publicidad
Un grupo de visitantes extranjeros recorre el malecón de La Habana a bordo de un bus turístico.

El auge del turismo en Cuba tiene su lado oscuro

El auge del turismo en Cuba tiene su lado oscuro

Cuatro millones de turistas visitaron la isla en 2016 y los cubanos ya comienzan a sentirse invadidos, y los productos y el transporte comienzan a ser insuficientes para extranjeros y locales.

Un grupo de visitantes extranjeros recorre el malecón de La Habana a bor...
Un grupo de visitantes extranjeros recorre el malecón de La Habana a bordo de un bus turístico.

LA HABANA, Cuba.- En un abrir y cerrar de ojos, las circunstancias han sacado a Cuba del mimetismo ancestral en el que estaba enclaustrada para dejarla al desnudo. La curiosidad por palpar lo que queda del viejo socialismo soviético puesto en práctica en un paradisíaco archipiélago caribeño ha lanzado a la nación como destino turístico.

Los últimos datos declarados por el Ministerio del Turismo confirman que la isla está de moda: 4 millones de visitantes internacionales llegaron al país el pasado año; casi medio millón más que en 2015, cuando visitaron la isla 3,524,779 extranjeros. Este nuevo récord le viene de maravillas a las arcas de la economía nacional, golpeadas por un año decepcionante que terminó lleno números en rojo en otros rubros.

publicidad

En los días finales de diciembre La Habana colapsó, no había sitio que no estuviera atestado de turistas. Todos los lugares estaban repletos hasta el tope, las calles eran escuadrones de fotógrafos disparando en simultáneo sus flashes contra la ciudad parada en el tiempo. Cualquier opción significaba antes recorrer una larga fila de personas, en las tiendas y en los mercados los productos no satisfacían la demanda.

Una manada de turistas que acaban de desembarcar del crucero Adonia, el...
Una manada de turistas que acaban de desembarcar del crucero Adonia, el primero en llegar desde EEUU en décadas, recorre las calles de La Habana en mayo de 2016.

La visita de un presidente estadounidense después de 88 años, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos y la Unión Europea, el concierto de la banda británica The Rolling Stones en La Habana, esa misma ciudad como garante de la paz en Colombia y como mesa negociadora entre la iglesia católica y la iglesia ortodoxa rusa, además de la muerte de Fidel Castro, pusieron a la isla en la mirilla del mundo durante los últimos dos años.

Si bien desde mediados de 2016 la afluencia turística había venido en ascenso, no fue hasta finales de año que los cubanos comenzaron a sentir la molestia de “ sentirse invadidos”.
Yosney Hernández tiene 37 años y vive en pleno paseo del Prado en la Habana Vieja, trabaja en un mercado agrícola y en sus tiempos libres se sienta en la puerta de su casa para tomar un poco de aire fresco. Desde una banqueta de madera comenta: “Me siento como una prostituta, todos los extranjeros se la pasan tirando fotos el día entero y hablando con uno como si fuéramos del planeta Marte o de un zoológico”.

Pero la verdadera molestia de Yosney y de muchos cubanos no es que los turistas estén descubriendo el mural prehistórico de la contemporaneidad que es Cuba, o tomándoles fotos a los sitios coloniales restaurados o a los derruidos irreparables, sino a la incidencia de ese turismo en la cotidianidad y cómo su inevitable presencia en la isla está supeditando el mercado y la vida social de los cubanos.

Algunos cubanos se quejan de que los turistas les tratan como marcianos...
Algunos cubanos se quejan de que los turistas les tratan como marcianos en su propio país.

“No puede ser que el gobierno permita que los precios suban por el consumo del turismo, porque ellos sí pueden pagar las cosas y nosotros no. Es verdad que ese dinero se queda en Cuba, pero nosotros no lo vemos pasar. ¿Y cómo comemos? ¿Y cómo nos bañamos y nos vestimos? Como están las cosas, ahorita no vamos a poder ni pagar un taxi”, dice Yosney, exacerbado y terminando la conversación.

De lo que más se quejan los cubanos es del transporte público. Como los ómnibus estatales no dan abasto para satisfacer las necesidades de la población, el sustento de las personas son los llamados “almendrones”–autos antiguos particulares que fungen como taxis–, que han dejado de funcionar en masa por sus rutas trazadas y ahora han pasado a prestar servicio directo.

publicidad

“Con la cantidad de extranjeros que hay en la calle, no tiene sentido recorrer una ruta predeterminada, no es culpa nuestra que la gente ahora no tenga cómo moverse. Este es mi negocio y de él yo vivo”, cuenta un taxista que maneja un Ford de 1958 y que no quiere revelar su nombre.

“Me da pena ir vacío y ver a los cubanos desesperados en las calles sin poder coger ningún transporte, pero yo tengo que ir detrás de los extranjeros que son los que pagan bien”, agrega el conductor.

Muchos de los conductores de "almendrones", los carros antiguo...
Muchos de los conductores de "almendrones", los carros antiguos que solían funcionar como transporte público, prefieren ahora prestar servicio de taxi para los turistas.

Los principales productos del mercado nacional también están desaparecidos de los mercados y las tiendas por su alta demanda. Es casi imposible encontrar los estantes llenos con los suministros de primera necesidad.

El crecimiento de la propiedad privada, aparejado al auge turístico y a la no existencia de un mercado mayorista que surta esos establecimientos, trae como consecuencia que los dueños de los negocios se lleven a casa los productos en grandes cantidades y dejen desabastecidos los sitios para poder abastecer sus instalaciones y servirle a los extranjeros.

Normalmente las cosas nunca han alcanzado para todos en este país y ahora menos van a alcanzar con toda esta gente llegando. Ya nada se puede conseguir fácil, el que piense que el turismo nos va a salvar está equivocado”, opina Dinorah Duarte, una señora de 69 años, en la puerta de un mercado en la calle Galiano de Centro Habana.

publicidad

El acelerado auge del turismo agudiza cada vez más la realidad para los cubanos, que sienten ahora doblemente su embate. Una sensación producida, en total medida, por el alza de los precios en el mercado, motivado por la notable incidencia del sector privado en la nueva nación.

Cubanos y turistas hacen fila frente a una agencia de la empresa de enví...
Cubanos y turistas hacen fila frente a una agencia de la empresa de envío de dinero Western Union.

“La economía cubana es tan endeble, está tan maltratada, que cualquier alto índice termina por supeditarla”, explica Juan Triana, economista del Centro de Estudios de la Economía Cubana y profesor de la Universidad de La Habana.

“Ahora mismo lo que impera en Cuba es un absurdo, donde el Estado ha perdido el control de todo, la propiedad privada crece a ritmo acelerado y se está tragando la gestión gubernamental puesto que aumenta cada vez más a la altura del crecimiento del turismo. Sector a los que los dirigentes le han apostado porque no les queda más remedio para salvar al país de un cataclismo”, agrega el economista.

Triana encuentra antecedentes no muy lejanos en el tiempo y se aventura a presagiar lo que podría suceder en la isla en los próximos años: “Cuba ha dejado de exportar casi todo lo que antaño vendía al mundo, incluso productos en los que era líder. Ahora lo importa todo y eso ha generado una sustancial pérdida de autonomía económica, por lo que no les queda de otra que apostarle al turismo y a la inversión extranjera, lo que generaría un cambio de sistema social, idea que aún los dirigentes se empeñan en negar”.

publicidad

Los dos últimos años en Cuba han reconfigurado la historia reciente de la nación. Tuvieron que pasar más de 55 años para que después del triunfo de la revolución en 1959 llegara otra nueva era en la isla. Una etapa a los que ahora muchos apuestan y de la que otros muchos huyen, pero que nadie sabe vaticinar ­–por el momento– su final.

Decenas de turistas abarrotan la barra de La Florida, el bar donde Ernes...
Decenas de turistas abarrotan la barra de La Florida, el bar donde Ernest Hemingway solía tomar daiquirís, durante la visita del presidente Barack Obama a Cuba.

“En octubre de 2016 las habitaciones rentadas en casas particulares registraban un incremento de un 130% con respecto al 2015 y existían un total de 3,138 casas privadas y 441 paladares contratadas por las agencias cubanas de viaje”, declaró María del Carmen Orellana, directora general de Mercadotecnia del Ministerio del Turismo, al diario estatal Granma.

En la última sesión del parlamento cubano en 2016, Ricardo Cabrisas, ministro de Economía y Planificación, tuvo que admitir el complicado panorama que enfrenta la nación al comentar “la tensa situación existente con la disponibilidad de divisas, el incumplimiento de los ingresos previstos por las exportaciones y el insuficiente suministro del combustible”.

Además, en su alocución admitió las “limitaciones financieras”: el producto interno bruto (PIB) cayó un 0,9 %, por debajo del 1 % previsto, en gran parte condicionado por la reducción de los envíos de crudo subsidiado por Venezuela. “Esa situación coloca a la economía nacional en un escenario que no podrá revertir en el corto plazo”, afirmó Cabrisas.

publicidad

En este contexto de crisis en que vive la isla, el turismo es más imprescindible aún para el Estado, pues suele solventar las dificultades del resto de los rubros e indicadores que tributan a la economía cubana. De ahí que entre las principales políticas de Raúl Castro y su Consejo de Administración esté seguir fortaleciendo la infraestructura hotelera y de servicios, por encima de otro orden de prioridades para el pueblo, con el fin de complacer a los visitantes.

El crecimiento notorio del turismo en Cuba está dejando buenos dividendos traducidos en las necesarias divisas que la depauperada economía antillana necesita. Pero hay una falla sistémica, un mal de fondo que está haciendo sonar las alarmas de los cubanos.

Detrás de un mostrador, en una panadería-dulcería cuentapropista del Vedado, un joven graduado de filosofía en la Universidad de La Habana funge como dependiente. Arnel Martínez tiene 28 años y dejó su empleo estatal porque su salario lo consideraba una burla. Sobre el turismo dice: “Si el país no es funcional para nosotros y para los extranjeros sí significa que no los han vendido”.

Vea también| En fotos: Llega a La Habana el primer vuelo comercial desde Miami en 50 años

En fotos: llega a La Habana el primer vuelo comercial desde Miami en 50 años
Relacionado
El efecto de Obama en Cuba; ¿Ha cambiado algo?
El efecto de Obama en Cuba: ¿ha cambiado algo?
Seis meses después de que el presidente de Estados Unidos visitara la isla, los cubanos aún no se ponen de acuerdo sobre su impacto. Se ha estancado un programa de reformas del gobierno, mientras que los ansiosos residentes rezan por una invasión de turistas.
publicidad
Contenido Patrocinado
En alianza con:
publicidad
publicidad