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Está de moda tener acné (y por qué las pasarelas están haciendo de lo feo algo bello)

En la semana de la moda masculina de Milán una serie de modelos desfilaron con granos y protuberancias que enrojecían la comisura de sus narices perfectas. Ya nadie podrá hacerle bullying a los que tienen brotes faciales porque ahora ellos también pueden ser modelos.
23 Jun 2016 – 11:19 AM EDT

El acné, ese del que todos nos avergonzamos en nuestra adolescencia sale a desfilar a las pasarelas, explota en las caras de los modelos, enrojece la comisura de sus narices perfectas, empantana su frente tersa y ahí puesto sobre la brillante pasarela, legitimado como algo normal, como algo bello lanza una pregunta obvia: por qué a pesar de que todos lo hemos padecido, de que a todos no ha enrojecido alguna vez los cachetes o la quijada lleva encima el estigma de feo, de anormal, de raro. Con este atrevimiento del diseñador malasio Moto Guo durante el Milan Fashion Week la moda parece consolidarse como el lugar en donde lo que siempre se penso feo ahora se hace bello.


Como si se tratara de un bus escolar que hubiera recogido jovencitos púberes, con las hormonas, literalmente, a flor de piel, uno a uno de los modelos de este desfile fueron saliendo con su caras salpicadas de protuberancias rojas que nadie pudo comprobar si eran reales o no. Como sea parecían ir más allá del hiper realismo del maquillaje actual.

La moda durante décadas nos dijo que solo unos eran bellos. Eran los blancos, los altos, los delgados, los rubios, los heterosexuales y, entonces, durante décadas la cultura no se pudo distanciar de la idea de que esos eran los únicos patrones de belleza.


Hoy las cosas han cambiado radicalmente y ya nadie soporta que en una pasarela ya no haya diversidad racial, que no haya apertura genérica en la ropa de los diseñadores, y que la publicidad no incluya cuerpos de tallas y siluetas distintas. A esta inquietud natural por lo marginal, por lo que nunca se miró con inquietud o se pensó como bello a esta revolución de los plus-size, del genderless, de las 25 variedades del color carne, parece ahora unirse una simple reivindicación: la de no padecer lo que nuestro cuerpo naturalmente es.


Claro, los expertos en moda seguirán siendo implacables a la hora de criticar las formas no tan estructuradas y los cortes absurdos del diseñador que debutó en Milán y aunque quizás sus ventas no sean importantes ni entre al hall de la fama de los diseñadores, lo cierto es que con su atrevimiento queda claro que las pasarelas están dejando de ser el lugar para ver las tendencias de la ropa, y se están convirtiendo en los lugares en donde los cuerpos diferentes hacen su manifiesto.

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