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Tercer debate: el niño malcriado, fallido candidato presidencial

“El gran perdedor, Trump, se enredó aún más en el tercer debate. No solo eso, destruyó la confianza en el sistema electoral y con eso seguramente se aisló más de su partido”.
Opinión
Escritor, profesor en Tufts University. Su última novela, “No me dejen morir así” (Planeta), es sobre Pancho Villa.
2016-10-20T09:37:21-04:00


El script debió haber sido medido. Salió al tercer debate no moderado –no puede serlo–, sino nervioso por tener que ajustarse a lo que sus asesores le dijeron que era su única tabla de salvación. A estas alturas no puede parecer presidencial, pero al menos un adulto. El trago era amargo y fue pronto por agua, como en los anteriores debates. Hablaba más quedo, se sentía totalmente incómodo. Pero la sorpresa no duró mucho. El niño malcriado tomó el centro del debate y volvió a ser el mismo que hemos visto, o uno peor.

Desde el inicio, al ser cuestionados por cómo encararían el nombramiento de los magistrados de la Suprema Corte, las diferencias fueron tajantes. Ella –Hillary Clinton– nombraría a “representantes de todos nosotros”, que defendieran al pueblo frente a los poderosos aplicando la constitución. Él –Donald Trump– atacó, sin proponer: la segunda enmienda se encuentra en estado de sitio, Clinton la quiere abolir. Nombraría por tanto jueces conservadores que interpreten la constitución como debe ser interpretada (sic). El moderador, iniciando la discusión, bien preparado, cuestionó posturas anteriores de la candidata demócrata. 33,000 personas mueren al año por causa de armas de fuego, algo debemos hacer. El caso de los infantes –toddlers–, DC contra Howard, y la postura del finado juez Scalia, le sirvieron a Trump para volver a atacar: “Hillary estaba enojadísima, iracunda por la resolución”. El tema del aborto fue aún más tajante. Ella se manifestó por el derecho constitucional de la mujer a tomar la última decisión y dijo, claramente, que el gobierno no tenía nada que hacer metiéndose en ese asunto. El tema de la mujer le permitió explayarse sobre paternidad responsable y Trump –claro, no podía ser de otra forma– volvió a atacar. “Ella quiere permitir que una mujer pueda detener su embarazo en el noveno mes. Un día antes. No puede ser”. Hillary aprovechó para hablar de legislaciones estatales que castigan a la mujer, para hablar de declaraciones de Trump que insisten en que la mujer que aborte debe ser de alguna manera castigada. El moderador lo ayudó citándola: “Usted ha dicho, secretaria Clinton, que el feto no tiene ningún derecho constitucional”. Ella salió apenas librada del atolladero: “No cuando está en riesgo la salud de la madre”.

El tema de la migración –casi ausente en el segundo debate–, para nuestro agrado, cobró lugar central en este último. Los contrastes de la campaña volvieron a salir a la luz. “No hay país sin fronteras”, de Trump, contra la amnistía y la reforma para permitir la ciudadanía. Trump dijo que por eso había invitado a cuatro madres cuyos hijos habían sido asesinados por inmigrantes ilegales. Habló –como siempre– pestes del Nafta con el adjetivo omnipresente de su discurso: “Un desastre”. Clinton propuso una economía que vuelva a prosperar gracias al trabajo de todos. Criticó la doble moral de su oponente que usa trabajo de indocumentados, para abaratar sus costos. Trump atacó diciendo que Obama es, como algunos lo han llamado, el deportador principal. Y la acusó a ella, a Hillary, de haber pensado en algún momento en el muro, apoyándolo. Los “fact checkers” se apresuraron a desmentirlo. Ella también. “Creo en fronteras seguras, un tema bipartidista”. Pero también creo en las personas, parecía decir, al referirse a una joven justamente de Las Vegas, nacida en los Estados Unidos y temerosa de la posible deportación de sus padres. “El proyecto de Donald implica masivas deportaciones diarias”. Muchas veces en el debate ella se refirió a personas concretas, a sus casos, tratando de hacer más humana su política, menos acartonada. “That Mexican Thing”, de Pence, tristemente cambió ahora para ser “Bad Hombres”. No sé cómo piensa así que el voto latino pueda favorecerles.

El tema de Putin exasperó los ánimos y ella incluso lo llamó “Títere”. El insulto mayor vendría después de él: “Sí que eres una mujer aborrecible”. Ella lo acusó de instigar el espionaje y volvió a la carga: “Cómo confiar los códigos nucleares a alguien así”. Parecía que no podía ponerse peor, pero sí. El tema de la economía podría haber sido árido, pero a pesar de la pregunta del moderador sobre el aumento de la deuda, Trump no contestó cómo podría llevarse a cabo su plan sin aumentarla. “Hasta los economistas conservadores dicen que su plan no es realista”, le dijo cáustico el moderador. “Crecemos al 1%, India al 7%, China al 8%, es un desastre”. ¿Cómo va a cambiarlo? No puede responder. Hillary aprovecha para atacar con el viejo “Trickle Down Economics” del primer debate, que ya no tiene punch y dice que Trump elevará la deuda en 20 trillones de dólares y que ella, en cambio, creará empleos, invertirá en infraestructura y revisará los tratados con un fiscal especial. “Desparecieron 6 billones de dólares del departamento de estado, ¿dónde están? ¿acaso se los robaron?”, pregunta Trump desde la nada. Otro hecho que los “fact checkers” desminiteron de inmediato.

El momento de ataques de la noche vino cuando él volvió: “Ella creó ISIS” y ella sacó el tema de la conversación con Billy Bush y las nueve mujeres que han denunciado haber sido tocadas o besadas a la fuerza por Trump. “Falso. Quieren sus diez minutos de fama o la campaña de ella las contrató”. Ella no le permitió escaparse de esta. No solo son mujeres, a todos ha insultado en esta campaña. Es un patrón, afirma. Ese toma y daca tenía que ir a dar a las respectivas “fundaciones”, filantropías de ambos. Otro caso que no podía ser más abismalmente distinto. Él la acusa de recibir donaciones de compañías que luego hacen obra pública. Ella de usar donativos para comprar un retrato del propio Trump y el moderador la ayuda: “No usó donativos de su fundación para pagar arreglos judiciales”.

Todos los titulares, en cambio, serán del siguiente momento. Trump –y lo hará en otra ocasión– no concede. Dice que por ahora no puede afirmar que aceptará el resultado electoral. ¿Me pregunto en qué democracia moderna, seria, el candidato utiliza el último debate, el que debía ser su tabla de salvación para cuestionar el propio proceso que lo tiene allí –ya había cuestionado la primaria cuando parecía que en la convención republicana lo pensaba sacar de la contienda–, y Hillary sardónica sacó a la luz los tuits cuando acusó a los Emmys de ser fraudulentos por no darle tres años consecutivos el premio a su show, ‘El Aprendiz’. Ni siquiera en su mejor sueño la candidata demócrata pudo haber pensado que el niño malcriado acabaría por pisotear el script. El moderador quiso ser eso, moderado: “Pero su hija Ivanka esta misma mañana y su candidato a la vicepresidencia dicen que aceptarán, ¿usted, señor Trump?” “NO. Yo te dejaré en suspenso”.

¿Puede suspenderse el sufragio democrático? ¿Decirle a los electores así que no vayan a votar? Veo en los próximos días más candidatos republicanos abandonando a Trump para salvar el pellejo. No puede ser de otra forma o perderán el senado y se verán con dificultades de tener una mayoría total en la cámara.

Alepo o la deuda interna dejaron de tener el “peso” que el moderador pensó que tendrían después de esa declaración. Acaso Trump mostró ignorancia en política exterior y ella conocimiento total de la diplomacia. Si acaso ninguno de los dos pudo salir librado del todo del tema de la deuda ella al menos dijo que no dejaría de “financiar” los beneficios sociales (Medicare, por ejemplo) sino que les inyectaría dinero a esos fondos del cambio de impuestos y les haría pagar a los más ricos al fin. Hillary tira un dardo envenenado: Donald se vende como el salvador, desde cuándo está tan mal el país… Desde Reagan al menos porque ella trae a colación un anuncio publicitario de cien mil dólares contra él.

El moderador cree que tiene un as bajo la manga y a pesar de que los candidatos no quisieron hacer comentarios finales se los pide. ¿Por qué el electorado debería preferirlos? Hillary invita a votar por ella a republicanos, demócratas e independientes, es de todos la tarea de Norteamérica. Trump, el niño malo, el bully de la primaria, vuelve a atacar: el país es un desastre, no se atiende el prespuesto militar, se olvida a los veteranos, las “inner cities” son el infierno, los latinos y afroamericanos estarán con él mejor que con nadie. Si quieren tener cuatro años más de Barak Obama, voten por ella.

No se dan la mano. El moderador tiene que pedirles que no se vayan y cierra el debate pidiendo no solo la conciencia sino sobre todo el acto ciudadano de ejercer ese derecho y esa obligación el 8 de noviembre.

Es claro, para mí, que el gran perdedor, Trump, se enredó aún más en el tercer debate. No solo eso, destruyó la confianza en el sistema electoral y con eso seguramente se aisló más de su partido. La encuesta de CNN le daba el triunfo 52% a Hillary en el debate, contra el 39% a Trump. El animal televisivo, que destruyó a todos sus oponentes en la primaria republicana no pudo ganar ninguno de los debates contra su rival demócrata. Peor aún, terminó por cavar su propia tumba. El niño malcriado es, además, un niño confundido que bien debería volver a estudiar la primera.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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