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Inmigración

"Solo quiero tranquilidad para mí y para mi hijo", dijo la indígena guatemalteca que cumplió un año refugiada en una iglesia de Austin

Con el triunfo de Donald Trump y el endurecimiento de las políticas migratorias, las esperanzas de 'no ser deportada' se diluyen para Hilda Ramírez, una indígena originaria de Guatemala, que ingresó a EEUU en 2014 con su hijo de 10 años. La mujer huyó de la discriminación que sufren en su país las mujeres indígenas.
6 Mar 2017 – 10:47 AM EST
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Hilda Ramírez y su hijo. Crédito: Nathan Willis

AUSTIN, Texas.- Hilda Ramírez, una indígena guatemalteca, ha vivido por más de un año en la iglesia del norte de Austin junto a su hijo Iván, de 10 años. Este recinto religioso fue el último recurso de refugio que encontró la mujer para evitar ser deportada a su país de origen de donde huyó por la discriminación que sufren las mujeres indígenas como ella.

Hace cuatro meses, recibió con alegría la noticia de que su orden de deportación había sido temporalmente bloqueada . Sin embargo, la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales empañó esa felicidad y regresó el temor de ser deportada, especialmente en los últimos meses con el endurecimiento de las políticas migratorias.

"Yo solo quiero tranquilidad para mí y para mi hijo", dijo la guatemalteca de 29 años a la agencia de noticias EFE.

Hilda y su hijo salieron de San Marcos, Guatemala, y llegaron a Estados Unidos en 2014 luego de cruzar el Río Grande, en la frontera entre Texas y México. Realizaron el trayecto en un bote inflable con otras diez personas tras pagar a un coyote para llegar vivos a territorio estadounidense. A su llegada, buscó obtener el asilo, sin embargo, las autoridades de la Agencia de Inmigración y Control de Aduanas estadounidense (ICE) le negaron este recurso.

Tras la negativa, las autoridades la ingresaron al centro de detención de Karnes County, ubicado al sur de San Antonio, y le impusieron una fianza de 10,000 dólares para salir. Debido a que no contaba con dicha cantidad de dinero, Hilda y su hijo pasaron 11 meses ahí antes de que ser liberados con la condición de que la guatemalteca llevara un grillete en el tobillo.

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Inmigrante guatemalteca se refugia en iglesia de Austin

Un centro de refugio local para indigentes fue la salvación de ambos durante los siguientes siete meses, hasta que, a principios de 2016, la petición del estatus de inmigrante especial juvenil (SIJS, por sus siglas en inglés) de su hijo fue negada.

Asustada por una posible deportación, contactó a la organización proinmigrante Grasroots Leadership que le recomendó que se escondiera con su hijo en St. Andrews, una iglesia al norte de Austin, en donde vive desde el 9 de febrero de 2016. La política de ICE indica que solo se realizan detenciones en lugares de culto, escuelas y hospitales si hay "necesidad inmediata de medidas coercitivas", como cuando un delincuente peligroso se da a la fuga.

"Antes no podía dormir, a cada rato estaba mirando la puerta, asustada, pero ahorita ya no. Yo sé que migración (el ICE) nunca va a romper una ventana para entrar, no pueden entrar y yo me siento bastante segura", dijo Hilda en junio de 2016.

La iglesia le devolvió a Hilda la tranquilidad y le ofreció una oportunidad educativa a su hijo de 10 años de edad, quien nunca asistió a escuela en su país natal, y ahora disfruta de aprender a leer y escribir, además de estar tomando clases de arte, matemáticas y ciencias naturales en una escuela cercana al templo.

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