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Coronavirus

Trump dijo que estará lista a finales de 2020, pero la carrera para conseguir una vacuna contra el coronavirus puede llevar años

El mundo entero tiene la vista puesta en una vacuna efectiva contra el coronavirus. Pero incluso cuando esté desarrollada, dentro de 12 o 18 meses según los cálculos más optimistas, todavía habrá numerosos escollos por salvar relativos a su producción y distribución.
16 May 2020 – 10:51 AM EDT

En un acto especial en el jardín de las rosas de la Casa Blanca el viernes, el presidente Donald Trump aseguró que para finales de este año es muy probable que esté lista la vacuna contra el covid-19. Tal afirmación fue secundada en el mismo acto por su nuevo experto en inmunizaciones e incluso por el secretario de Defensa.

Un día antes, Rick Bright, el experto en vacunas relevado por Trump, declaró ante un comité de la Cámara de Representantes que el cronograma de 12 a 18 meses para tener lista la vacuna era un "calendario agresivo" y agregó que había un optimismo excesivo. Indicó además que su preocupación es que "si nos apresuramos demasiado rápido y consideramos eliminar los pasos críticos, es posible que no tengamos una evaluación completa de la seguridad de esa vacuna, por lo que todavía tomará algún tiempo".

Consultada por Univision Noticias, la doctora Aileen Marty, especialista en enfermedades infecciosas, aseguró que el anuncio del mandatario es poco probable que se haga realidad. "No hay ninguna vacuna por ahora y tenerla lista para el 1 de enero de 2021 sería una cosa increíble y muy improbable", precisó.

La clave de la vacuna, dicen expertos, no es su creación, sino la carrera contrarreloj para producirla masivamente y distribuirla a miles de millones de personas.

Si el coronavirus se convierte en un virus endémico similar a la influenza (el virus que causa la gripe) tal y como prevén muchos expertos, probablemente no dispongamos de vacunas en número suficiente para toda la población durante unos cuantos años, incluso con los esfuerzos sin precedentes para fabricar miles de millones de dosis.

Cerca del 70% de la población mundial probablemente necesitará recibir inmunización para establecer la inmunidad de grupo, señalan los expertos. Así las cosas, el panorama más temido es una disputa mundial en la que los fabricantes venden al mejor postor y los países más pobres experimentan dificultades para hacerse con vacunas efectivas, algo que ya ocurrió en el pasado reciente.

Monopolio de los ricos

Esto es justamente lo que ocurrió en 2009, cuando los países ricos (entre ellos EEUU, con Barack Obama como presidente) se encontraban al frente para recibir la vacuna contra el virus H1N1 (que causaba la gripe aviar), y dejaron en la cuneta a los países menos prósperos. En este caso, los países ricos monopolizaron el acceso a la vacuna, y los pobres quedaron detrás. Accedieron a la vacuna tarde y mal, lo que sería muy preocupante en el caso del coronavirus.

“Si la vacuna no está disponible de forma global, no seremos capaces de detener la pandemia, porque un brote en un lugar es un brote en todos los lugares”, dijo en un podcast Gavin Yamy, director del Centro para las Políticas de Impacto en Salud Global de la Universidad de Duke.

En EEUU, las autoridades a cargo de una respuesta de emergencia ante la crisis sanitaria ya han señalado, en línea con la política de Donald Trump en esta y otras acciones, que su prioridad será este país. “En este momento, estamos centrados en que el conjunto de Estados Unidos acceda a la disponibilidad de vacunas”, dijo Gary Disbrow, director en funciones del Biomedical Advanced Research and Development Authority (BARDA), en declaraciones a The Washington Post.

Tal y como ocurrió con los equipos de protección y los respiradores artificiales, la competición por las vacunas promete ser dura.

Decenas de compañías están en la carrera para desarrollar vacunas utilizando diferentes tecnologías. En estos momentos, hay al menos 120 proyectos de investigación de vacunas patrocinados por gobiernos, universidades, instituciones sin ánimo de lucro y compañías privadas. La mayor parte de ellos están en fase preclínica (esto es, la evaluación in vitro, sobre células en cultivo y animales de laboratorio).

Gigantes farmacéuticos como Pfizer y Johnson & Johnson llevan por su parte semanas tomando posiciones, testeando candidatos e identificando fábricas para asegurar la producción del objeto más deseado. Los más grandes fabricantes de vacunas en el mundo (y competidores) GlaxoSmithKline y Sanofi, establecieron hace unas semanas una alianza sin precedentes para trabajar en conjunto una vacuna que, según sus cálculos, podría empezar ensayos clínicos en unos meses y estar disponible en el segundo semestre de 2021. La ventaja es que ambas empresas tendrían la capacidad de producir los cientos de millones de dosis que se necesitarían.

Nunca en la historia de la humanidad se habían empleado tantos medios materiales y humanos para investigar una vacuna, pero aún así no está nada claro lo que va a ocurrir. Incluso si se cumplen las previsiones más optimistas, será necesaria una gigantesca capacidad de fabricación a larga escala. Es, además, una carrera de riesgo, porque nadie sabe cuál de todos los proyectos va a ser exitoso; es posible que algunas fabricantes produzcan millones de dosis que quizás acaben en la basura.

“No solo debemos enfocarnos en la disponibilidad de una primera dosis, sino saber cuándo habrá suficientes dosis para proteger a toda la población de alto riesgo”, explicó al Science Media Center David Salisbury, quien diseñó del programa nacional de inmunización de Reino Unido.

Bajo esta premisa, el fundador de Microsoft Bill Gates donó fondos, a través de su fundación, para la construcción de siete fábricas para las vacunas con mayor potencial de ser exitosas: una solución que implicará grandes pérdidas monetarias, pero que ahorra algo crucial para ganar la batalla contra el nuevo coronavirus: tiempo.

“Aunque terminaremos escogiendo como mucho dos de esas vacunas, vamos a dar fondos para fábricas de todas las siete, para que no perdamos tiempo en decir: ‘ok ¿qué vacuna funciona?’ y luego tener que construir la fábrica”, dijo Gates en The Daily Show.

Récord de cuatro años

El desarrollo de vacunas es un proceso de gran complejidad que necesita muchos años y dinero. El récord en el desarrollo de una vacuna contra un virus lo tiene la vacuna contra las paperas, que requirió "tan solo" cuatro años.

Si la vacuna contra el coronavirus se desarrollase en año o año y medio sería un hito histórico para la humanidad.

Otro problema más: como no tenemos ninguna vacuna efectiva contra los coronavirus (el MERS y el SARS dejaron de causar problemas enseguida y los coronavirus estacionales solo provocan resfriados leves) no partimos de infraestructura ya establecida para producir este tipo de vacunas.

Hay muchas esperanzas puestas en la Universidad de Oxford, donde ya se ha iniciado un ensayo de eficacia con una vacuna con un virus distinto (un adenovirus de chimpancé) inofensivo para el humano y manipulado genéticamente para producir anticuerpos contra el covid-19. “Hay otras vacunas en fase de ensayo, pero la diferencia es que esta de Oxford ya pasó antes del covid-19 por pruebas de tolerancia y seguridad con lo que los plazos de desarrollo se acortan considerablemente”, señaló a Univision Noticias el médico epidemiólogo Juan Alonso-Echanove.

Este experto cree, no obstante, que probablemente dispongamos de esquemas de tratamiento eficaz mucho antes que la vacuna. “Hay numerosos ensayos clínicos en marcha comparando diferentes pautas, y cada vez conocemos más el espectro de la enfermedad, la evolución de marcadores de riesgo, la respuesta serológica, etc. Esto permite diseñar estrategias de tratamiento ajustadas a la fase en la que se encuentre el paciente. Todo esto lo veo más positivo que la vacuna”, señala.


La carrera por la vacuna contra el coronavirus: así fueron las primeras pruebas en humanos en Estados Unidos (fotos)

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