México se levanta

México se levanta
Opinión
director, guionista y productor de cine mexicano. Ganador en 2014 del Premio de la Academia como Mejor Director.
2017-10-19T14:16:59-04:00

Acababan de pasar las 8:15 de la noche en el pueblito italiano donde vivo. Me encontraba trabajando en la sala de edición cuando el chat del grupo familiar comenzó a sonar. Al abrirlo, vi que justo debajo de un mensaje fechado el día anterior avisando de un simulacro de sismo, mi hermano había escrito: "Ojo, es mañana, no hoy". El nuevo mensaje era de mi nuera, preguntando si todos estaban bien. Fue el primero de los mensajes de toda la familia, en los que cada miembro preguntaba lo mismo y confirmaba estar a salvo. Ese mensaje me anunció de inmediato el inicio de una tragedia. Como tantos mexicanos en el exterior, busqué información en línea, pero las noticias que aparecían sobre México eran las mismas que las de horas antes.

Mi hermana, en su trabajo, avisó que no podía comunicarse a su casa y preguntaba si alguien sabía si su hijo estaba allí. Me comuniqué a su casa de inmediato y me enteré de que había habido un temblor, un temblor muy fuerte. A la distancia, le escribí a mi hermana para informarle que su casa estaba bien pero su hijo no estaba allí. Al poco tiempo, casi todos los integrantes de la familia se habían reportado, excepto dos, de los que no recibíamos comunicación alguna. Pasaron dos horas de una espera angustiosa mientras las primeras noticias comenzaban a emerger. Era uno de esos terremotos tan temidos por todos los que padecimos aquella sacudida mortal del '85 y fuimos testigos de sus atroces consecuencias. Finalmente, los miembros faltantes lograron reportarse: se habían quedado sin luz y sin comunicaciones. Mi familia estaba bien.

Pero las noticias de un México sacudido y castigado eran ya más extensas y dentro de esa gran tragedia, y frente al oscuro silencio del gobierno, la luz se empezó a manifestar en las voces y acciones de una sociedad civil comunicada, informada y solidaria, que ayudaba a vecinos y desconocidos con actos de bondad y generosidad absolutas. Ese México que estaba enterrado empezó a florecer, abonado por el estiércol del desprecio de nuestros gobernantes.

Los jóvenes se hicieron presentes, liderando grupos de voluntarios, utilizando las herramientas intuitivas que les son tan cercanas, mofadas por generaciones mayores: llovieron los Tuits, los mensajes en Facebook y Whatsapp. Del caos inicial de la información, aprendieron la disciplina de la verificación y el discernimiento, ordenando la manera de comunicar y compartir la información.


La sociedad se organizó para levantar escombros y buscar sobrevivientes, para recolectar medicamentos y comida y transportarlos a las zonas necesitadas. Se organizó también para confrontar a las autoridades que, temerosas de la organización civil que ponía en evidencia su ineptitud, intentaron desalojar las calles y despejar los escombros con maquinaria pesada antes de tiempo ––arriesgando las vidas de posibles sobrevivientes––, así como apropiarse de los apoyos recolectados, con fines políticos, electoreros o de simple latrocinio, mientras en los medios inventaban narrativas de telenovela que buscaban distraer a un público que ya había dejado de creer en sus cuentos de hadas.

La gente abrió sus casas, los hoteles abrieron sus habitaciones, se multiplicaron los centros de acopio por todo el país y las entregas mano a mano, que de inmediato tendieron lazos hacia las comunidades también golpeadas en otros estados y aún más ignoradas por el estiércol del desprecio oficial. El sismo no sólo derrumbó edificios, también rompió las estructuras y evidenció los fallidos cimientos del poder, carcomidos por la corrupción y la impunidad. También hizo aún más evidente la obscena disparidad económica en el país y los abusos y el olvido del que son víctimas los estados al sur de la Ciudad de México.

El terremoto del 19 de septiembre siguió al de la noche del 7, que fue devastador en los estados del sur y en Centroamérica. A semanas de estos sucesos, los estragos comienzan a cuantificarse, y mientras las miles de familias que están a la intemperie —muchas de ellas sin empleo— sufren las amenazas del huracán Nate y sus lluvias torrenciales, las autoridades han comenzado las obras de una reconstrucción mal planeada bajo la sombra del buitre del oportunismo: obras donde arrasar las construcciones dañadas para reemplazarlas con cubículos de ladrillo y cemento es la orden del día, ignorando o despreciando las identidades culturales.

Pero la sociedad civil continúa organizada, sus distintas agrupaciones crean alianzas, trabajando y subordinándose a las organizaciones comunales en proyectos en los que las paredes y los techos son sólo una parte de un tejido mayor cuyos hilos son la salud, la educación, las fuentes laborales y el respeto a la niñez y a la mujer. Mientras que el gobierno está ansioso por resanar la normalidad de antes, la sociedad civil trabaja para crear una normalidad distinta, en donde la corrupción sea castigada y se elimine la impunidad. Las autoridades intentan reconstruir lo que había; la sociedad civil quiere crear el México del siglo XXI.

Siguiendo su inspiración y ejemplo, MÉXICO SE LEVANTA se une a esta sociedad civil en su creación, e invita al mundo a participar en ella.


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