Inmigrantes indocumentados

"En estas montañas he visto más muertos de los que debería", confiesa un rescatista de la Patrulla Fronteriza

Recorrer acantilados, cañones y empinadas cimas bajo temperaturas extremas en los cerros del este de San Diego, California, es el peligro al que los 'coyotes' exponen sin advertirles a los inmigrantes que quieren cruzar la frontera por esta ruta. La Patrulla Fronteriza registró allí 59 muertes y 372 rescates de personas del 1 de octubre de 2010 al pasado 31 de julio.
26 Sep 2018 – 3:40 PM EDT

LOS ÁNGELES, California.– Desde la cima de una de las montañas en el este de San Diego, California, se ven los vehículos que circulan por 'La Rumorosa', la famosa carretera llena de curvas que baja al Valle de Mexicali, al otro lado de la frontera. Miguel Ángel Peña, un paramédico de la Patrulla Fronteriza, apunta un tramo de la autopista y asegura que ahí suelen dejar a los indocumentados.

"Desde aquí, si te vas derecho, son unas seis millas de distancia", dice el agente migratorio señalando el lugar donde suele comenzar el recorrido cuesta arriba de los migrantes que buscan ingresar ilegalmente a California. "Pero con subidas y bajadas ese recorrido se hace de casi 10 millas", advierte.

A Peña, quien es parte de un equipo élite de la Patrulla Fronteriza que se especializa en el rescate de personas, le sobran anécdotas sobre lo peligroso que es cruzar a pie las montañas de Otay, una trampa mortal de 18,000 acres que siguen usando las organizaciones de tráfico de personas.

"Una de las cosas más graves que me ha tocado mirar es el fallecimiento de los inmigrantes, porque no estaban preparados para el camino. Fueron engañados de que iban a cruzar durando aproximadamente dos horas y terminaron durando casi dos días", explica Peña durante un recorrido por esa zona.

Las estadísticas confirman que esta es la ruta más riesgosa para los migrantes en California. La Patrulla Fronteriza en el sector San Diego registró 59 muertes y el rescate de 372 personas del 1 de octubre de 2010 al pasado 31 de julio. La gran mayoría de esos incidentes ocurrieron en estos cerros secos.

"Allá vi un cadáver"

Recorrer acantilados, cañones y empinadas cimas bajo temperaturas elevadas o extremadamente bajas terminan por pasarle factura a los grupos de inmigrantes guiados por los 'coyotes', quienes les ocultan la peligrosidad del trayecto. La fauna del lugar, incluidas culebras, escorpiones y gatos monteses, complican más el camino.

"En estas montañas he visto más muertos de los que debería", lamenta Peña, quien fue entrenado en las instalaciones de la fuerza de operaciones especiales de la Marina, los Navy SEALs, en San Diego, y nació hace 33 años en California, aunque pasó parte de su infancia y adolescencia en Playas de Tijuana.

Entre una de sus anécdotas más duras recuerda el trágico desenlace de una mexicana que pasaba por estas colinas hace unos años. La mujer era parte de un grupo de cinco personas, incluido su esposo, pero terminó quedándose atrás porque no podía seguir caminando y estaba desorientada. El 'coyote' siguió su camino. Su marido la dejó en un lugar y fue a pedir ayuda. Pero logró regresar con paramédicos cuando ya era demasiado tarde.

Este hombre llamó por teléfono a los rescatistas de la Patrulla Fronteriza, aunque tuvo que aceptar quedar bajo custodia federal para guiarlos personalmente hasta el sitio donde quedó su esposa. "No se acordaba dónde estaba. Llegamos a la montaña equivocada y seis horas después la pudimos encontrar, pero ya había fallecido. No creo que sobrevivió mucho tiempo después de que él se fue", relató Peña.

"Fue una situación difícil porque el señor estaba ahí; fue muy emotivo", contó el agente migratorio.

Como otros sectores de la frontera entre EEUU y México, los cerros de Otay también son un mausoleo de quienes fallecieron sin que nadie supiera su ubicación exacta. A principios de julio hallaron por casualidad el cadáver de una persona después de que bomberos acudieron a sofocar un incendio forestal en la zona.

"A veces los migrantes que detenemos nos dicen: ‘Allá vi un cadáver’. Vamos, buscamos y a veces encontramos algo, pero otras no", lamenta el oficial.

A su suerte en los cerros

Varias veces los contrabandistas de personas han abandonado en estas colinas a los clientes que no pudieron seguirles el paso, sin considerar edad, sexo ni condición médica. A finales de junio de 2017, un mexicano de 28 años fue rescatado en un área de difícil acceso cerca de Potrero, después de un operativo de búsqueda que se extendió durante varias horas. Cuando lo encontraron tenía "dificultades físicas evidentes" por el calor extremo, pero eso no le importó al 'coyote', según la Patrulla Fronteriza.

En 2016, otro traficante, Efraín Delgado Rosales, de 37 años, dejó atrás a tres hombres que guiaba y que no pudieron caminar a su ritmo por los acantilados de Otay. Una acusación federal señala que primero dejó que los asaltaran al dejarlos solos en la peligrosa colonia Nido de las Águilas de Tijuana y después, mientras los llevaba por los cerros, no le importó que tres de sus cuatro clientes no pudieron continuar el recorrido.

"En lugar de detenerse, Delgado Rosales dejó a los hombres. Regresó a regañadientes para recogerlos después de que uno de los tres hombres llamara al único que había seguido el ritmo de Delgado Rosales y le suplicó que regresara con el guía", señala la queja judicial.

Cuando el grupo llevaba casi un día de caminata le salió al paso la Patrulla Fronteriza. Al ser interrogados, los indocumentados dijeron que el 'coyote' le cobraría 5,000 dólares a cada uno.

Delgado Rosales fue condenado a finales de marzo de 2016 a cinco años de prisión por tráfico de personas. No era la primera vez que terminaba bajo custodia federal por ese delito. La Patrulla Fronteriza mencionó que lo había detenido 24 veces desde 1999 y que únicamente en una ocasión estaba solo. Una vez llevaba a un grupo de 46 personas y el 14 de septiembre de 2003 lo capturaron cuando vigilaba a un grupo de 61 inmigrantes que estaban en una vivienda clandestina de Los Ángeles.

Paulatinamente la cantidad de migrantes que pasan por las montañas de Otay ha ido en descenso. Hace más de diez años se contaban grupos de hasta un centenar de estos, pero ahora los más numerosos son de unos 15. A veces solo un par es descubierto escondiéndose detrás de arbustos y piedras.

"Cuando recién llegué a la Patrulla Fronteriza hace 11 años me tocaba mirar más familias en esa área. Las señoras venían cargando a los bebés", recordó el agente Peña.

Una década atrás, los oficiales fronterizos en San Diego detuvieron a 68,565 indocumentados, esto es casi el doble de los arrestados registrados en lo que va de este año fiscal, el cual concluye este 30 de septiembre. Las autoridades federales lo atribuyen al doble muro fronterizo en ese sector, la mayor presencia de agentes y el uso de tecnología. En cambio, los cruces han subido en Texas y Arizona.

Donde los oficiales no quieren trabajar

La Patrulla Fronteriza reconoce que no todos sus agentes quieren vigilar las montañas de Otay: por el peligro, el clima extremo, la soledad y otros factores.

Apenas unas cuantas patrullas de la agencia se observan al subir estas colinas. Los que cubren el turno de la noche pasan horas en penumbras, para no alertar a los 'coyotes'. Para ellos también representa un riesgo vigilar solos zonas remotas.

"¿Cuántos agentes miraste cuando ibas subiendo la montaña?", pregunta Peña para mostrar que este es un sector complicado. "Si a mí me llega a pasar algo y pido ayuda, tardarán en llegar hasta aquí. Pero lo peligroso es lo que me llama la atención de este trabajo. Saber que no cualquier lo va a hacer", confiesa.

Él cuenta que una vez un excompañero de trabajo estaba interesado en ser agente migratorio y lo acompañó un día a recorrer las montañas. Pero al notar que hay cerros de hasta 3,500 pies de altura, sobre el nivel del mar, decidió que no continuaría su proceso de admisión a la dependencia. " Se dio cuenta que este no era el trabajo que quería hacer. Me dijo: ‘No sabía que le tenía miedo a las alturas’".

Ante los ataques de los traficantes de personas, los agentes también los enfrentan solos y lejos de sus colegas.

Una de estas agresiones ocurrió el 15 de noviembre de 2015, cuando Martel Valencia fue interceptado dirigiendo un grupo de 15 indocumentados en una de estas montañas. Enfadado, el contrabandista lanzó una piedra del tamaño de una pelota de softball que impactó en el rostro a uno de los uniformados.

Lo roca golpeó tan duro al agente que este pensó que "le había tumbado los dientes o que su quijada se había roto", según la acusación contra el 'coyote'.

Antes de que lo arrestara, el traficante de personas huyó a México, pero allá lo capturaron luego de que fue colocado en la lista de los más buscados por el gobierno estadounidense y lo extraditaron en marzo de 2016. Hace un año fue sentenciado a ocho años de prisión federal.

"A nadie le gusta ver que alguien muera"

El agente Peña habla como si solo fuese un paramédico y su trabajo no incluyera poner bajo custodia a indocumentados. Mientras la agencia suele recomendar no pasar a través de estas colinas, este oficial lo que les da son varios consejos de supervivencia a los migrantes, como llevar suficiencia agua y medicamentos, estar preparados para las condiciones climatológicas, no confiarse de los 'coyotes' y ahorrar la batería del teléfono móvil en caso de una emergencia.

"Si tienen un celular que hagan una llamada al 911 y se queden en el mismo lugar para que nosotros podamos encontrarlos más fácil", aconseja Peña explicando que en esa zona los más afortunados han sido localizados a través de las señales de sus teléfonos. "Siempre prepararse de más es mejor".

Cuando se le pregunta por qué da este tipo de recomendaciones, él responde: "A nadie le gusta ver que alguien muera por ninguna razón. Nosotros estamos aquí para proteger y hacer nuestro trabajo".

En fotos: La vida entre dos muros, la franja que solo habita la Patrulla Fronteriza en California

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