La llamada inicial que recibió la policía aseveraba que un hombre armado había secuestrado a 100 personas en Faith City Mission, una organización religiosa en el norte de Texas.
La policía le disparó a un hombre que desarmó a un presunto atacante en una capilla de Texas
Tony Garcés fue impactado varias veces pero sobrevivió cuando oficiales lo confundieron con el sospechoso que tenía secuestrados a varios feligreses en Amarillo. "Pensé que todo había terminado, pero luego la policía me disparó", le dijo a la estación local KVII.

Los oficiales que respondieron ingresaron al lugar por dos entradas distintas y se encontraron con un hombre que sostenía un arma de fuego. Uno o más le dispararon, señaló la policía, en base a su investigación preliminar.
Luego, las autoridades se enteraron de que antes de su llegada, algunos de los feligreses que habían ido a la capilla se enfrentaron al presunto atacante y uno de ellos, al que dispararon, había logrado hacerse con el arma.
El sospechoso fue identificado como Joshua Len Jones, un residente local de 35 años. Fue arrestado bajo seis cargos de secuestro agravado en el centro de detención del condado Potter.
La policía no ha identificado al herido formalmente porque solo pueden comunicar si está grave o no, señaló el vocero Brent Barbee en un correo enviado a Univision Noticias. El hombre fue llevado al hospital con lesiones que no ponían en riesgo su vida y nadie más resultó herido, dijo el portavoz quien enfatizó que el caso está bajo investigación.
Sin embargo, Barbee apuntó a la entrevista que la estación local KVII de la cadena ABC le hizo a Tony Garcés, el hombre a quienes muchos ahora consideran "un héroe". Garcés relata en el reporte que hace poco salió de la cárcel tras cumplir una condena de cuatro años y acudía al lugar para tratar su adicción a las drogas y buscar una nueva vida.
Su intervención, cuando muchos de los presentes corrían en pánico, le demuestra que ha cambiado para bien, le dijo al canal.
De acuerdo con Garcés, un oficial le pidió que tirara el arma pero no lo quiso hacer por miedo a que se disparar e impactara a otros feligreses. Cuando se disponía a dejarla en el piso, el funcionario le habría disparado en el cuello y la espalda.
"Agarré el arma", señaló. "Pensé que todo había terminado, pero luego llegaron los policías y me dispararon. Los tipos buenos me dispararon".
Pide ahora a la ciudad ayuda con sus gastos médicos y que le de más entrenamiento a sus oficiales en el uso de la fuerza.
No obstante, Garcés asegura que aunque no se siente un héroe volvería a intervenir sin pensarlo dos veces.
"Hubo otras personas (que también intercedieron)", dijo. "Yo solamente le quité el arma. Me dispararon. Me tocó lo malo. Así es la vida".
El incidente en Amarillo ocurrió el Día de los Enamorados, en la misma mañana en la que 17 personas eran acribilladas en una escuela en Parkland, Florida.
También ocurre a solo meses de que un hombre en Sutherland Springs abriera fuego contra feligreses en una pequeña iglesia bautista y provocara 26 muertes, en el peor tiroteo en la historia moderna del estado. En esa oportunidad, un vecino que escuchó la conmoción acudió al lugar con un rifle y disparó al atacante.
Tras la tragedia, el fiscal general del estado, Ken Paxton, clarificó que a menos que el templo indique lo contrario, los feligreses que tengan licencia pueden portar sus pistolas.
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