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De inmigrantes sin papeles en Nueva York a reforestar los bosques de la mariposa monarca

Micronegocios para apoyar a las comunidades locales de las que depende la supervivencia de esta especie en México.
27 Mar 2016 – 3:14 PM EDT


Miguel Calletano cruzó seis veces la frontera para pasar a EEUU de forma ilegal, su hermano Salvador, tres. La primera vez de Miguel fue en 1985 con 15 años y lo hizo por Tijuana, con un coyote, una persona que le ayudó a entrar. “La frontera la pasamos caminando. En San Diego, me metieron en un carro, en una cajuela y llegamos a Los Ángeles. El señor nos llevaba a su casa, nos bañábamos, nos cambiábamos de ropa y nos compraba el boleto, nos llevaba al aeropuerto y de ahí ya volábamos para Nueva York”, recuerda el mayor de estos dos hermanos de la comunidad indígena Crescencio Morales, en las montañas de Michoacán, la misma zona a donde vuela la mayor parte de las mariposas monarca de Norteamérica para refugiarse en invierno.
Estos insectos de alas naranjas y negras realizan una de las migraciones más asombrosas de la Naturaleza. Una mariposa puede viajar 2,600 millas desde Canadá y EEUU hasta los santuarios invernales de México para escapar del frío. En sentido contrario, Salvador Calletano recuerda especialmente las cerca de 1,100 millas que tenía que recorrer subido a un autobús hasta Tijuana para cruzar la frontera tras los pasos de su hermano. Ellos huían de la pobreza y la falta de oportunidades, como muchos otros. El trayecto en autobús duraba tres días y dos noches. “Es una aventura muy fuerte, muy pesada, muy cansada… La gente se desespera, no lleva dinero, no se baja ni del autobús para comprar algo. Algo triste”, relata Salvador, que no olvida las caras de miedo de los otros pasajeros centroamericanos en cada control de la Inmigración mexicana. "A veces los agarran y maltratan, muy feo", cuenta de entonces.

“Te espantas, pero también tienes que arriesgar algo en la vida”, comenta Miguel, sentado junto a su hermano, que durante años entró y salió de EEUU, con identificaciones falsas. “Yo quería trabajar y tener dinero”.

Las mariposas monarca vuelan cada año hasta las montañas de Michoacán y Estado de México buscando los bosques de pinos y oyamel (abetos) donde refugiarse. Allí se protegen apelotonándose en las ramas de los árboles y entran en hibernación durante los meses de invierno. Los hermanos Calletano pasaron de estas montañas a las calles de Brooklyn, en la ciudad de los rascacielos. No tenían papeles, pero al llegar a la megalópolis se aprovechaban de la muchedumbre para desaparecer. “Empecé como todo el mundo, ilegal, barriendo, haciendo demolición de casas”, cuenta Miguel, que luego se puso a trabajar en la construcción.

Infografia

La increíble gesta de la mariposa monarca

Conozca a la mariposa monarca en este gráfico y descubra su extraordinario viaje de 2,600 millas hasta sus santuarios en México.

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La increíble gesta de la mariposa monarca

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Las mariposas monarca de toda Norteamérica dependen de estos bosques mexicanos. Sin embargo, ha habido temporadas con fuertes talas clandestinas. A veces era una destrucción organizada, en un momento determinado a gran escala, otras poco a poco, lo que se denomina tala hormiga, por pura supervivencia. “La conservación de las mariposas y los bosques solo es posible si se protege también a las personas”, recalca Eduardo Rendón, responsable del Programa Mariposa Monarca de WWF México, una de las organizaciones impulsoras de un fondo que paga directamente a estas poblaciones locales a cambio de no cortar árboles, el Fondo Mariposa Monarca (que reparte intereses de un patrimonio de 7.5 millones de dólares).

Después de 15 años en Brooklyn, los hermanos Calletano volvieron a Michoacán. Fue entonces cuando la mariposa viajera se cruzó en su camino. Uno de los santuarios de invierno más importantes de esta especie estaba junto a su comunidad, pero fue arrasado. “Ese bosque era una selva muy cerrada, muy llamativa. Te perdías dentro. Te confundías en las veredas de lo muy cerrado que estaba, era algo muy muy bonito. Se destruyó. ¿Por qué? Por la tala clandestina”, lamenta Salvador.

“Te da dentro de ti una tristeza y a la vez coraje, te enfureces. Nos enojamos, nos molestamos”, comenta todavía con rabia Miguel. “Nos organizamos con unos compañeros y fuimos a Morelia y Zitácuaro a poner la queja, pero el Gobierno no nos hizo caso. El mismo pueblo tomó la decisión de bloquear la carretera. Cerramos la carretera federal. Y es cuando el Gobierno ya viene y dice qué está pasando”.

No solo se consiguió parar las talas en la zona, los Calletano encontraron una nueva misión en su vida: plantar árboles. Hoy tienen un vivero en Crescencio Morales con ayuda de WWF que produce cerca de 5,000 plantas de pino y oyamel para reforestar bosques de la monarca. Este uno de los micronegocios lanzados en la zona con apoyo de distintas organizaciones conservacionistas mexicanas e internacionales, al igual que otros proyectos con hongos, artesanía o relacionados con el turismo de la mariposa. Además, la comunidad de los hermanos recibe un millón de pesos (57,000 dólares) como incentivo por lograr que no haya talas clandestinas.

“Hemos aprendido que apoyando a las comunidades que son propietarias de los bosques es la mejor fórmula para mantener las áreas forestales en buen estado y pueda llegar la mariposa”, asegura Juan Manuel Frausto, director del Programa de Bosques del Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza, organización que se encarga de gestionar el Fondo Mariposa Monarca, además de participar en otros como el de Fondos Concurrentes. “En México el 70% del territorio es de ejidos [campos comunales de municipios] y comunidades”, incide.

Pasado el invierno, las mariposas vuelven a activarse y se preparan para migrar. Es en marzo cuando comienzan el viaje de regreso a EEUU, donde pondrán los primeros huevos y morirán. Será entonces cuando otra generación tome el relevo, necesitándose de cinco para completar el viaje de regreso. Será esta quinta generación la que regrese el invierno siguiente a México.
Los que no se moverán de Michoacán serán los hermanos Calletano: “No veo la necesidad de emigrar nuevamente para sobrevivir, ya hicimos una fuente de trabajo, aquí en México”, asegura Salvador, que le gustaría volar a EEUU, pero de forma distinta: para ver a sus hijos. “Sí nos gustaría ir de visita”.


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