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Tiroteo en California

Lleno de ira y problemático: la conducta del atacante del bar de California ya preocupaba a sus vecinos

Algunos de los que conocieron al atacante no se sorprendieron cuando escucharon que había sido él quien había matado a 12 personas que disfrutaban de una fiesta. Sus vecinos aseguran que era la única persona que había logrado acabar con la tranquilidad de la comunidad de Newbury Park.
10 Nov 2018 – 7:20 PM EST

El encuentro entre las autoridades de California y el atacante del Borderline Bar & Grill no había sido el primero. En abril, las autoridades de la Oficina del Sheriff del condado Ventura lo visitaron luego de que los vecinos reportaran disparos y gritos en medio de la noche en la casa del vecindario Newbury Park.

Cuando las autoridades llegaron, reporta el diario The Washington Post, se encontraron con un hombre lleno de ira, que manipulaba sus pistolas y rifles y les mostraba desafiante cómo podía usarlos, contó un vecino.

Al final, salió de la casa y habló con las autoridades, quienes concluyeron que él no representaba una amenaza ni para sí mismo ni para sus vecinos. El hecho quedó allí, hasta este jueves cuando se conoció que el responsable de la muerte a disparos de 12 personas que disfrutaban de una fiesta de música country era Ian David Long, de 28 años.

Pero este no era el único destello de violencia que había demostrado el atacante del Borderline Bar & Grill. Su entrenadora de trote, Dominique Colell, dijo al diario The New York Times que desde la secundaria la conducta del joven era explosiva y abusiva. Aseguró incluso que era un error culpar de su comportamiento a los años que pasó como infante de Marina (de agosto de 2008 a marzo de 2013) o a los daños que le dejara servir en Afganistán de noviembre de 2010 a junio de 2011. Sin embargo, ese tiempo fue de los más sangrientos que se vivieron en el conflicto con la insurgencia talibana.

"No se le debe atribuir al PTSD (sindrome postraumático). Él estaba trastornado desde mucho antes", dijo la entrenadora al Times. "Él tenía propensión a la violencia antes de que entrara al Ejército".


En las prácticas, contó la entrenadora, él acostumbraba a maldecir y como castigo ella lo mandaba a correr millas extras, como pasaba con muchos otros estudiantes. Pero en el caso de Long, en una ocasión terminó corriendo 13 millas como penitencia por insultar a la coach: "Los estudiantes se quedaban anonadados con que alguien pudiera ser tan irrespetuoso".

Y la violencia de este estudiante trascendió a física. En una ocasión, Colell encontró un teléfono celular en la pista y mientras trataba de dar con el dueño, él corrió hasta ella y le dijo que era suyo. Ella se negó a devolvérselo y él le tocó las nalgas y la cintura. "Él quería llegar al teléfono, pero en realidad me tocaba mis partes". Lo castigó expulsándolo de la pista.

Buscando un culpable en el PTSD

Uno de los primos del atacante llamado AJ Schramm, contó a CBS News lo cambiado que vino Long de su servicio militar. Ambos se distanciaron, pero algunos miembros de la familia se preguntaban si había regresado de Afganistán padeciendo de estrés postraumático.

En 2006, Long y su madre, Collen Long, se mudaron a Fowler Avenue, según registros consultados por el Post. Sus vecinos decían que ella era amigable, pero lo describieron a él como alguien lleno de ira y problemático.

Carol Richardson, quien vivía a unas casas del atacante, contó al Post que un amigo debió ir varias veces a la vivienda a calmar al muchacho. "Siempre supimos que tenía problemas", dijo la hija de 19 años de Carol, Morgan Richardson.

Newbury Park es un vecindario tranquilo. Por eso es que los vecinos se alarmaron, por ejemplo, cuando ocurrió el incidente de abril. En ese momento, cuando el equipo de intervención en crisis de la Oficina del Sheriff de Ventura y un especialista en salud mental lo evaluaron, pensaron que sufría de PTSD, como pasa con muchos veteranos que van a zonas en conflicto.

Bajo la orden 5150, las autoridades pueden tomar gente en custodia y retenerla durante 72 horas si consideran que puede representar una amenaza para él o para otros. Pero esa vez concluyeron que no era peligroso y lo dejaron en casa.

Este no fue el único contacto de las autoridades con el atacante. Hubo otros momentos, relacionados en su mayoría con incidentes menores de tráfico. Nunca se llegó a una conclusión que señalara que podría generar un problema mayor, como el asesinato de 12 personas y su suicidio.

Una constante: los problemas mentales

El atacante del Borderline Bar & Grill compró un arma legalmente, que disparó contra todos dejando al menos a 20 heridos. Era una Glock calibre .45, potenciada con un selector que permite aumentar el número de munición, con lo que en lugar de 10 balas pudo disparar muchas más de una sentada.

Tras cada tiroteo, en el debate surge la pregunta de cómo una persona con desequilibrios mentales puede acceder a un arma de fuego. Y la respuesta termina siendo la misma: comienza una tensión entre quienes creen que deben endurecerse las regulaciones y chequeos de la condición mental y antecedentes de los compradores, versus quienes aseguran que se trataría de una violación de la Segunda Enmienda de la Constitución, que garantiza el libre acceso a las armas.

Sin embargo, los ejemplos están a la vista.

El atacante de la secundaria Marjorie Stoneman Douglas, en Florida, tenía registros de desequilibrio mental realizados por su propia escuela, que le recomendó comprometerse involuntariamente con una evaluación, según lo establece la Ley Baker de Florida.

Los documentos, que son parte de su caso criminal en el tiroteo, muestran que había escrito la palabra "matar" en una libreta, le había dicho a un compañero de clase que quería comprar una pistola y usarla, y se había cortado el brazo supuestamente con ira luego de haber terminado con una novia. También le dijo a otro estudiante que había bebido gasolina y estaba vomitando. Incluso se habían hecho llamadas al FBI alertando de la posibilidad de que usara una pistola en la escuela.

A pesar de todo eso, este atacante compró legalmente el fusil AR-15 con el que mató a 17 de sus excompañeros de colegio.


Una historia similar se repitió en Texas hace un año. El hombre que mató a 26 personas en una iglesia tenía un registro de conductas violentas, de maltrato a su pareja y a su hijastro, a quien llegó a romperle el cráneo. Él había escapado de una institución mental en Nuevo México en 2012 cuando estaba en la Fuerza Aérea, donde había sido internado por los abusos contra sus familiares.

Su historial de violencia también incluyó ataques a su suegra. Las autoridades informaron entonces, que Kelley enviaba mensajes de texto amenazantes a la mujer.

A pesar de eso y gracias a que la Fuerza Aérea no ingresó en la base de datos del Centro Nacional de Información Criminal del FBI los delitos de violencia que había cometido el hombre —un error que, por ley federal, le hubiera impedido comprar armas— logró adquirir cuatro armas, dos en Colorado y otras dos en Texas.

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