"Melania Trump viste disfraces": la primera dama y sus dos años de atuendos incorrectos

Este 20 de enero Melania Trump cumple dos años como primera dama de Estados Unidos. Ante su rol poco protagónico, han sido sus vestidos –de confusas y polémicas lecturas políticas– los que mejor permiten hacer un resumen de lo que ha sido su paso por la Casa Blanca.
20 Ene 2019 – 12:08 PM EST

Era 2016 y había llegado el día del segundo debate presidencial. Melania Trump se asomaba a lo que podría ser su nueva vida si su marido, el excéntrico millonario Donald Trump, llegaba a la presidencia. Apenas ponía sus pies en esa movediza arena y ya tenía que vivir las maneras inesperadas en las que su vestido iba a intervenir en los asuntos de la política.

Llegó vestida toda de fucsia, como si quisiera hacerse visible para todos, a pesar de que en los días anteriores los medios solo habían hablado de las polémicas grabaciones de su marido en las que alardeaba de manosear a mujeres sin su consentimiento: "Las beso. Ni siquiera espero. Y cuando eres una estrella, te dejan hacerlo. Puedes hacer cualquier cosa. Lo que quieras. Agarrarlas por el pussy (que en inglés significa vagina). Lo que sea”, se le escucha decir.

Entonces escuchamos la palabra en inglés pussy en los medios una y otra vez, y como si la audiencia no hubiera tenido suficiente, Melania Trump decidió asistir al debate haciendo eco de la polémica: elegía justo un modelo de blusa de la casa Gucci, que se conoce en la moda con el nombre de 'Pussy-bow'.


¿Había algo deliberado en esta coincidencia? ¿Sabían acaso sus asesores que esa blusa tenía ese nombre y habían ignorado advertírselo o, incluso, se la habían sugerido para generar la polémica? ¿Era Melania Trump una simple inocente o quería ella enviar algún tipo de mensaje que la audiencia no terminaba de descifrar?

Las preguntas que levantó la escandalosa blusa de 1,000 dólares serían habituales en las siguientes elecciones de estilo que, ya habitando la Casa Blanca, seguiría suscitando Melania Trump.

“Desde el principio la encontré bastante despistada e incapaz de relacionarse de manera productiva con su papel de primera dama. ¡Es sorprendente ver que sus asesores la hayan dejado usar lo que ha usado! Su elección de vestimenta refleja su propio gusto costoso y recuerda las competencias en términos de estilo que tiene una ex modelo de moda, pero no reflejan una comprensión de lo que significa ser una figura pública, que, por supuesto es lo que la primera dama de los Estados Unidos sobre todo es”, asegura Andreas Behnke, experto en teoría política internacional de la Universidad de Reading y autor del libro 'The International Politics of Fashion’ (La política internacional de la moda, 2016).

Con la elección para la posesión presidencial de un traje en tono ‘azul bebé’ similar en color y corte al que había usado Jackie Kennedy en 1961, Melania Trump alardeaba de ese papel clásico que asumiría como primera dama. Al emparentarse con un ícono confeso de estilo, la esposa del presidente John F. Kennedy, se alineaba también con sus maneras: unas más apegadas a hacer revoluciones de estilo que realmente cercanas a tener un papel de primera dama activo.

Los primeros meses del gobierno de Trump, su ausencia de la Casa Blanca la mantuvieron visible sobre todo ‘en sus vestidos de domingo’, esos trajes que usaba cuando el presidente Trump se escapaba de descanso cada semana a su casa en Mar-a-Lago.

Paradójicamente sus apuestas favorecieron su imagen que empezó a subir en las encuestas, sobre todo entre los hombres, como lo encontró una encuesta de CNN.

“Sus atuendos seductores y elegantes fueron bien recibidos en ciertos círculos y, sin duda, entre los hombres, por lo cual no sorprendió a nadie los hallazgos de esa encuesta. Bastaba con ver la mirada que despertó entre políticos durante la posesión o entre congresistas en su aparición en el discurso del Estado de la Unión”, le dijo a Univision con gracia Elizabeth Mehren, una profesora de la Universidad de Boston que durante décadas ha cubierto desde el periodismo a las primeras damas que han habitado en la Casa Blanca.

Luego, sin embargo, cuando la agenda política se hizo ineludible, sus elecciones estilísticas empezaron de nuevo a ser imposibles de ignorar. A ser, sobre todo, difíciles de leer.


Lista para el show

En mayo de 2017, Melania Trump apareció con su cabeza cubierta por un manto negro y usando un fino vestido en encaje de la casa italiana Dolce & Gabbana para su encuentro con el Papa Francisco. Sin embargo, unos días antes, durante su viaje a Arabia Saudita se había abstenido de cubrirse la cabeza como se le pide a las mujeres en este país y como suelen hacerlo como gesto de respeto las mujeres cercanas al poder que viajan por esas tierras, desde Diana de Gales a Michelle Obama.


Su ropa volvió a ser noticia cuando fue su turno de acompañar, por primera vez, a su marido en un viaje de gobierno por fuera del país. Melania Trump se encontró con las primeras damas de los otros seis países más poderosos del mundo en Sicilia. Italia, durante la reunión del G7 y no tuvo reparos en llevar una chaqueta, cuyo costo estrambótico de 51,000 dólares, hizo que imposible no pensar que esa sola pieza equivalía al costo de una casa de tres cuartos en Ohio, o el total de las cuentas de un hogar promedio estadounidense por un año.

10 cosas que comprar con los 51,500 dólares que cuesta la chaqueta de Melania Trump

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“Sí hay un hilo común en las elecciones de la primera dama y es que se viste ‘para el show’, identificando diferentes lugares como escenas para las cuales vestir de una manera particular, a menudo de una manera políticamente inapropiada”, asegura Andreas Behnke quien explica: “Para ella, África es un lugar exótico, por lo que se viste de acuerdo con los clichés de ese lugar y elige erróneamente un sombrero tipo casco salacot que recuerda no a los locales sino a los conquistadores británicos. La visita al Papa se convierte en un espectáculo en el que se viste como una buena esposa católica. Un viaje a Italia requiere de la moda de Dolce & Gabbana, porque es la casa de moda más ‘italiana’. En cierto sentido, a menudo usa ‘piezas de disfraces’ que no expresan ni reflejan el estilo sartorial político estadounidense”.


‘Disfraces’ carentes de empatía

El 29 de agosto del 2018 el país estaba sumido en un profundo duelo por las devastaciones que trajo el huracán Harvey y sus inundaciones en toda la zona de Texas. Melania Trump decidió acompañar a su marido en un viaje de última hora para hacerle frente a la tragedia, decisión que muchos se adelantaron a aplaudir considerando su ausencia notable en los asuntos del estado.

Pero cuando salió de la Casa Blanca y se subió al avión presidencial con un traje todo negro, una bomber jacket verde militar, unas gafas aviator y unos tacones negros, la primera dama parecía más digna de un aviso de Vogue que de una misión de reconocimiento de una tragedia.


“Ella sabe que tú sabes que ella no va a experimentar el horror de la tragedia, entonces ¿por qué pretender que sí?”, se preguntó la editora de moda del diario Washington Post ante los impertinentes stilettos. Los tacones de Melania, no eran más que el anticipo de ese trato distante y poco empático que el propio presidente Trump mostró con las víctimas, a quien a duras penas mencionó en su discurso cuando visitó el estado.

Pero ni los tacones, ni el manto negro, ni la chaqueta de $51,000, ni la blusa 'Pussy-bow', ni el sombrero blanco que usó para ver a Briggitte Macron ni tampoco el que usó para ir a África igualarían el desconcierto que generó la prenda que ha sido en estos dos años el epíteto de lo que Melania Trump cree debe hacer con su vestido: la chaqueta de la marca Zara con el mensaje “En realidad no me importa, ¿a ti sí?”, que usó para visitar un centro de detención de menores inmigrantes separados de sus familias en la frontera.


¿A quién iba dirigido es mensaje? Algunos esperaban que el mensaje fuera dirigido a su esposo, pero otros temían que fuera dirigido a los niños. Pocos anticiparon su propia explicación final: fue dirigido a los "medios de comunicación de izquierda".

“No se logra discernir un mensaje claro en el ropero de Melania, pero de nuevo, no porque ella sea ingenua sino porque es incompetente en su rol como primera dama y su chaqueta para visitar a los niños de la frontera fue la peor expresión de su falta de tacto y de entendimiento. Fue un tuit sartorial, un brochazo torpe y rudo que solo hace pensar en las formas como su marido ofende a sus enemigos y a sus aliados en Twitter. Lo que nos quedó claro es que a ella lo único que de verdad le importaba era su chaqueta”, añade Andreas Behnke.

Mientras sus esfuerzos estilísticos no parecen producir los frutos correctos en la arena política tampoco parecen producirlos en el mundo de la moda, en donde la mayoría de publicaciones importantes pasan de sus atuendos no solo por lo equívocos en sus mensajes, sino porque prestarles atención, celebrarlos, sería de alguna manera una especie de aprobación y alineación con la política de su esposo, que parece ir en contravía de la agenda misma de la moda.

A diferencia de Michelle Obama, a Melania Trump las revistas de moda no le hicieron caso en su viaje por Asia

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