Declaración escrita del exdirector del FBI sobre sus controvertidos contactos con Trump en relación al 'Rusiagate' (en español)

El testimonio de James Comey se dio a conocer justo un día antes de su comparecencia en el Comité de Inteligencia del Senado.
7 Jun 2017 – 7:54 PM EDT

Declaración para el registro


Comité Selecto del Senado sobre Inteligencia



James B. Comey



8 de junio de 2017

Presidente Burr, Legislador de Rango Warner, Miembros del Comité,

Gracias por invitarme a comparecer ante ustedes hoy. Se me pidió declarar hoy para describirles a ustedes mis interacciones con el presidente electo y presidente Trump sobre temas que entiendo son de interés para ustedes. No he incluido cada detalle de mis conversaciones con el presidente, pero hasta donde yo recuerde, he intentado incluir información que pueda ser de interés para el Comité.

Sesión informativa del 6 de enero


Me reuní por primera vez con el entonces presidente electo Trump el viernes 6 de enero, en una sala de conferencias en la Trump Tower, en Nueva York. Yo estaba allí con otros líderes de la Comunidad de Inteligencia (CI) para informarles a él y a su nuevo equipo de seguridad nacional sobre los resultados de una evaluación de la CI sobre los esfuerzos rusos para interferir en las elecciones. Al término de esa sesión informativa, me quedé a solas con el presidente electo para informarle personalmente sobre algunos aspectos delicados de la información recopilada durante la evaluación.

La directiva de la CI consideró importante, por varias razones, alertar al presidente entrante sobre la existencia de este material, aunque fuera lascivo y no comprobado. Entre esas razones estaban: (1) sabíamos que los medios de comunicación estaban a punto de publicar el material y creímos que la CI no debía ocultarle el conocimiento del material y su inminente publicación al presidente electo; y (2) en la medida en que hubiera algunos esfuerzos para comprometer a un presidente entrante, nosotros podríamos mitigar cualquiera de estos esfuerzos con estas sesiones informativas defensivas.

El Director de Inteligencia Nacional pidió que yo personalmente hiciera esta parte de la sesión informativa, porque yo iba a mantener mi posición y porque el material implicaba las responsabilidades de contrainteligencia del FBI. También acordamos que yo lo haría solo para minimizar la potencial vergüenza al presidente electo. Aunque acordamos que tenía sentido que yo hiciera la sesión informativa, la directiva del FBI y yo estábamos preocupados de que la sesión informativa pudiera crear una situación donde un nuevo presidente asumiera el cargo con dudas de si el FBI estaba realizando una investigación de contrainteligencia sobre su conducta personal.

Es importante entender que las investigaciones de contrainteligencia del FBI son diferentes a las más conocidas investigaciones penales. El objetivo del Buró en una investigación de contrainteligencia es comprender los métodos técnicos y humanos que las potencias extranjeras hostiles utilizan para influir en Estados Unidos o robar nuestros secretos. El FBI utiliza ese entendimiento para interrumpir esos esfuerzos. A veces la interrupción toma la forma de una alerta a una persona que está siendo blanco de esfuerzos de contratación o influencia por parte de la potencia extranjera. Algunas veces involucra el refuerzo de un sistema informático que está siendo atacado. Algunas veces implica "convertir" a la persona contratada en un doble agente, o exponer públicamente el comportamiento con sanciones o expulsiones de oficiales de inteligencia radicados en las embajadas. En ocasiones, el procesamiento penal se utiliza para interrumpir las actividades de inteligencia.

Dado que la naturaleza de la nación hostil extranjera es bien conocida, las investigaciones de contrainteligencia tienden a estar centradas en las personas que el FBI sospecha de ser agentes voluntarios o involuntarios de esa potencia extranjera. Cuando el FBI desarrolla la razón para creer que un estadounidense ha sido objetivo de reclutamiento por parte de una potencia extranjera, o de manera encubierta está actuando como agente de la potencia extranjera, el FBI "abre una investigación" sobre ese estadounidense y utiliza las autoridades legales para intentar conocer más acerca de la naturaleza de cualquier relación con la potencia extranjera para poder interrumpir esas actividades.

En ese contexto, antes de la sesión informativa del 6 de enero, discutí con el equipo de la directiva del FBI si yo debía estar preparado para asegurarle al presidente electo Trump que no lo estábamos investigando a él personalmente. Eso era cierto; no teníamos abierto un caso de contrainteligencia sobre él. Acordamos que debía hacerlo si las circunstancias lo exigían. Durante nuestra reunión individual en la Trump Tower, basado en la reacción del presidente electo Trump ante la sesión informativa y sin que él directamente hiciera la pregunta, le ofrecí esa garantía.

Me sentí obligado a documentar mi primera conversación con el presidente electo en un memorándum. Para garantizar la precisión, empecé a escribirlo en una computadora portátil en un vehículo del FBI fuera de la Torre Trump, en el momento en que salí de la reunión. Crear registros escritos inmediatamente después de las conversaciones individuales con el señor Trump fue mi práctica desde este punto en adelante. Ésa no había sido mi práctica en el pasado. Hablé a solas con el presidente Obama dos veces en persona (y nunca por teléfono): una vez en el año 2015 para debatir cuestiones de políticas de aplicación de la ley y una segunda vez, brevemente, para decirle adiós a finales de 2016. En ninguna de esas circunstancias memoricé las discusiones. Puedo recordar nueve conversaciones individuales con el presidente Trump en cuatro meses: tres en persona y seis por teléfono.

Cena del 27 de enero


El presidente y yo cenamos el viernes 27 de enero a las 6:30 pm en el Salón Verde de la Casa Blanca. Él me había llamado al mediodía de ese día y me invitó a cenar esa noche, diciendo que iba a invitar a toda mi familia, pero que había decidido invitarme solo a mí esa vez, y a toda mi familia la vez siguiente. No quedó claro en la conversación quién más estaría en la cena, aunque yo suponía que habría otros.

Resultó que estuvimos solo nosotros dos, sentados en una pequeña mesa ovalada en el centro del Salón Verde. Dos mayordomos de la Marina nos atendieron, y solo entraron en la habitación para servir alimentos y bebidas.

El presidente empezó preguntándome si quería quedarme como director del FBI, lo cual me pareció extraño porque él ya me había dicho dos veces en anteriores conversaciones que esperaba que me quedara, y yo le había asegurado que ésa era mi intención. Dijo que mucha gente quería mi trabajo y, dado el abuso que yo había recibido durante el año anterior, él comprendería si yo quería renunciar.

Mi instinto me dijo que este ambiente donde solo estábamos él y yo y la pretensión de que éste era nuestro primer debate acerca de mi cargo, significaba que la cena era, al menos en parte, un esfuerzo para que yo pidiera mantener mi empleo y crear algún tipo de relación de patrocinio. Eso me preocupó enormemente, dado el estado tradicionalmente independiente del FBI en la rama ejecutiva.

Le respondí que me encantaba mi trabajo y tenía la intención de permanecer y cumplir mis diez años como director. Y luego, porque la situación me incomodaba, agregué que yo no era "confiable" en la manera en que los políticos usan esa la palabra, pero que él siempre podía contar con que yo le dijera la verdad. Agregué que yo no estaba del lado de nadie políticamente y que no se podía contar conmigo en el sentido político tradicional, una postura que, según le dije, era de su mejor interés como presidente.

Unos momentos más tarde, el presidente dijo, "necesito lealtad, espero lealtad". Yo no me moví, ni hablé, ni cambié mi expresión facial en forma alguna durante el extraño silencio que siguió. Simplemente nos miramos el uno al otro en silencio. La conversación prosiguió entonces, pero él volvió al tema cerca del final de nuestra cena.

En un momento, le expliqué por qué era tan importante que el FBI y el Departamento de Justicia fueran independientes de la Casa Blanca. Dije que era una paradoja: a lo largo de la historia, algunos presidentes han decidido que dado que algunos "problemas" proceden de la justicia, deben tratar de mantener al departamento cercano a ellos. Pero difuminar esos límites, en última instancia, hace que los problemas empeoren al socavar la confianza pública en las instituciones y su trabajo.

Cerca del final de nuestra cena, el presidente volvió a tratar el tema de mi trabajo, diciendo que estaba muy contento de que quisiera quedarme, añadiendo que él había oído muchas cosas buenas acerca de mí, de Jim Mattis, Jeff Sessions y muchos otros. Entonces dijo: "Necesito lealtad". Yo le respondí: "Usted siempre recibirá mi honestidad". Hizo una pausa y luego dijo: "Eso es lo que quiero, lealtad honesta". Me detuve, y luego dije: "Usted recibirá eso de mi parte". Como escribí en el memorándum que creé inmediatamente después de la cena, era posible que entendiéramos la frase "lealtad honesta" de manera diferente, pero decidí que no sería productivo proseguir con aquello. El término –lealtad honesta– había ayudado a finalizar una conversación muy incómoda y en mis explicaciones habían dejado claro lo que él debía esperar de mí.

Durante la cena, el presidente volvió al tema del material lascivo del que yo le informé el 6 de enero y, como había hecho anteriormente, expresó su disgusto por las acusaciones y las negó rotundamente. Dijo que estaba considerando la posibilidad de pedirme que investigara el presunto incidente para demostrar que no había sucedido. Le contesté que debía pensarlo cuidadosamente porque podría crear una narrativa de que nosotros lo estábamos investigando a él personalmente, lo cual no sucedía, y porque era muy difícil demostrar lo negativo. Dijo que iba a pensar en ello y me pidió que lo pensara.

Como era mi costumbre para las conversaciones con el presidente Trump, escribí un memorándum detallado sobre la cena inmediatamente después y lo compartí con la alta directiva del FBI.

Reunión en la Oficina Oval el 14 de febrero


El 14 de febrero, fui a la Oficina Oval para una sesión informativa de contraterrorismo programada con el presidente. Él estaba sentado detrás del escritorio y un grupo de nosotros nos sentamos en un semicírculo de unas seis sillas frente a él del otro lado del escritorio. El vicepresidente, el subdirector de la CIA, el director del Centro Nacional de Contraterrorismo, el secretario de Seguridad Nacional, el fiscal general y yo estábamos en el semicírculo de sillas. Yo estaba directamente frente al presidente, sentado entre el subdirector de la CIA y el director del Centro Nacional de Contraterrorismo. Hubo otras pocas personas presentes en la sala, sentadas detrás de nosotros en sofás y sillas.

El presidente señaló el final de la reunión agradeciendo al grupo y diciéndoles a todos que quería hablar solo conmigo. Me quedé en mi silla. Conforme los participantes comenzaron a salir de la Oficina Oval, el fiscal general se quedó junto a mi silla, pero el presidente le dio las gracias y dijo que quería hablar sólo conmigo. La última persona en salir fue Jared Kushner, quien también se quedó junto a mi silla e intercambió cumplidos conmigo. A continuación, el presidente lo dispensó, diciéndole que quería hablar conmigo.

Cuando la puerta junto al reloj de pie se cerró y quedamos solos, el presidente comenzó diciendo: "Quiero hablar de Mike Flynn". Flynn había renunciado el día anterior. El presidente comenzó diciendo que Flynn no había hecho nada malo al hablar con los rusos, pero que tuvo que dejarlo ir porque había engañado al vicepresidente. Agregó que tenía otras preocupaciones acerca de Flynn, que no las especificó.

A continuación, el presidente hizo una larga serie de comentarios sobre el problema de las fugas de información clasificada, una preocupación que compartí y sigo compartiendo. Después de que él había hablado durante unos pocos minutos sobre las fugas, Reince Priebus se asomó por la puerta junto al reloj de pie y pude ver un grupo de gente esperando detrás de él. El presidente le señaló que cerrara la puerta, diciéndole que no se demoraría. La puerta se cerró.

El presidente regresó al tema de Mike Flynn, diciendo: "Es un buen tipo y ha pasado mucho". Repitió que Flynn no había hecho nada malo en sus llamadas con los rusos, pero que había engañado al vicepresidente. Entonces dijo: "Yo espero que usted pueda ver la manera de dejar pasar esto, de dejar pasar esto de Flynn. Él es un buen tipo. Espero que pueda dejar pasar esto". Solo le respondí que "él es un buen tipo". (De hecho, yo tenía una experiencia positiva en mi trato con Mike Flynn cuando él era mi colega como director de la Agencia de Inteligencia de Defensa al comienzo de mi mandato en el FBI). Yo no dije que "dejaría pasar esto".

El presidente regresó brevemente al problema de las fugas. Entonces me levanté y salí por la puerta junto al reloj de pie, atravesando un gran grupo de personas que esperaban allí, incluido el señor Priebus y el vicepresidente.

Inmediatamente preparé un memorándum no restringido de la conversación acerca de Flynn y discutí la cuestión con la alta directiva del FBI. Yo había entendido que el presidente estaba pidiendo que abandonáramos cualquier investigación de Flynn en relación con las declaraciones falsas acerca de sus conversaciones con el embajador de Rusia en diciembre. No entendí que el presidente hablara sobre la investigación más amplia sobre Rusia o los posibles vínculos a su campaña. Yo podría estar equivocado, pero asumí que se estaba enfocando en lo que había ocurrido con la salida de Flynn y la controversia en torno a su relato de sus llamadas telefónicas. Sin embargo, era muy preocupante, dado el papel del FBI como un organismo independiente de investigación.

El equipo de la directiva del FBI coincidió conmigo en que era importante no infectar el equipo de investigación con la solicitud del presidente, la cual no teníamos intención de respetar. También llegamos a la conclusión de que, habida cuenta de que se trató de una conversación individual, no había nada disponible para corroborar mi relato. Llegamos a la conclusión de que no tenía mucho sentido informar de ello al fiscal general Sessions, quien esperábamos que probablemente se desvincularía de las investigaciones relacionadas con Rusia. (Lo hizo dos semanas más tarde). El papel del fiscal general adjunto luego fue ocupado en calidad de interino por un fiscal de Estados Unidos, quien tampoco permanecería mucho en el cargo.

Tras debatir el asunto, decidimos mantenerlo estrictamente confidencial, y resolveríamos qué hacer con eso conforme avanzaba nuestra investigación. La investigación avanzó a toda velocidad, sin que ninguno de los miembros del equipo de investigación –o los abogados del Departamento de Justicia que los apoyaban– supiera de la solicitud del Presidente.

Poco después, hablé con el fiscal general Sessions personalmente para transmitirle las preocupaciones del presidente acerca de las fugas. Aproveché la oportunidad para implorarle al fiscal general que evitara cualquier futura comunicación directa entre el presidente y yo. Le dije al fiscal general lo que había ocurrido –el hecho de que a él se le hubiera pedido salir mientras que el director del FBI, quien se subordina al fiscal general, permanecía detrás– era inapropiado y nunca debía ocurrir. Él no respondió. Por las razones expuestas anteriormente, no mencioné que el presidente abordó la potencial investigación del FBI sobre el General Flynn.

Llamada telefónica del 30 de marzo


En la mañana del 30 de marzo, el presidente me llamó al FBI. Describió la investigación sobre Rusia como una "nube" que menoscababa su capacidad para actuar en nombre del país. Dijo que no tenía nada que ver con Rusia, que no había estado involucrado con prostitutas en Rusia, y que siempre había asumido que estaba siendo grabado cuando se encontraba en Rusia. Me preguntó qué podríamos hacer para "levantar la nube". Le respondí que estábamos investigando el asunto tan rápidamente como podíamos, y que sería de gran beneficio, si no encontrábamos nada, el haber hecho bien nuestro trabajo. Él estuvo de acuerdo, pero luego volvió a hacer hincapié en los problemas que esto le estaba causando.

A continuación, el presidente preguntó por qué había habido una audiencia parlamentaria sobre Rusia la semana anterior, en la que yo, como ordenó el Departamento de Justicia, había confirmado la investigación sobre la posible coordinación entre Rusia y la campaña de Trump. Le expliqué las demandas de las directivas de ambos partidos en el Congreso para obtener más información, y que el senador Grassley incluso había demorado la confirmación del fiscal general adjunto hasta que le informamos en detalle sobre la investigación. Le expliqué que habíamos informado a los líderes del Congreso sobre exactamente qué individuos estábamos investigando y que les habíamos dicho a esos líderes del Congreso que no estábamos investigando personalmente al presidente Trump. Le recordé que anteriormente yo le había dicho eso. Él me dijo en repetidas ocasiones: "Tenemos que publicar ese hecho". (Yo no le dije al presidente que el FBI y el Departamento de Justicia habían estado renuentes a hacer declaraciones públicas de que no teníamos un caso abierto sobre el presidente Trump, por varias razones, la más importante porque se crearía una obligación de corregir, en caso de que esa situación hubiera cambiado).

El presidente llegó a decir que si había algunos "satélites" asociados suyos que hubieran hecho algo incorrecto, sería bueno saberlo, pero que él no había hecho nada malo y que esperaba que yo encontrara una manera para hacer público el hecho de que no lo estábamos investigando a él.

En un cambio abrupto, giró la conversación al director adjunto del FBI Andrew McCabe, diciendo que él no había sacado "el asunto de McCabe" porque yo había dicho que McCabe era honesto, aunque McAuliffe era cercano a los Clintons y le había dado (creo que quiso decir la esposa del director adjunto McCabe) dinero de la campaña. Aunque no entendí por qué el presidente estaba tocando este tema, le repetí que el señor McCabe era una persona honrada.

Finalizó haciendo hincapié en "la nube" que estaba interfiriendo con su capacidad para hacer acuerdos para el país y dijo que esperaba que yo pudiera encontrar una forma para dar a conocer que él no estaba siendo investigado. Le dije que vería qué podíamos hacer y que haríamos nuestro trabajo de investigación bien y tan rápidamente como pudiéramos.

Inmediatamente después de esa conversación, llamé al fiscal general adjunto interino Dana Boente (el fiscal general Sessions se había abstenido de participar en todas las cuestiones relacionadas con Rusia), para informar sobre la sustancia de la llamada con el presidente, y me dijo que esperara su orientación. No escuché nuevamente de él antes de que el presidente me llamara de nuevo, dos semanas más tarde.

Llamada telefónica del 11 de abril


En la mañana del 11 de abril, el presidente me llamó y me preguntó qué había hecho sobre su petición de "dar a conocer" que él personalmente no estaba bajo investigación. Le respondí que había pasado su solicitud al fiscal general adjunto interino, pero que no había sabido nada de él. Él respondió que "la nube" estaba dificultando su capacidad para hacer su trabajo. Dijo que quizás tendría que pedirle a su gente que contactara al fiscal general adjunto interino. Le dije que ésa era la manera en que su petición debía manejarse. Le dije que el consejero de la Casa Blanca debía ponerse en contacto con la directiva del Departamento de Justicia para hacer la petición, lo cual era el canal tradicional.

Él dijo que haría eso, y agregó, "porque he sido muy leal contigo, muy leal; tuvimos eso que tú sabes". No le respondí ni le pregunté qué entendía por "eso". Solo le dije que la forma de manejarlo era que el consejero de la Casa Blanca llamara al fiscal general adjunto interino. Me dijo que eso haría y finalizó la llamada.

Esa fue la última vez que hablé con el presidente Trump.


Los 10 momentos que llevaron a la abrupta salida de James Comey del FBI

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