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Mark J. Seitz: Migración y cambio climático van de la mano

Mark J. Seitz: Migración y cambio climático van de la mano

El autor propone un diálogo sobre la conexión moral entre inmigración y cambio climático

Mark J. Seitz: Migración y cambio climático van de la mano GettyImages-P...


Por Rev. Mark J. Seitz, obispo de la Diócesis de El Paso


Durante su visita a México la semana pasada, el Papa Francisco viajó a Ciudad Juárez para recorrer parte de la frontera con Estados Unidos. Con un dramático y conmovedor paisaje como telón de fondo, el primer Papa latinoamericano celebró una misa al aire libre frente a miles de feligreses y conmemoró las vidas de aquellos que han muerto tratando de emigrar al país vecino.

Allí en el muro entre México y Estados Unidos, Francisco expresó su preocupación por la situación migratoria, y produjo entre muchos de nosotros una mayor compasión por nuestros hermanos y nuestras hermanas inmigrantes, quienes día a día se enfrentan a vulnerables y desafortunadas situaciones. Y es mi esperanza que el mismo paisaje que acompañó fielmente al Santo Padre durante toda su homilía y recorrido por la zona fronteriza, de igual manera, nos inspire a tomar acción contra el cambio climático y la precaria situación ambiental que se vive en América Latina, en los Estados Unidos y en el mundo entero. Ambos son desafíos estrechamente vinculados a la situación migratoria.

Es nuestra obligación moral aliviar el sufrimiento de aquellos más vulnerables. Estamos llamados a hacer más por identificar y erradicar las dinámicas estructurales que contribuyen al sufrimiento humano. La caridad y la justicia social son necesarias para que la vida humana prospere.

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En los Estados Unidos, la inmigración es un importante tema social para muchos ciudadanos y funcionarios electos. En diversos lugares públicos, como plazas, parques y estaciones de autobús, los estadounidenses discuten, a veces utilizando crueles y deshumanizantes retóricas, lo que consideran las acciones y leyes que mejor aborden el panorama migratorio de nuestra nación.

Como contribución a esta discusión publica, los obispos católicos de los Estados Unidos realzamos la vida y la dignidad intrínseca de cada ser humano. En este espíritu, es nuestra responsabilidad velar por las necesidades emocionales, físicas, psicológicas y espirituales de los inmigrantes. En esta búsqueda de justicia social, nosotros los obispos hemos pedido, entre otras cosas, una reforma migratoria integral que ayude a atender las causas y los desafíos de la inmigración.

Hay muchas razones por las cuales las personas abandonan su tierra natal para entrar a los Estados Unidos. En su más reciente encíclica Laudato Si, el Papa Francisco hace hincapié a una de ellas: la estrecha conexión entre los problemas sociales y ecológicos, específicamente los devastadores efectos del cambio climático.

El Sumo Pontífice apunta que los pobres “viven en las zonas particularmente afectadas por fenómenos relacionados con el calentamiento [global]”. Asimismo, reconoce que muchas personas emigran para escapar de los desafíos “causados por vivir en medio de la pobreza y la degradación del medio ambiente”.

Esta combinación de factores sociales y medioambientales propulsaron que Francisco afirmara que “no solo nos enfrentamos a dos crisis, sino más bien a una compleja crisis que abarca tanto lo social como lo ambiental”.

Esto significa que el discurso sobre inmigración debe estar unido a conversaciones acerca de cómo las acciones de los seres humanos contribuyen al cambio climático. Nosotros que vivimos en el norte de México sabemos que, actual e históricamente, Estados Unidos es uno de los responsables de la contaminación. Y algunas de nuestras industrias que más generan contaminantes han sido trasladadas a otros países. Tenemos la obligación moral de reducir esta contaminación, y esta obligación no debe depender de las contiendas o retrasos legales, como el aplazamiento de la Corte Suprema de Justicia al Plan de Energía Limpia.

La mayoría de los científicos concluyen que la contaminación de carbono ayuda al desarrollo del cambio climático, que está agravando las sequías y las tormentas, y que obliga a muchos inmigrantes a cruzar nuestra frontera. Ejemplo de ello son las sequías que atraviesa Centroamérica hace más de dos años.

Como dijo el Papa en su encíclica, es de suma urgencia que comencemos la transición y el remplazo de “tecnologías basadas en el uso de combustible fósiles, especialmente el carbono, pero también el aceite y, en una menor medida, el gas”.

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La presencia del Papa Francisco en el muro fronterizo dejó claro que nuestros inmigrantes están huyendo de la violencia, la degradación del medio ambiente y los conflictos económicos. Mientras que el muro en la frontera entre Estados Unidos y México puede detener a algunos inmigrantes, no hace nada para abordar el cambio climático, la deforestación y las otras causas de la migración.

Mientras continuamos en este ciclo electoral, pido a todos mis compañeros estadounidenses, especialmente a aquellos que aspiran a cargos públicos, que entremos en un serio y honesto diálogo sobre la dimensión y conexión moral respecto a la inmigración y el cambio climático. Cada migrante y cada persona tiene derecho a la vida y a la dignidad humana. Esta dignidad no puede ser privada por nada, ni si quiera por un muro, sino que debe garantizar que se atiendan las necesidades de los inmigrantes tomando en cuenta valores como la compasión y la caridad.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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