industria de la construcción vino por primera vez a Estados Unidos en 1991, pero iba y venía intermitentemente. Fue en 1996 cuando decidió quedarse, evitando meterse en líos con la justicia para no terminar bajo la mira de las autoridades migratorias.

Sus planes cambiaron en el año 2000, cuando enfermó su madre y fue a México. "Apenas había comprado una casa (en California), en cuanto mi mamá salió del hospital me regresé", contó. Pero tomó el riesgo de presentarse en una garita fronteriza con una tarjeta de residente permanente que no era suya. Lo descubrieron y lo deportaron.

Más tarde decidió regresar a EEUU. Pero en 2006 la salud de sus suegros se agravó y una vez más regresó a su tierra. Cuando trataba de llegar a su casa la Patrulla Fronteriza lo detuvo pasando por una zona remota. Esa fue su segunda expulsión del país.

Volvió a entrar a EEUU y siguió su vida como millones de indocumentados, hasta que en 2014 un agente de ICE lo detuvo. "Me dijo: tengo dos semanas afuera de tu casa buscando a un muchacho. Saliste a la hora equivocada", recuerda.

Desde ahí comenzó su proceso para ir frenando temporalmente la orden de deportación en su contra. Hace unos días le llegó una carta notificándole que el caso se había cancelado.

Una historia en las canchas

Su abogado Russell Jauregui cree que Muñoz ha caído en la lista de prioridades de expulsión por la agresiva política migratoria del presidente Donald Trump. "Hemos cancelado la deportación desde 2015 con el gobierno de (Barack) Obama por razones humanitarias, porque tiene muchas raíces aquí, tiene cinco hijos ciudadanos y es parte de un club de fútbol, es una persona que hace mucho por la comunidad", dijo.

"Tenemos cartas de personas que lo conocen, diciendo que él es muy importante para la liga de fútbol, pero depende del gobierno lo que hacen con él", señaló el litigante, lamentando que si ICE cumple su amenaza los cinco hijos de Ubaldo quedarían a la deriva.

"Los niños no van a tener a su padre y es difícil que lo puedan visitar en México. Y también está el club de fútbol, que es su otra familia, ayudando a que estos niños no anden en la calle", advirtió Jauregui.

Ubaldo ha jugado fútbol desde los 7 años. Fundó en 2003 el club UdeG en San Bernardino, donde el 47% de los habitantes son hispanos, porque otro equipo no aceptó a sus hijos por rebasar la edad máxima. "Lo hice porque quería que eso no pasara a otros", relata.

Empezó jugando con sus hijos en un parque de su localidad y con solo verlos varios padres se le fueron acercando. Así formaron tres equipos primero y con la llegada de más niños y entrenadores se amplió el club. Ahora son 12 equipos, 9 papás con alma de director técnico y 240 jugadores de entre 4 y 14 años.

Ubaldo celebra que la disciplina del deporte ha dado frutos en muchos que llegan en la edad de la rebeldía. "Hubo una mamá que me habló para preguntar qué había hecho con su hijo, porque había cambiado", contó sobre un portero que entrenó durante tres años. "Yo le decía: ‘es tu madre, es la única que tienes’", relató sobre las conversaciones que tuvo con ese chico.

No hace mucho se encontró con otro muchacho que jugó en UdeG y que ahora trabaja en una secundaria local. "Donde quiera que me miran me saludan", dice el entrenador.

"¿Cuántos niños van a quedar volando?"

Felipe Reynoso, quien entrena a los jugadores de 13 años en el club, tiene más anécdotas bonitas de Ubaldo. Dice que tiene la fama de no rechazar a ningún niño con ganas de practicar fútbol y que si estos no pueden comprar sus uniformes les consigue patrocinadores. Eso pasa muy seguido en una ciudad con un ingreso anual de 20,480 dólares, por debajo del promedio en California.

Una vez registrados en el club, dice Reynoso, se enfocan en que los niños sean mejores dentro y fuera de las canchas. "También les enseñamos a comportarse mejor en casa, a que le echen ganas en el estudio. Platicamos y les damos consejos", comentó.

Su hijo de 13 años, Ángel, comenzó a jugar los 7 y ahora sueña con ser un profesional. "Él (Ubaldo) trata de ayudar a los niños a que estén fuera de las drogas, de peleas, que estén en el deporte", señaló.

Este originario de la Ciudad de México y trabajador de la construcción cuenta que al finalizar los torneos realizan paseos con los niños y sus familias. En su opinión, EEUU no debería sacar a una persona así. "Él se merece una oportunidad", expresó.

Aunque el hijo de Blanca Olivares juega en un equipo rival al de Ubaldo, ella sabe de primera mano lo que este ha hecho por la comunidad. "No deja su compromiso de llevar a los niños a la práctica a pesar de que sacrifica sus domingos familiares", dijo. "Si lo deportan ¿cuántos niños van a quedar volando?".

A pesar de que su futuro es incierto, él continúa trabajando y no se aleja de su club. En enero falleció su madre en México y, con todo el dolor de su corazón, prefirió despedirla a la distancia. "Ya me quería ir a México, pero pensé en mi caso y me quedé", cuenta con pesar.

Ahora espera que el balompié le conceda un milagro, que detenga su deportación. "Si toman en cuenta eso, pienso que tal vez sí me puedo quedar".

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