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El candidato republicano Donal Trump y sus famosas manos.

Catalina Ruiz-Navarro: Cuando el tamaño importa

Catalina Ruiz-Navarro: Cuando el tamaño importa

A propósito del tamaño de las manos de Trump y otros falocentrismo ¿no hay detrás una idea de que una mujer no puede ser presidente?

El candidato republicano Donal Trump y sus famosas manos.
El candidato republicano Donal Trump y sus famosas manos.

Por Catalina Ruiz-Navarro, @Catalinapordios, Columnista y feminista caribe-colombiana (*)

Los posibles candidatos a la presidencia por parte del partido republicano han ocupado sus recientes apariciones públicas en discutir algo importantísimo: el tamaño de sus manos.

Resulta que Trump tiene fama de que tiene dedos cortos, y Marco Rubio lo señaló públicamente a finales de febrero en la Florida, con un chiste que sugería que Trump tiene un pene pequeño.

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Trump, muy ofendido, le contestó en el reciente debate de Fox mostrando sus manos a la audiencia “Les garantizo que no hay problema”.

La discusión tiene un subtexto fálico que muchos conocemos muy bien, pero lo voy a explicar para que su estupidez sea más explícita: existe el mito de que el tamaño de las manos es correlativo al del pene y el del pene a la “hombría”.

El siguiente mito es que la aptitud para ser buen líder, por ejemplo, para ser presidente de los Estados Unidos, depende de esa hombría. Mientras más macho mejor líder, y así. De manera que los y las votantes deben hacerse la -desagradable- pregunta ¿quién la tiene más grande, Rubio o Trump?

Como mujer heterosexual sé muy bien que la respuesta a esta pregunta es difícil y desalentadora. Para empezar los tamaños del pene de un solo hombre varían según el clima, la hora del día, la salud y los ánimos. Digamos que el tamaño de un pene es más bien un rango, que un número fijo con el que se pueda competir.

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Siempre me ha sorprendido que los hombres insistan con estas discusiones sin hacer caso a algo tan elemental. Algunos incluso les piden confirmación a sus parejas sexuales, que con mucha frecuencia afirman entusiastas, pero solo para evitar el drama de una respuesta real que sería algo así como “a veces sí a veces no”.

No dejo de sorprenderme de las raras creencias que muchos hombres tienen sobre sus cuerpos, y está de que el tamaño se corresponde con la virilidad es una de las más infantiles y curiosas.

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Si acaso resulta que por virilidad entienden valentía, decisión, independencia, uno no puede sino reírse de que alguien crea que eso es correlativo al tamaño de un pene. Si acaso, un gran pene a veces indica pereza y egocentrismo, pero no porque tales cosas deriven del tamaño, sino porque creer estos mitos ridículos te pueden dañar la personalidad.

En todo caso, como lo prueban los grandes líderes y lideresas de la historia, de cuyos penes no sabemos nada, el tamaño -o la existencia- de un pene es irrelevante para la profesión política, y no creo que sirva ni como habilidad en LinkedIn. Hay otros casos, en los que el tamaño sí importa, pero eso lo dejaré para otra ocasión, a riesgo de que, con tantas desmitificaciones, algunos señores entren en shock.

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Pero un poco más en serio, preocupa la precariedad de la concepción de masculinidad de los candidatos republicanos, que se definen a sí mismos con los criterios veterinarios de la genitalidad. Y preocupa también que su falocentrismo grita que una mujer no está capacitada para gobernar.

Esta discusión insulsa revela mucho sobre las ideas que los candidatos tienen sobre el poder. Los candidatos creen en un poder como en el que se encarna en los obeliscos, las torres, los cañones, las pistolas, el poder fálico, patriarcal, beligerante e intransigente que todos conocemos muy bien.

Un poder que corresponde al más rudo, al más fuerte, al menos dispuesto a conversar. Un poder que emana de sus cuerpos, es decir de sus privilegios como hombres blancos, y no uno construido con sus acciones y comportamientos.

¿Quiere eso Estados Unidos? Esa es la pregunta que sí tendrán que hacerse los y las electores, antes de votar.

(*) Columnista semanal de El Espectador y El Heraldo en Colombia y de Sin Embargo en México. Co-conductora de (e)stereotipas (Estereotipas.com). Estudió Artes Visuales y Filosofía y tiene una maestría en Literatura; ejerce estas disciplinas como periodista.


Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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