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Uruguay ante el desafío de sus 12 millones de vacas emisoras de metano

El país rioplatense es uno de los principales productores y exportadores mundiales de carne bovina, pero el sistema digestivo de cada animal produce unos 500 litros de metano diarios y ese gas tiene un efecto invernadero 34 veces mayor al del CO2.
4 Abr 2017 – 4:40 PM EDT

Montevideo, URUGUAY.- Con una escasa población de 3.2 millones de habitantes y el mayor porcentaje de energía renovable de Latinoamérica en su consumo energético, Uruguay aparece sin embargo en la lista de países que deben corregir sus emisiones de gases a efecto invernadero. La razón está una de sus principales riquezas: sus más de doce millones de vacas.

El país rioplatense es uno de los principales productores y exportadores mundiales de carne bovina, pero el sistema digestivo de cada animal produce unos 500 litros de metano diarios y ese gas tiene un efecto invernadero 34 veces mayor al del CO2.

En su complejo proceso digestivo, que pasa por tres preestómagos y un estómago, los rumiantes eructan repetidamente mientras transforman el pasto en nutriente. Esas flatulencias suponen, a nivel mundial, la liberación a la atmósfera de centenares de toneladas anuales de metano.

Así, Uruguay aparece en los registros mundiales como captador de CO2 pero como emisor de CH4. Si se mide en términos de cabezas de ganado, estados como Brasil o EEUU superan ampliamente a Uruguay, pero en términos de emisiones per cápita, el país sudamericano sale mucho peor parado, una situación que debe cambiar para respetar sus compromisos internacionales y para proteger un sector de su economía que podría enfrentarse a barreras si sigue contaminando.

Según datos de la FAO, la ganadería en su conjunto es responsable del 14.5% de las emisiones de gases a efecto invernadero producidas por el hombre: la misma cantidad generada por todos los medios de transporte. Pero este dato no solo incluye las emisiones de metano, sino también las de C02 y óxido nitroso.

Otros estudios señalan que la producción animal es responsable de un tercio de las emisiones de metano mundiales. El problema es que mientras que los países han logrado detener las emisiones del CO2, la producción mundial de alimentos va en aumento (como la población) y con ello las emisiones de metano.

Uruguay conoce bien el fenómeno, ya que desde hace diez años la demanda de carne vacuna no ha dejado de aumentar.


Verónica Ciganda, del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria de Uruguay (NIA), asegura que la cuestión se está tomando muy en serio y que actualmente se buscan cambios en el proceso digestivo de las vacas por medio de la alimentación.

“El gas metano es un gas que los rumiantes eructan y exhalan. Es una pérdida de energía que es muy variable según el tipo de alimentación del animal. Por ejemplo, las pasturas fibrosas deben de estar más tiempo en el rumen y eso hace que se exhale más metano. Pero cuando la alimentación es de mayor calidad nutritiva, es más digestiva, la tasa de pasaje de la alimentación por el rumen es más rápida y la emisión es menor”, explica la investigadora.

El INIA y las autoridades uruguayas trabajan en la mejora del sistema de pastoreo para que el alimento de las vacas sea menos fibroso.

¿Cómo medir el impacto de estos cambios? Uno de los desafíos del control de las emisiones de metano es cuantificar las mejoras y registrarlas. Mientras que el CO2 es ante todo un problema de los países industrializados, el CH4 se produce especialmente en el sur del planeta, muchas veces en los países pobres.

“El INIA está cuantificando las emisiones de metano. Llevamos a cabo experimentos donde ponemos a los animales en pasturas de baja o mala calidad y luego los medimos con unos tubos que captan sus exhalaciones y así podemos comparar datos”, asegura Ciganda.

El gran desafío es inscribir la disminución de las emisiones de metano dentro de un proceso natural que no genere nuevos factores contaminantes. Las vacas ecológicas podrían ser una realidad dentro de pocos años en Uruguay.


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