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Amor

'Against Love', un libro que pone las cartas sobre la mesa

A quien quiera que ames hoy, puede convertirse mañana en tu peor pesadilla.
16 Mar 2016 – 1:27 PM EDT

Por Karen Martínez Ávalos |@UnivisionTrends

Al convertirse en un convenio laboral, el amor asfixia y empobrece el ánimo. Te condena a una hipoteca sin fin. No puedes negarte, pero tampoco puedes vivir sin él. Ya lo decía Gabriel García Márquez: “Lo que más me duele de morir, es que no sea de amor”.

Es, la mayoría de las veces, un trabajo tedioso y abrumador en donde hay que satisfacer horarios, actividades, requisitos, demandas y hasta respuestas establecidas. No queda espacio para el ocio y el divertimiento.


“¿Quién te llamó?”, “Si saliste a las 3, ¿por qué apenas llegas a casa?”, “¿Dónde estás?”, “¿Con quién estás?”

Al firmarse un contrato, el empleado acepta las cláusulas a cumplir. Al sellar el acta de matrimonio, la persona se compromete en la salud y la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza. Porque el amor es eso, ¿no? Sacrificio y reciprocidad, derechos y obligaciones.

Esto implica ratificar la lealtad del otro a partir de interrogatorios de rutina y revisiones sorpresa bajo la premisa de que entre “nosotros no hay secretos”.

“¿Qué le haces al dinero?”, “¿Por qué no contestaste el celular?”, “¿Por qué compraste una camisa si hace falta leche?”

Recientemente, la terapeuta Josefina Leroux, columnista de Grupo Reforma, publicó la historia de un hombre que temía por su seguridad luego de que su mujer lo obligara a entregarle el móvil, a punta de martillo, para revisar sus conversaciones privadas.

En American Beauty, Lester Burnham (Kevin Spacey) y su esposa Carolyn (Annette Bening) representan una tragicomedia familiar en donde nada es lo que parece. Se explora, entre otras conductas, la lucha por cumplir con lo establecido y las ganas urgentes de estar en cualquier otro lugar, menos el hogar. Retratan un matrimonio sin vida y con sexo rutinario, casi imperceptible; personas insatisfechas representado su papel, manteniendo las apariencias.

Entonces, ¿un affaire de vez en cuando, estando ya en una relación monógama, es realmente una contradicción estremecedora?

La palaba adulterio, la sola idea de pensarlo, puede causar nerviosismo. Porque hay quien cree que engañar al otro va desde pensar en alguien más, hasta, claro, consumar una sesión arrebatadora y sensual de sexo desenfrenado como el que justamente ya no se tiene en casa.

Esta y otras diatribas analiza Laura Kipnis en Against Love, un libro que pone las cartas sobre la mesa: a quien quiera que ames hoy puede convertirse mañana en tu peor pesadilla.

El fetichismo de los resultados

Afligidos por la corta duración del amor, existe una búsqueda continua y obsesiva de consejos y métodos para salvar y/o conservarlo. Se lidia una batalla constante para sobrevivir al desamor que provoca una relación sujeta a reglas y contradicciones.

Eso sin contar con que el sexo es un asunto que “debes trabajar”: hay que mantener viva la llama de la pasión. Por eso todo mundo hace jornada doble: laboral y amorosa; valoraciones de aptitudes como la posibilidad de alcanzar el orgasmo.

Según una estadística sobre infidelidad, el 74% de los hombres tendría una aventura si jamás llegaran a descubrirlo; el 68% de las mujeres opinó lo mismo. Alrededor del 80% de las entrevistadas asegura que la falta de satisfacción sexual en la pareja es motivo para ser infieles.

El melodrama del adulterio

El dolor del deseo se aloja en la entrepierna, en la sudoración, en la respiración agitada. Es ese encuentro con lo prohibido. Incluso cuando “no has hecho nada”, te odias. Porque aquí aplica la estrategia de la excepción: si es oral, no cuenta; si es con ropa, no cuenta; si fue durante un viaje de negocio, no cuenta; si no hay amor, no cuenta.

El adulterio puede calificarse como sabotaje social, como anarcosindicalismo de la vida privada, señala Kipnis. En 1998, el entonces presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, se enfrentó al escarnio público al confirmarse su infidelidad. Su mujer no era la única que requería de explicaciones: lo exigía el país. Porque el amor, lo que se entiende como amor estable, es una institución, ¿o no?

“…fue un comportamiento horrible e inapropiado, sí, pero no importa lo que diga la gente, fue consensuado (no fue una relación de poder). Y no fue sexo en el sentido real del término (de pie, tumbado, oral, etc.)”, declaró Hillary Clinton, quien aplicó la estrategia de excepción y el “debí trabajar más en mi relación”.Hillary había defendido a su marido y después tuvo que admitir ante un gran jurado que Bill sí había sostenido una "relación inapropiada" con Mónica Lewinsky . Hay que mantener las convenciones sociales.

El problema no es la monogamia: es la persona que eliges para llevar a cabo el plan. La segunda foto más tuiteada en la campaña presidencial de Barack Obama -hablando de relaciones y estabilidad- fue precisamente una en la que se le veía junto a sus dos hijas observando el discurso de Michelle Obama en la convención nacional demócrata en Charlotte.


Domingos que te hacen el amor/ lunes que te joden | 2015

Una foto publicada por alfonsocasas (@alfonsocasas) el


El ejercicio del autoengaño

Quieres cambiar, pero estás atado a un contrato. Has invertido tanto en ello, ¿cómo dejarlo ahora?

La economía de pareja también está gobernada por la escasez, la amenaza y las prohibiciones: “No hay alternativas viables”. El amor es a la vez tóxico e ilusorio. Puede que no empezara de ese modo, aunque por lo general sí.

Cuando te debilitas pueden surgir preguntas fundamentales como a qué tipo de satisfacciones tienes derecho. ¿La relación amorosa es optimismo y renovación, o únicamente de una anestesia emocional?

El problema no es el amor en sí mismo, sino la manzana podrida en la que se convierte.

Against love, de Kipnis, página tras página de provocación reflexiva.

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