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Abuso Policíaco

"Buscaré justicia, aunque me cueste la vida", dice madre de joven hispano baleado por la Policía

Un día antes de cumplir 26 años, Erick Aguirre murió a manos de policías de Rialto, en California. Su familia le preparaba una fiesta, pero el festejo se volvió un velorio. Ahora piden que se haga justicia, aunque las autoridades alegan que el joven estaba armado.
3 Ago 2018 – 11:42 PM EDT

LOS ÁNGELES, California.– Las luces de una patrulla se encendieron detrás del auto de Erick Aguirre, de 25 años, en una calle de Rialto, California. Por alguna razón que aún ha sido revelada, este joven protagonizó una persecución policial durante unos 10 minutos hasta que finalmente se detuvo cerca de su casa en Bloomington. Allí, dos agentes lo balearon fatalmente.

Hay dos versiones sobre ese tiroteo que ocurrió la madrugada del sábado 14 de julio. La Policía asegura, por un lado, que el joven estaba armado con una escopeta, representando una amenaza. Su madre, por el otro, dice que un testigo afirma que su hijo ya se había rendido y que recibió varios tiros a pesar de que sus manos estaban sujetando el volante, en señal de que no haría nada.

"Sus manos quedaron como si estuviera agarrando algo", dijo a Univision Noticias Odila Peñaloza, quien pasó sus últimos días preparando el entierro de su hijo mayor, el cual se realizó el viernes pasado, y cuestionando a los detectives que aún tratan de determinar qué ocurrió aquella madrugada.

"Tuvimos que hacer lavados de carros y venta de comida para darle cristiana sepultura a mi hijo. No tengo respuesta de la Policía. Para mí están escondiendo algo, son mentirosos", reclama esta mujer que hace unos 30 años emigró de su natal Michoacán a California.

Que los agentes involucrados en la muerte de su hijo vayan a la cárcel es lo que exige esta mexicana. "Yo quiero justicia, que me oigan, que se esclarezca esto. Buscaré justicia y llegaré a donde sea, aunque me cueste la vida", advierte notablemente disgustada. "No es justo que me lo hayan matado".

La versión de la Policía

La Policía de Rialto no ha dado más detalles que aquellos que proporcionó unas horas después de dicho incidente: una de sus patrullas comenzó a perseguir el auto conducido por Erick alrededor de las 11:50 pm del viernes 14 de julio y unos 10 minutos más tarde, ya siendo la madrugada del sábado 15, se detuvo en la cuadra 12000 de Canfield Way en Bloomington.

De acuerdo con la agencia, el sospechoso y una pasajera –identificada como su novia– desobedecieron las órdenes de dos policías, quienes notaron que el hombre tenía una escopeta en su poder y decidieron dispararle. No está claro dónde estaba el arma.

Erick fue declarado muerto en la escena, mientras que su novia fue llevada a un hospital para que le atendieran las heridas después de que fue mordida por un perro policía (K-9).

Peñaloza se enteró varias horas después sobre lo que había ocurrido. Alrededor de la 1:30 pm la pareja de su hijo llegó en muletas a su casa y le preguntó si ya había ido la Policía. Cuando la madre le respondió extrañada que no, ella expresó con lágrimas: "Lo siento, la Policía mató a Erick".

Esta madre dice que la novia de su hijo ha declarado que Erick se había rendido y que no intentó tomar un arma para atacar a los policías. "Ella dice que él se quedó con las manos en el volante (…) Los policías le quebraron la ventana y miraron el arma, se fueron para atrás y empezaron a dispararle", dijo esta madre, quien menciona que le enfadó que detectives de la Policía de Rialto no fueron a su casa para informarle sobre el fallecimiento de su hijo, sino para interrogarla sobre este.

El abogado Humberto Guízar, representante legal de esta familia, cree que se trata de otro caso de abuso policial. "Sí había un arma en el auto, pero no la tenía en las manos, se estaba entregando", indicó.

Al momento no se ha publicado el resultado de la autopsia, aunque la novia de Erick ha dicho que escuchó unos 10 balazos, una cantidad que indigna a la señora Peñaloza. "Le pudieron haber dado uno o dos, pero no tantos. Lo hubieran encerrado, eso habría sido más que suficiente", alega.

Venció el cáncer, pero no la calle

Erick falleció un día antes de cumplir 26 años. Nació en California y no tenía hijos. Era el mayor de cuatro hermanos. A los 12 años le diagnosticaron osteosarcoma, un cáncer óseo que afecta principalmente a los niños. Después de varias sesiones de quimioterapia la enfermedad dejó de poner en riesgo su vida, pero derivó en la amputación de su pierna derecha el 20 de agosto de 2004.

Dejar de hacer acrobacias en su bicicleta y patineta lo afectó de tal manera que terminó yéndose por el camino equivocado y se metió en problemas con la ley, contó su madre. Cuando tenía 18 años, ya apoyándose de una prótesis para caminar, lo condenaron por posesión de droga y múltiples violaciones a su libertad condicional: lo regresaron a la cárcel varias veces.

"Cambió. Platicaba como si no tuviera nada, pero yo sabía que estaba sufriendo por dentro", recuerda ella.

El 8 de mayo salió por última vez de la cárcel y pudo celebrar el Día de las Madres con su familia. "Fuimos a un restaurante de comida china, estuvo conmigo todo el día. Nos reímos, me trajo un ramo de flores y me cantó 'Las Mañanitas'. Todavía tengo esas flores. Mi esposo las quería tirar, pero le dije que no, como si supiera que serían las últimas que me iba a regalar", expresó Peñaloza.

Esta mujer describe a su hijo como un joven alegre y que "siempre quería ayudar a los demás".

Después de que salió de la cárcel trabajó unos días en la jardinería. Le habían preparado una pequeña fiesta por su cumpleaños, pero en vez de festejo esta familia tuvo un velorio.

"Yo tenía pensado hacerle unas codornices y un pastel, pero los policías no lo dejaron", lamentó.

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