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Adelgazar

¿Crees que el yoga no adelgaza? 5 estilos de yoga que te harán sudar hasta la última gota

Publicado 4 Ene 2019 – 01:46 PM EST | Actualizado 4 Ene 2019 – 01:46 PM EST
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Como el yoga es una disciplina ampliamente conocida por sus características terapéuticas, no mucha gente cree en su efectividad cuando quiere bajar de peso. Pero estos dos beneficios no son mutuamente exclusivos. Aunque los estilos más conocidos de yoga no incluyen ejercicios aeróbicos en las clases, esto no quiere decir que no sean ideales para perder peso. Sostener una postura por un tiempo prolongado puede ayudarte a adelgazar, ya que puede ser muy complicado (¿o no has intentado mantener la plancha por más de un minuto?).

Si bien en su forma clásica el yoga se trata, sobre todo, de mantener posturas estáticas, muchos estilos tienen un enfoque más aeróbico y fluido, que permite quemar más calorías. El yoga es una disciplina heterogénea que ofrece mucho lugar a la creatividad: de ahí que hayan salido de ella numerosos estilos. Al popularizarse en el mundo occidental, los estilos se han diversificado aún más.

Los estilos de yoga más efectivos para adelgazar

Si tu objetivo es adelgazar, quizá pienses solamente en correr y hacer pesas. El yoga te ofrece una variedad de estilos para mover tu cuerpo y esculpir tus músculos, cada uno con un objetivo: trabajar la fuerza, la flexibilidad, la resistencia... Si bien cualquiera puede practicar yoga, es recomendable que, si eres principiante, comiences con los ejercicios más sencillos, para evitar lesiones. Con la práctica, podrás ir avanzando de dificultad.

1. Iyengar yoga

Este estilo de yoga, fundado por el reconocido maestro B. K. S. Iyengar, se centra en el detalle de las posturas y en su alineación. En una clase de Iyengar yoga, los estudiantes practican una variedad de posturas, controlando su respiración. Las posturas, en este tipo de yoga, se mantienen por un largo tiempo, mientras se ajustan los detalles de la postura y se llega a alcanzar una perfecta alineación.

El Iyengar yoga se apoya en elementos de ayuda para permitir a sus estudiantes perfeccionar sus posturas de manera segura, evitando lesiones. No es el estilo que más promueve la pérdida de peso, pero definitivamente harás ejercicio, además de sentirte relajada después de la sesión. De acuerdo a Mind Body Green, este estilo es muy bueno para personas que tienen lesiones y deben trabajar de manera lenta y metódica las posturas.

Dado que el yoga de Iyengar compromete todo el cuerpo, a través tanto del ejercicio como de la concentración, promueve la tonificación de los grandes grupos musculares.

2. Vinyasa yoga

También conocido como yoga flow, el vinyasa yoga es el opuesto directo del hatha yoga: el hatha es el estilo que más se enfoca en mantener posturas estáticas, mientras que el vinyasa busca hacer una secuencia fluida de todas esas posturas. En el yoga vinyasa, cada movimiento está sincronizado con una parte de la respiración. Por ejemplo, la secuencia del saludo al sol es un vinyasa complejo, en el que cada postura se combina con una inhalación o una exhalación, señala Very Well Fit.

Este estilo de yoga permite una gran creatividad, pero casi siempre incluirá saludos al sol o algún otro tipo de saludo. Muchas veces, los movimientos de postura a postura son vigorosos y requieren esfuerzo.

3. Ashtanga yoga

Este tipo de clase de yoga es más estructurado, pero sigue los principios del vinyasa. El ashtanga yoga llegó al occidente a través de estudiantes de Sri Pattabi Jois, su creador, que falleció en 2009. Se basa en varias series fijas de gran dificultad. De acuerdo con Do You Yoga, la primera comienza con 5 saludos al sol A y 5 saludos al sol B, continúa con una serie de posturas de pie y finaliza con una serie de inversiones y de posturas sentadas; todas están vinculadas entre sí por una secuencia fluida, un vinyasa.

El ashtanga es un estilo de yoga no recomendado para principiantes. Lo mejor es practicar y dominar otros estilos más sencillos, trabajar la fuerza y la flexibilidad, antes de adentrarte en esta práctica exigente. Eso sí, en ashtanga, no hay parte del cuerpo que no quede exigida.

4. Power yoga

El power yoga fue el estilo que introdujo el yoga en los gimnasios occidentales, por exigir tanto al cuerpo. De acuerdo a Very Well Fit, la invención de este estilo se atribuye tanto a Bryan Kest, un profesor de Los Ángeles, como a Beryl Bender Birch, que daba clases en Nueva York. Los dos eran discípulos de Pattabi Jois de manera indirecta, a través de sus maestros, que estudiaron con este gran maestro en la India. Por tanto, el power yoga se basa en el ashtanga, con la diferencia de que da al profesor más libertad para distribuir las posturas durante la clase, sin ser esta tan rígida. Esto permite además la introducción de diferentes niveles en la clase. Eso sí, no conviene comenzar a practicar yoga con este estilo.

5. Bikram yoga

Este tipo de yoga se originó a partir de Bikram Choudhury, un instructor de yoga que creó una serie de 26 posturas para realizar en un ambiente que estuviera a más de 40 grados. De acuerdo a Very Well Fit, este tipo de yoga, aún hoy, solo puede ser impartido por profesores certificados. Aún así, hay clases de yoga en espacios calientes que no son necesariamente de este estilo.

Bikram creía que el sudor liberaba toxinas del organismo y que por eso era ideal practicar yoga en un ambiente caliente. La realidad es que la transpiración no forma parte del sistema de desintoxicación del cuerpo, pero puede hacerte sentir bien después de hacer ejercicio. Exceptuando las embarazadas, el yoga en espacios calientes es una opción viable para estudiantes de todo tipo, que exige más al cuerpo dada la temperatura a la cual se practica.

Es importante recordar que ninguna de estas prácticas por sí sola te hará adelgazar; debes cambiar tu alimentación y tu estilo de vida para lograr un cambio en tu cuerpo. Dependiendo del nivel de dificultad al que puedas acceder, asiste a las clases de tres a seis veces por semana (los días de descanso son necesarios). Si lo deseas, también puedes combinar hacer yoga con otras prácticas más afines a tus objetivos, como andar en bicicleta, si quieres mejorar tu resistencia, o hacer entrenamientos de fuerza localizados, si quieres tonificar alguna parte del cuerpo en particular.

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