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Política de Salud

¿Por qué para arreglar el sistema de salud hacen falta más que simples leyes?

Se requiere de un cambio de paradigma más enfocado en el bienestar que no se centre únicamente en medicamentos, opina un geriatra y explica cómo algunos ajustes en el estilo de vida tienen un beneficio tangible en el organismo, lo que podría ahorrar miles de dólares a la sociedad.
10 Jun 2017 – 9:01 AM EDT

Actualmente se debate tanto sobre cómo proveer la mejor cobertura de salud en Estados Unidos, que casi arriesgamos el perder perspectiva sobre lo que realmente significa estar saludable y de qué modo los servicios deben proveerse de forma óptima.

La Organización Mundial de la Salud define la salud como “un estado de completo bienestar físico, mental y social que no se limita estrictamente a la ausencia de enfermedades”. En su gran mayoría, el sistema actual conceptualiza la enfermedad en una o varias partes del cuerpo humano, que son arregladas tal y como se tratara de una máquina con partes más pequeñas y reparables.

En la medicina convencional, el tratamiento para las enfermedades se apoya en el uso de medicamentos o en cirugías invasivas para tratar partes disfuncionales del cuerpo. Generalmente no se enfoca de raíz en la salud global de la persona. Un enfoque tan periférico omite las causas principales de las enfermedades y pierde oportunidades para realizar una verdadera sanación.

Para alcanzar de verdad un sistema de salud exitoso, debemos hacer énfasis en la sanación de la persona como un todo, a un nivel integral. Esto generaría un cambio de paradigma en la forma en que los cuidados de salud se proveen y son consumidos.

Investigaciones han mostrado que un enfoque tan integral de la medicina, que considera la conexión mente-cuerpo, estilo de vida, influencias ambientales, individualidad de cada organismo y relación terapéutica, no sólo conduce a buenos resultados en materia de salud, sino que también es mucho más efectiva en términos económicos.


Como profesor de medicina y geriatría en ejercicio, así como especialista en medicina integrativa, veo a diario inadecuaciones del paradigma médico actual al atender condiciones crónicas que, con frecuencia, son consecuencia de la edad. Pero me inspira con igual frecuencia el poder de un abordaje integral de las personas para restaurar la salud.

Evidencia sobre los beneficios de una conexión mente cuerpo

Los avances médicos modernos han llevado al descubrimiento de terapias que salvan vidas. Sin embargo, para la mayoría de las personas que padecen condiciones crónicas, ¿es lo más óptimo el tomar a diario varios medicamentos y a largo plazo? ¿Debemos aceptar los cientos de dólares gastados en tratamientos que podrían no curar enfermedades, como el inevitable pasadizo de los cuidados de salud en el siglo XXI?

El entrenamiento en las escuelas de medicina y en las residencias de los jóvenes doctores se enfoca en arreglar esas partes del cuerpo que son percibidas como invadidas por la enfermedad. En contraste, el enfocarse en sanar a toda la persona en un nivel fundamental implica atender el subyacente juego de la selección de estilo de vida y factores psicológicos y sociales que contribuyen a estar sano o enfermo. Para sanar a la persona como un todo, se requiere de un cambio de paradigma en el enfoque de la atención de salud: tener un estilo de vida saludable puede generar una verdadera sanación de cuerpo y mente.


Resultados de una investigación clínica ya han dado un atisbo sobre el cómo la integración mente y cuerpo en la sanación conlleva cambios en el organismo, que son medibles en estudios de laboratorio y que traen mejores resultados para la salud. En un estudio clínico al azar, dirigido por el doctor Dean Ornish, hombres en estadios tempranos de cáncer de próstata que participaron en un programa de cambio de estilo de vida (que incluía una dieta basada en plantas, meditación, yoga y un ejercicio aeróbico moderado) disminuyeron los niveles de antígeno prostático. Los hombres que no implementaron dicho programa de salud, presentaron mayores niveles de antígeno prostático y tuvieron mayor probabilidad de someterse a un tratamiento convencional de cáncer de próstata.

Hay que destacar que la sangre de estos hombres que instauraron cambios en su rutina, inhibió el crecimiento de células cancerígenas en el laboratorio, casi ocho veces más que la sangre de aquellos que no hicieron cambios, lo que sugiere que estos cambios en el estilo de vida crearon sustancias en la sangre con poderes anticancerígenos.

Telómeros más cortos (que son regiones protectoras localizadas al final de los cromosomas, que fueron objeto de un estudio que se ganó el Premio Nobel en 2009) están asociados con el envejecimiento y con la reducción del cáncer de próstata. Los hombres que incorporaron cambios de estilo de vida tuvieron telómeros más largos en las células de su sangre a los cinco años. Aquellos que no cambiaron su estilo de vida, presentaron telómeros más cortos.

Al atender a personas con diabetes, repetidamente he presenciado la reducción de elevados niveles de azúcar en la sangre, sin necesidad de recetar muchos medicamentos.

Se ha demostrado que los cambios en el estilo de vida (promovidos por un programa de Medicare y aseguradoras) revierten el estrechamiento de las arterias coronarias en las personas con problemas coronarios, que pueden desencadenar infartos.

El trabajo de Dr Caldwell Esseltyn también demuestra que una dieta rigurosa basada en plantas también puede revertir la enfermedad coronaria de las arterias, que es la primera causa de muerte en el mundo.

Por otra parte, un amplio grupo de investigaciones apoya los beneficios de la meditación en el bienestar físico y emocional. Es importante destacar que esto puede ser en medido objetivamente en exámenes de laboratorio. En un estudio que involucraba a sobrevivientes de cáncer de seno, la meditación mejoró la fatiga y redujo el miedo a la recurrencia.

No sorprende que la meditación reduzca la ansiedad. Si se practica durante ocho semanas esto genera una mayor densidad en el hipocampo, la región del cerebro involucrada en la memoria y que sufre daños en individuos con Alzheimer.

La meditación también mejoró las respuestas del sistema inmune a la vacuna de la influenza. Un estudio encontró que el tai chi, que combina meditación y movimientos lentos llenos de gracia así como técnicas de respiración, se asocia con mejoras en la memoria en adultos mayores, incluso en aquellos con problemas para recordar.


Estos abordajes holísticos a la salud también reducen los costos de salud. Un estudio realizado por investigadores de Harvard encontró que un programa de entrenamiento cuerpo-mente redujo la necesidad de utilizar la atención de salud en un 43% después de un año, y disminuyó a la mitad las visitas a centros de emergencia.

En un estudio patrocinado por Medicare, pacientes con enfermedades coronarias que incorporaron cambios en su estilo de vida, fueron hospitalizados con menos frecuencia (30% a 46%) que aquellos que no participaron en esos programas, y esto generó un ahorro de entre 1,000 y 3,500 dólares por paciente, en un lapso de tres años.

Tenemos un papel activo en nuestra salud

Los conceptos que hemos discutido aquí hoy no son nuevos. El campo de la medicina integral, que se basa en sanar a la persona como un todo mente/cuerpo y que enfoca la enfermedad a través de la unicidad de cada persona, tiene mucho que enseñar al sistema de salud sobre el cómo tratar de mejor forma las enfermedades de raíz, prevenirlas y crear salud.

El Instituto de Medicina (ahora llamado Academia Nacional de Medicina) ya advirtió hace una década que el sistema actual de salud es inadecuado en atender las necesidades de la población de tercera edad y la creciente epidemia de enfermedades crónicas.

Un cambio fundamental en cómo todos nosotros (pacientes y médicos) concebimos la enfermedad es fundamental para crear el sistema de salud del siglo XXI que todos merecemos tener.


*George Wang es profesor asistente de Medicina en Columbia University Medical Center

The Conversation


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