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8 sencillos pasos

8 sencillos pasos para reconocer un Thanksgiving latino

8 sencillos pasos para reconocer un Thanksgiving latino

¿Thanksgiving o Sansgiving? ¿Pavo, guajolote o lechón? ¿Cranberry o adobo? Los latinos hemos reinventado esta fiesta.

8 sencillos pasos
8 sencillos pasos
Por Laura Martínez


@miblogestublog

 
 

Faltan sólo unos días para la tradicional comilona del Día de Acción de Gracias (Thanksgiving en inglés, Sansgiving en “español”) que da inicio a lo que yo he bautizado como el Maratón Guajolote Reyes. Y, como ocurre cada tercer jueves de noviembre, de cada año, desde hace muchos, los estadounidenses se preparan con todo para celebrar un feriado que es mucho más popular que la propia Navidad. De hecho, es el fin de semana de Acción de Gracias cuando se mueven más personas por todo el país, básicamente yendo de una ciudad a otra o de un estado a otro para departir con la familia alrededor del tradicional pavo en salsa de cranberry y otras delicias culinarias. 

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Si bien el Thanksgiving es una tradición más estadounidense que el apple pie, los latinos —que ya somos más de 50 millones— lo hemos abrazado con entusiasmo. No importa que muchos de nosotros ni siquiera podamos pronunciarlo, ni sepamos bien a bien a quién hay que dárselas (las gracias) ni por qué; el caso es que cualquier motivo es bueno para beber, comer y echar relajo.

He ahí la razón por la cual este importante evento vacacional-gastronómico es cada vez más popular entre los latinos, pero... mucho ojo, que no es lo mismo un Thanksgiving tradicional que un Sansgivin o Thanksgiving á la latina.

Vea también: Ponle picante a tu cena de Thanksgiving

Es por ello que hemos armado esta sencilla guía para reconocer un Thanksgiving con verdadero sabor latino.

1. No es pavo, es guajolote. Si de familias mexicanas se trata, el anfitrión seguramente no servirá pavo, sino guajolote, y no, no lo bañará en una salsa de frutas extrañas que ni sabe cómo se dice en español.

2. Ni pavo, ni guajolote: éntrenle al lechón. Ahora que si el latino en cuestión es originario del Caribe, hay una enorme probabilidad (yo diría que de aproximadamente el 99 por ciento) de que no servirá ni pavo ni guajolote. En cambio, irá a buscar el cerdo más grande de la colonia para preparar un suculento lechón. Ah, y si le puede acomodar una manzana en la boca, mejor.

3. ¡Qué cranberry, ni qué cranberry! Para empezar, muchos latinos seguimos sin saber a ciencia cierta cuál es el cranberry o esas “visiones” como diría mi abuela. Al pavo, al guajolote o al lechón en cuestión se le sazona con mojo, chile guajillo, chile morita, chimichurri, achiote, adobo o alguna otra delicia condimentada y bien picante.

4. Tostones y plantains; arroz y frijoles. A la hora de las guarniciones, olvídense de la calabaza hervida, el puré de camote, la salsa de cranberry o el pan de maíz. Que rueden las tortillas, los tostones, los frijoles, los gandules el arroz o el plátano macho.

5. La calabaza brilla por su ausencia. Si bien el famoso pumpkin es parte fundamental de la tradición del Thanksgiving, simplemente no ha pegado entre los latinos de este lado de la frontera. Es más, yo siempre he pensado que lo único bueno de la calabaza es la flor, pero sazonada y de preferencia dentro de una quesadilla de maíz azul con queso de Oaxaca.

Si no eres tan perspicaz como para encontrar en el menú las pistas para determinar si estás en un Thanksgiving gringo o uno latino, date una vuelta por la cocina: seguro verás un mínimo de 10 mujeres de todas formas, edades y tamaños en pleno griterío, metiendo su cuchara —literal y figurativamente hablando— en los preparativos para la cena.

Vea también: Thanksgiving con #TwistLatino

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6. La cena es a las 10, no a las 3. Algo a lo que nunca nos podremos acostumbrar es a esa obsesión de “cenar” a las 3 de la tarde. Porque, seamos honestos: ¿quién diantres cena a las 3 de la tarde? Si acaso a esa hora la mayoría nos encontramos en pleno estado de “desempance”, tratando de digerir el opíparo almuerzo que de seguro empezó a las 12 del día cuando apenas abrimos el ojo. La cena no empezará sino hasta las 9 ó 10 de la noche, con chamacos incluidos, que para eso los obligamos a hacer siesta durante el día.

7. ¿Y las gracias? No, gracias. Una vez alrededor de la mesa y tras haber consumido cantidades industriales de botanas, aperitivos, cervecitas y más, nos sentamos a cenar y beber como si fuera a pasar de moda. Es seguro también que no nos verás tomarnos de las manos para dar las gracias colectivamente. Quizás sí querrás dárselas a las cocineras (las gracias) pero nada más.

8. ¿Y el ‘football’? Nah! Al final del atracón, olvídate de pasar a la sala o cuarto de TV para enterrar la cabeza por horas y horas del partido especial de la NFL para la ocasión. Saquen la baraja y súbanle a la música que esto apenas empieza.

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