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Michelle y Melania cumplen con una tradición que a veces puede resultar incómoda

El emblemático encuentro de las primeras damas en la Casa Blanca antes de hacer cambio de mandato una vez más se cumplió, no sin algo de extrañeza y distancia. No hubo abrazos como entre Barbara Bush y Hillary Clinton, pero tampoco un trato hostil como sucedió con Mamie Eisenhower y Jacqueline Kennedy.
11 Nov 2016 – 7:30 PM EST

Michelle Obama y Melania Trump se encontraron este jueves en la Casa Blanca en una tradición extraña que ha reunido históricamente en torno a una taza de té a mujeres tan disímiles y contrarias como Jacqueline Kennedy y Mamie Eisenhower (quien le doblaba la edad), y que ha puesto a posar en retratos a conocidas enemigas como Nancy Reagan y Barbara Bush. El encuentro entre Michelle y Melania quizás también pase a los anaqueles de la historia, sobretodo por inesperado.

Aunque la prensa no tuvo acceso a la conversación que sostuvieron por separado de sus esposos en el despacho oval de la Casa Blanca, la foto de las dos sentadas dejó en evidencia, si bien un aire de cordialidad, también la distancia en el trato. No hubo abrazos cercanos como sucedió con Barbara Bush y Hillary Clinton, ni camaradería como se vio entre Laura Bush y Michelle Obama, que casi parecían amigas.



Claro, ya debe leerse como un gesto de buenas maneras y decoro que Michelle Obama haya recibido a Melania en su casa después de las repetidas tensiones que sucedieron en este año de campaña, en el que se cuenta, cuando menos, la copia sin vergüenza de algunas de sus ideas en el discurso que dio la esposa de Trump en la Convención Republicana.

Michelle podría haber repetido los pasos de Betty Ford que, como lo cuenta la escritora Kate Andersen Brower en su libro 'The Grace and Power of America’s Modern First Ladies', no mostró ningún interés por reunirse ni saludar a Rosalynn Carter, su sucesora. O como la particular Mamie Eisenhower que ni siquiera le ofreció una silla a Jackie Kennedy para que se sentara. Quizás y como Betty Ford lo sentenció magistralmente: “No importa quién te suceda, siempre sabrás que no lo merece”.


Su coincidencia en el gusto por la moda, que hizo que las dos, tanto Obama como Trump lucieran trajes de cortes sencillos y colores oscuros (Michelle llevó un vestido del cubano Narciso Rodríguez que usó en su visita este año a Buenos Aires) no ocultó el abismo que las separa. Mientras Michelle fue comprometidamente activa durante las dos campañas de su marido e incluso durante la giras de Hillary Clinton, Melania mantuvo siempre un rol menor, de compañera y con poco reclamo de protagonismo.

La esposa del Presidente Donald Trump será la segunda primera dama en ser una inmigrante y la primera en ser la tercera esposa de su marido, -quizás el amor bonito al que nos tenían acostumbrados Michelle y Barack Obama cambie por una narrativa de amor más pragmática- y, bueno, ahora las pequeñas Malia y Sasha que entraron de 3 y 6 años serán reemplazadas por Barron, de 10, el primer niño después de John F. Kennedy Junior en la Casa Blanca.


Aunque durante el encuentro se reportó que hubo una visita por los lugares más emblemáticos de la casa, no se tomó el retrato que se hicieron presidentes y primeras damas cuando los Bush recibieron a los Obama hace ocho años. Quizás la cordialidad, o lo que los expertos han bautizado “el teatro de la política” no daba para tanto.

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