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Coronavirus

Hambre de piel o cómo vivir sin el contacto físico que nos ha robado la pandemia

El coronavirus se ha llevado por delante (también) los abrazos y besos, y nos ha dejado con una gran necesidad de contacto físico con los amigos y seres queridos con los que no convivimos. El distanciamiento social hace que esto sea difícil, aunque no imposible, de compensar.
14 Jun 2020 – 12:41 PM EDT
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Los abrazos y el contacto físico reducen de forma significativa las angustias existenciales. Estos días de distanciamiento social hay que arreglarse con lo que hay. Crédito: VALERY HACHE/AFP via Getty Images

El video viral de dos primos en Kentucky abrazándose y llorando de emoción tras haber pasado varias semanas separados por el confinamiento representa algo que seguramente todos hemos vivido a estas alturas en carne propia, y nunca mejor dicho. Abrazarnos por primera vez en mucho tiempo a un ser querido puede ser tan emotivo que nos haga llorar, como les ocurre a estos niños.

Necesitamos los abrazos. Con el acto de abrazar se reduce la producción de cortisol, la hormona que segregamos ante situaciones de estrés y, en cambio, se propicia la de oxitocina, la llamada 'hormona del amor', que nos hace sentir bien y promueve sentimientos de confianza y unión (sí, justo lo que necesitamos).

Sus niveles suben cuando nos damos la mano, nos abrazamos o recibimos un masaje terapéutico. ¿Por qué nos agrada tanto? Estudios como los de Matt Hertenstein, psicólogo experimental de la DePau University, en Indiana, muestran que una zona del cerebro, justo encima de los ojos, se activa en repuesta al contacto físico amistoso. Esta es la misma área que responde a los sabores dulces y a los olores agradables, por ejemplo. “El contacto es un estímulo de recompensa muy poderoso”, aclara este experto.

“Los humanos tienen vías cerebrales que están específicamente dedicadas a detectar el contacto afectivo”, dice Johannes Eichstaedt, científico de computación social y profesor de psicología en la Universidad de Stanford. “El contacto afectivo es el modo en que nuestros sistemas biológicos comunican entre sí que estamos seguros, que somos amados, y que no estamos solos”.

Los abrazos y el contacto físico reducen de forma significativa las angustias existenciales. Nos lo imaginábamos, pero lo prueba una investigación publicada en el diario Psychological Science. Sirve hasta abrazar a un osito de peluche, pero mucho mejor con un humano. “Incluso momentos triviales y pasajeros de roce interpersonal pueden ayudar a la gente a lidiar de forma más efectiva con problemas existenciales”, escribe el investigador Sander Koole en el estudio.

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¿Cómo practicar adecuadamente el distanciamiento social para prevenir el coronavirus?
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