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Belleza

Miss Gordita: el lado B de la belleza en Paraguay

Es cierto que los paradigmas de belleza están cambiando. Lentamente, pero lo hacen. Y Paraguay es uno de los países que mejor lo está entendiendo con este concurso de belleza muy fuera de lo común.
8 Jul 2016 – 3:34 PM EDT

Los concursos de belleza comenzaron con un estereotipo de belleza muy marcado: ser flaca, alta y bonita. De hecho, responder inteligentemente a las preguntas del jurado ni siquiera era tan importante. Recientemente, con la ganadora de Miss USA, pudimos ver a una Deshauna Barber empoderada e inteligente y su respuesta fue esencial para llevarse la corona.


Y aunque sigan existiendo marcas como Victoria’s Secret que lo único que hace es promover un estereotipo de belleza irreal, hay otros que están cambiando totalmente los estándares de belleza, como es el caso de Paraguay. Todos los años, en ese país, se celebra un concurso de belleza fuera de lo común: Miss Gordita. Su objetivo es ir en contra de estándares irreales de belleza y aterrizarlos a su propia realidad, pues en Paraguay más de la mitad de la población adulta tiene sobrepeso, según estadísticas del Ministerio de Salud.

Como principal requisito, las participantes deben pesar al menos 70 kilos. En todo el transcurso del concurso, las participantes son apoyadas con psicólogos, nutricionistas y un asesor de imagen que les ayudan a aceptarse tal cual son. Este concurso es una especie de manifiesto contra la discriminación que sufren las personas con sobrepeso y también de demostrar que la belleza está en la variedad. La ganadora de este año fue Romina Verna y se mostró totalmente desinhibida cuando tuvo que desfilar frente a los jueces y a la prensa internacional –que por primera vez se interesó por este certamen-, porque cada una de las concursantes está orgullosa de sus curvas. Es la quinta edición del concurso, organizado por Michael Beras y su pareja Vero Duarte.


Alejarse de los estándares

Pero ¿qué tiene de malo Victoria’s Secret, se preguntarán? Es cierto, su lencería es maravillosa y quién no sueña tener el cuerpo de Adriana Lima aunque sea por un día. Pero lo cierto es que, como sucede con varias marcas de belleza, atenta con la belleza normal de las mujeres. Al final, nos imponen un estándar de belleza que ni siquiera sabemos de dónde salió ni por qué comenzó. Esto no sólo nos baja la autoestima al querer ser como ellas, sino que también es irreal.


Y no sólo es un mal ejemplo para nosotras. Lo más grave es el ejemplo que se les da a las niñas más pequeñas, cada vez más sexualizadas, de querer parecerse no sólo a una modelo de Victoria’s Secret, sino seguir estereotipos de sus estrellas favoritas. La eterna lucha que tuvieron los padres contra Mattel por evitar que vendiera una muñeca irreal no tuvo frutos de inmediato. Recién, después de 57 años en que apareciera la primera muñeca, Mattel decidió que era hora de cambiar su aspecto, no nada más en temas de figura, sino también en hacerlas de todos los tamaños, de todos los colores y nacionalidades, porque al fin estaban comprendiendo que no todas las mujeres somos iguales, y optaron por la diversidad.

Por eso, hay que celebrar cosas como lo que hace Paraguay. Entender que no tenemos por qué ser flacas o voluptuosas. Aceptar que los estándares de belleza están muriendo y que la diversidad es parte de nosotras.


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