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Las mariposas monarca frente a la gran nevada de México

Imágenes sorprendentes de los santuarios mexicanos de este insecto justo después de una inusual tormenta que no pasaba en muchos años.
13 Mar 2016 – 7:39 PM EDT

Un tapiz de alas naranjas y negras colorea la nieve blanca: son mariposas monarca que yacen inertes en el suelo del bosque. Estamos en el santuario El Rosario, el mayor de los refugios de hibernación de esta especie en México, y por tanto, del mundo. En estas montañas de pinos y oyamel (abetos) se concentra en invierno la casi totalidad de las mariposas monarca ( Danau plexippus) de Norteamérica. Por eso resulta tan preocupante la fuerte tormenta de viento y nieve ocurrida entre el miércoles 8 y jueves 9 de marzo. Un inusual fenómeno climático para estas fechas –cuando empiezan a volar de regreso a EEUU–, que derribó cientos de árboles en la zona y sorprendió a los vecinos del municipio de El Rosario con una nevada que no veían en muchos años.

Las ruedas de las camionetas patinan sobre la carretera nevada y al llegar a esta misma localidad del estado de Michoacán –en la que el viento se llevó varios tejados– el auto se queda finalmente en una rampa helada. Hay que seguir caminando. Alegando motivos de seguridad por el hielo y la caída de árboles, los responsables locales decidieron clausurar el acceso al santuario hasta el sábado 11. Sin embargo, antes de que se dictara este cierre, un equipo de Univision consiguió subir hasta al corazón de esta reserva, a unos 10,500 pies (3,200 metros) de altitud, el mismo jueves por la mañana, cuando la nieve estaba en su punto máximo y más dramática era la situación para la mariposa. Un escenario a vida o muerte para este pequeño insecto de 0.01 onzas (0.5 gramos) del que no suele haber muchas imágenes grabadas.

Subiendo con ayuda de dos guardas locales, entre enormes árboles partidos –incluso arrancados del suelo– y señalizaciones destrozadas, entramos a la colonia envueltos en la niebla. Es entonces cuando nos encontramos con zonas tapizadas de alas naranjas y negras. Como si fueran hojas muertas, las mariposas siguen cayendo de los árboles a cada rato, dibujando pequeños círculos en el aire antes de golpear con un ruido seco contra la nieve.


Infografia

La increíble gesta de la mariposa monarca

Conozca a la mariposa monarca en este gráfico y descubra su extraordinario viaje de 2,600 millas hasta sus santuarios en México.

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La increíble gesta de la mariposa monarca

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En los árboles, hay insectos que parecen salidos de un congelador, completamente cubiertos de hielo. La vida se ha parado por completo, pero aunque inactivas y con restos de nieve, la mayoría de las mariposas se encuentran todavía amontonadas en troncos y ramas. Resulta increíble, pero es una buena señal.

“Están agrupadas, ellas se protegen así del frío y se mantienen vivas”, incide allí mismo Abel Cruz Resendiz, uno de los guías locales de El Rosario que nos acompañan. “Hay preocupación por las que se encuentran en el suelo, esas sí mueren congeladas”.

Si bien los responsables del santuario han asegurado que la mortalidad se ha situado por debajo del 5% de la población, en realidad no se ha realizado aún un monitoreo preciso de los efectos sobre las colonias (nadie ha contado de verdad ejemplares muertos). De hecho, dos días después de la nevada, la lluvia de mariposas continuaba cayendo de los árboles, extendiendo la macabra alfombra de colores sobre la nieve.
Las colonias de este lepidóptero han resistido, pero este golpe imprevisto supone una nueva advertencia. “Una tormenta como esta es la peor situación para la especie aquí”, señala Eduardo Rendón, coordinador del Programa de Mariposa Monarca de WWF México, que explica que todas las mariposas de lo santuarios de Michoacán y el Estado de México están concentradas en una superficie de 9.9 acres (4.01 hectáreas), tanto como cuatro canchas de fútbol. Una nevada más larga en estos refugios y podría ser letal para toda la monarca de Norteamérica.

Mariposas monarca: cuando la nieve amenaza su supervivencia

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En este caso, no está en juego una especie, sino una migración única en la naturaleza. Para llegar hasta aquí, algunas de las mariposas de estas colonias han tenido que viajar cerca de 2,600 millas (4,200 kilómetros) desde Canadá y EEUU. “Una persona de 70 kilos tendría que darle 14,000 vueltas a la Tierra para igualar su viaje”, señala Rendón.

Según se vayan calentando de nuevo los santuarios con el sol de marzo, se espera que las mariposas agrupadas en los árboles vayan volviendo a la vida. Dos días después de la tormenta, ya algunas empezaban a volar. E incluso las había que, con patas torpes y temblorosas, luchaban por levantarse del suelo.
Hay que reconocer la increíble resistencia de una especie que en Norteamérica vive para migrar. Es difícil no ver en estas alas anaranjadas un paralelismo con los muchos inmigrantes de México y Centroamérica que arriesgan su pellejo por encontrar una vida mejor.


En unos días, las que hayan sobrevivido comenzarán el viaje de regreso a EEUU. Es entonces cuando ocurre otro proceso sorprendente: Las hembras que viajaron hasta México y pasaron aquí el invierno empezarán a poner huevos en las plantas de algodoncillo (milkweed) del sur de EEUU y luego morirán. Seguirá viajando una nueva generación que vivirá lo suficiente para volver a procrear en el camino. Así hasta cinco generaciones, que se multiplicarán mientras vuelan desperdigándose hacia el norte para ir recuperando la población de la especie (cada hembra puede poner unos 400 huevos). Serán estos tataranietos de los que salieron de los santuarios de invierno los que harán el viaje entero de vuelta hasta México el próximo otoño.

La situación más delicada para la especie es cuando son menos y están concentradas en unas pocas hectáreas de estos santuarios invernales. Para Rendón, lo único que se puede hacer para amortiguar los peligrosos golpes del clima es seguir trabajando en la conservación de los bosques mexicanos y las poblaciones humanas de las que dependen (para evitar las talas clandestinas). Sin embargo, para la supervivencia de esta migración también resulta clave la fase de reproducción en EEUU. Y aquí el problema, según el biólogo, es el uso de pesticidas que afectan a los algodoncillos. Antes llegaban muchas más mariposas para invernar a México. Cuántas menos sean, más difícil será para esta mariposa sobrevivir a la gran nevada.

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