De cómo me fajé probando fajas

Luego de dos semanas usando distintas fajas, comprobé que hay tantos modelos como complejos tenemos las mujeres. Y aunque viví apretujada como nunca no les miento, hay algunas que volvería a utilizar.
20 Jul 2016 – 1:02 AM EDT

Andar apretado todo el día no es cosa fácil. Me probé cuatro tipos de fajas durante dos semanas en Miami, donde hace una temperatura media de unos 88 Farenheit (31 grados centígrados). Fueron dos cinturillas y dos Power Net. Traducción: dos de ellas comprimen solo el tronco y las otras dos oprimen hasta las piernas.

Yo ya tenía una faja, lo confieso: la Power Net, una malla con tirantes que aprieta –sin compasión alguna– cintura, caderas y muslos. Estaba guardada en una gaveta, llevando polvo, pero la tenía. Me la regaló mi madre. Una tarde íbamos caminando por el Dolphin Mall, en Miami. Yo me lamentaba: “No sé qué hacer para rebajar estas piernas, ma. Todo me aprieta”. Ella me respondió: “Vamos a comprarte una faja pero hija, tienes que parar el pico (dejar de comer tanto)”.


Tuve sentimientos encontrados. Subírsela es un pesar. Son como cinco minutos de lucha titánica para que primero pasen las dos piernas. En el tironeo dudé de la talla. Uno siente que alguna de las piernas va a estallar. Cuando logra pasar, viene la lucha con las caderas… sudé la gota gorda. Halé, halé, halé (y podría poner muchos halé más) y lo logré. Finalmente, cubres el torso y prepárate: toca cerrar una veintena de gafetes y, luego, un cierre.

Cuando logras entrar en ella, la Power Net te da ese ‘power’ de sentirte más delgada y estilizada. Una camina fajada hasta las rodillas y –aunque llevas apretujado hasta… digamos que todo– casi puedo escuchar de fondo la canción con la que hacen la pasarela las aspirantes de un reinado de belleza. Una camina con ella puesta y adios gorditos –cauchitos, chichitos, llantitas–, adiós “revolveras” (celulitis a la altura de las caderas), y hasta me atrevería a decir adiós piernas gordas.

Es una asfixia loca, para qué negarlo, pero una se siente regia, estilizada.

Hay tantos modelos de fajas como complejos tenemos las mujeres: la cinturilla, la postparto, la que es térmica y la que no, el body, la que comprime los brazos.

Ahora, todas tienen dos cosas en común: aprietan (mucho) y dan calor (mucho). Para eso están hechas.

Las térmicas tienen una especie de caucho recubierto por las capas de látex. Eso aumenta la temperatura corporal. Hay un modelo que incluso viene con un pantalón de licra multicolor con la misma pinta para que nadie se dé cuenta de que lo que llevas puesto es una faja.

Y claro que adelgazan, porque ese apretón te quita hasta el hambre. Comer con una faja puesta es una tortura. A la mitad del plato la respiración profunda se complica. Una amiga del colegio, por ejemplo, me dijo por Facebook que me ayudaría con esta nota, que se dejaría su faja cinturilla durante todo el día y me contaría, hora a hora, cómo iba el experimento. Ese jueves, a las 10:19 de la mañana, me envió un mensaje directo: “Hoy tuvimos un desayuno en la oficina para despedir a una compañera y me tuve que quitar la faja. Es demasiado incómoda para comer. Me la pondré más tarde”. Nunca más me escribió.

Otra más me contó que lo ha intentado, pero que las abandonó porque le dolía muchísimo el ojo izquierdo. “Es horrible. Comienza con una presión y termina casi explotando”.

Ir al baño así de forrada es otro problema. En mi caso, opté por sacármela cada vez que debía ir, lo que implica: quitarse la camisa, el pantalón, bajar el cierre de la faja, abrir cada gafete, despegarme la faja de la piel y bueno, ya saben. Y de regreso, había que devolver todo a su lugar.

La señora Olga Vega, una vendedora con 13 años de experiencia, me explicó que lo he hecho todo mal. La faja tiene un hueco en el entrepierna que se supone está diseñado para ir al baño. Imitando la postura semiagachada que tomamos las mujeres, me explicó que esa abertura se expande cuando uno se inclina y que, además, la panty se pone por encima de la faja –como un superhéroe. Me niego.

Luego de la Power Net me probé la cinturilla. Comprime el torso y todo lo que hay en él, incluyendo la comida. Pero con ella se respira un poco mejor.

Como si no hubiera tenido bastante, volví a la tienda por dos más: una térmica para el día a día y una para ir al gimnasio. También le acepté a la vendedora un consejo más que les cuento abajo: “Esto es lo último, último, que me ha llegado”, me dijo y yo caí.


Vino entonces la de ir al gimnasio. Esta sí que parece un chaleco antibalas, pero confieso que seguiré utilizándola. Una se siente Robocop. Para hacer cardiovascular da un poco de asfixia la primera vez. Creo que la apreté demasiado. En el siguiente entrenamiento la aflojé un poco y andaba asfixiada igual, pero un poco menos. Sí que sudas más –puede ser mi imaginación o que quiera creer que el sufrimiento vale la pena– pero luego de usarla varias veces sientes el abdomen más plano.

“Lo último” de lo que les hablé antes es una especie de papel plástico que se pone sobre una crema que te deja olorosa a atleta lesionado. Me puse la crema, me enrollé como una maleta que va para Venezuela, me monté el chaleco y me fui al gimnasio. Uno comienza a sudar bárbaramente. Da hasta pena.

Por su parte, la térmica es muy parecida a la Power Net en su diseño. Cubre la cintura y media pierna. “Queman grasa por sudoración”, me dijo la señora Olga. “Bajarás unos centímetros”, agregó. Aunque metérsela es casi un parto sin anestesia, llevarla puesta no es tan grave. Para quienes tienen las piernas rellenitas y caderas anchas, como yo, puede que sea un poco molesta en el trasero y el entrepierna. Pero luego te dicen “¡qué cintura tan pequeña se te ve!”, y suena de nuevo la canción del reinado. A una se le olvida todo el dolor y el padecer. ¿La volvería a utilizar? Solo si tengo tiempo de sobra. Fácil se pierden cinco minutos de tironeo y sudor.

Ahora, volviendo a mi corta, pero apretada experiencia con la Power Net, debo decir que está diseñada para profesionales de la faja, para mujeres que ya están en un nivel avanzado en el uso de estas ligas de compresión corporal, que están acostumbradas.

Con la Power Net alcancé mi máximo. Creo que ésta sí que volverá a llevar polvo en la gaveta. Tenía pensado contarles otras anécdotas más, pero ahora mismo me cuesta hasta tragar saliva. Me voy corriendo al baño de la redacción para soltarme esta faja y volver a mi realidad.


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