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La mayoría de los barcos turísticos o científicos que viajan al continente helado lo hacen desde Chile hacia la península Antártica.

La Antártida se derrite y las moscas domésticas están tomando el control

La Antártida se derrite y las moscas domésticas están tomando el control

Más vulnerable que nunca por causa del calentamiento global, la biodiversidad del continente helado sufre por la invasión de pequeños conquistadores que viajan hasta allá en barco, sobre la indumentaria de turistas y científicos que visitan el continente helado. Esta es la historia.

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La mayoría de los barcos turísticos o científicos que viajan al continente helado lo hacen desde Chile hacia la península Antártica.

En los zapatos y mochilas de los turistas y científicos que visitan la Península Antártica viaja una de las principales amenazas que enfrenta la región en este momento: una invasión de moscas domésticas que está azotando y amenazando su biodiversidad, ya vulnerable por el deshielo.

Ya sabemos que durante las últimas décadas la Antártida se ha visto amenazada tanto por el calentamiento global como por las actividades humanas. Pero en la Península Antártica, la porción de tierra más septentrional de este continente, los patrones de recuperación de hielo durante el invierno han decaído preocupantemente y ante condiciones más cálidas de temperatura (de hasta 3 grados Celsius) o el mismo verano la superficie de la Antártida, ahora libre de hielo, es área fértil para la colonización acelerada de musgos.

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Un estudio realizado en la Universidad Exeter en Reino Unido encontró que el crecimiento de musgos aumentó cinco veces con respecto a 1950. Según el autor Dan Charman, esto incluye plantas invasoras como hierbas de praderas y la espiguilla (que normalmente crece en climas templados).

Y es que los musgos son plantas simples que viven en lugares húmedos pero se adaptan muy bien a los periodos de sequía. Ecológicamente son importantes porque contribuyen a la formación de suelo permitiendo que otras plantas también puedan colonizar el área, confirma The British Antarctic Survey.

Hasta aquí todo suena bien. Sin embargo, hay un pero importante y es que los musgos también ofrecen cobijo a una gran diversidad de invasores: insectos como moscas y mosquitos que llegan al lugar a bordo de barcos turísticos o de investigación y tocan el continente y se quedan, porque encuentran en los musgos mejores condiciones para sobrevivir. Y se quedan. Y ahora hay muchas. Y estas moscas domésticas son capaces de cargar patógenos y amenazar la vida nativa del lugar.

A la derecha se observa un poco de cobertura de musgo. El verde destaca...
A la derecha se observa un poco de cobertura de musgo. El verde destaca frente a la blancura del paisaje.

¿Por qué es un peligro? Steven Chown, de la Universidad de Monash, explica que en las áreas libres de hielo, los ecosistemas de la Antártida son bastante simples, o sea, tienen una baja diversidad de especies. Esto hace que su flora y su fauna sean más vulnerables a la invasión de especies no nativas, pues son pocas y no saben cómo defenderse o competir… nunca lo habían tenido que hacer antes. Recordemos que la Península ha estado libre de seres humanos y especies externas por décadas.

Eso no significa que no tenga sus propios insectos y plantas. La Antártida alberga sus propias especies nativas de ambos, pero son precisamente estas las que sufren ahora por la competencia de un enemigo ajeno para ellas.

La mayoría de los barcos turísticos o científicos que viajan al continente helado lo hacen desde Chile, publica The Guardian. Allí tripulantes y visitantes cargan sus implementos y vestimentas, pero rara vez piensan que en sus zapatos, mochilas, bultos de cámaras que cargan por muchos lugares sin lavarnos frecuentemente también cargan pequeños insectos y entonces, los llevan consigo hasta la Antártida.

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Para agravar la situación, el número de turistas interesados en visitar la Península Antártica ha aumentado considerablemente. En el año 1990 eran menos de 5,000 y actualmente están a unos 40,000 al año, esto es según cifras de la industria. La mayoría de los turistas visitan las zonas libres de hielo fragmentado ubicado en la zona más septentrional de este continente, es decir, justamente a la Península.

El período máximo de visitas ocurren entre los meses de noviembre a marzo. La mayoría paga más de $2,000 por una cabina de lujo en viajes por mar. También existe un mercado para vuelos turísticos, pero la oferta es menor.

Pero además hay que sumar a los investigadores. Aproximadamente 30 naciones operan estaciones de investigación permanentes en la Península Antártica. Estos incluyen potencias como Estados Unidos, China, Rusia, Australia, Gran Bretaña, Francia y Argentina. Todavía existen otras que están en proceso. Por ejemplo, actualmente, se están construyendo mayores instalaciones de investigación incluyendo depósitos de combustible y pistas de aterrizaje en esta zona que traen consigo plantas (ej. rosas y cícadas en tiestos) y animales (ovejas y aves), todas no nativas del lugar. Estas plantas vienen en suelo que pueden estar contaminados con micro-invertebrados, al igual que los animales.


Otros peligros que no viajan en barco


Sin krill no hay Antártica. Este es el alimento principal de focas, ball...
Sin krill no hay Antártica. Este es el alimento principal de focas, ballenas barbadas, pingüinos, peces y aves marinas. Consiste en una serie de crustáceos diminutos (como mini camarones) vitales en la cadena alimenticia de decenas de especies.

Hay otras amenazas importantes que ya habían sido detectadas. También está la invasión de las llamadas salpas, organismos translúcidos y gelatinosos que se alimentan de fitoplancton (organismos acuáticos que tienen la capacidad de hacer fotosíntesis que pueden ser algas o bacterias).

Estas salpas amenazan el alimento principal de las focas, las ballenas barbadas, los pingüinos, peces y aves marinas que se llama krill. Este consiste en una serie de crustáceos diminutos (como mini camarones) vitales en la cadena alimenticia de decenas de especies. Sin krill no hay Antártica, asegura el Science World Report.

Este es el 'barrio' de la Antártida donde vive la ciencia del clima
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