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"Lo difícil" de la frontera

Pence, los protocolos mexicanos y el debate sobre la designación de Guatemala como "tercer país seguro" que continúa frustrando los intentos de Trump de evitar la entrada de solicitantes de asilo.
Opinión
Exembajador de Estados Unidos en Panamá y analista político de Univision.
2019-07-16T11:48:25-04:00

Cuando Mike Pence visitó la Estación de la Patrulla Fronteriza de McAllen, Texas para comprobar las condiciones de detención de los migrantes, no tuvo mucho que decir.

Según fragmentos televisados de la visita, el vicepresidente comentó: " Esto es difícil". Pero ni siquiera necesitaba decirlo. El cristiano evangélico de sesenta años dijo mucho con sus ojos, y cuando cruzó sus brazos firmemente contra su pecho, como hacen los hombres cuando enfrentan cosas difíciles. Se les enseña que en momentos de dolor y tristeza deben asumir un aire de férreo estoicismo, en lugar de entregarse a la locuacidad.

El rostro adusto del vicepresidente, mientras analizaba el bloque de celdas hacinadas, era el adecuado para las cámaras, pero sospecho que ocultaba conmoción y dolor genuinos en el hombre que dice vivir según la Palabra de Dios. El papa Francisco y una legión de líderes cristianos han criticado en repetidas ocasiones las políticas de esta administración. Mike Pence debe haberlos escuchado, y debe haber sentido una contradicción enorme en esa celda apestosa.

Cuán difícil debe haber sido entonces para Pence pensar que el miedo y la angustia de esos migrantes, hacinados o acurrucados bajo las mantas isotérmicas, era producto de la creación de su propia administración.

Desde el primer día del gobierno de Trump, Mike Pence ha sido el hombre a quien el presidente recurre para que lidie con los problemas con los que él mismo no quiere lidiar. Una reciente columna del USA Today resumió el leal papel de vicepresidente de Pence, mientras que destacó cuán diferente es su estilo personal diplomático en comparación con el del presidente cuando interactúa con líderes extranjeros.

El vicepresidente en McAllen

Pero no había líderes extranjeros en la Estación de McAllen, sólo un vicepresidente estadounidense que escuchaba atentamente mientras un funcionario de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP, por sus siglas en inglés) describía los detalles de las dietas de la prisión, los cepillos de dientes y los horarios de duchas ... no para criminales, sino para hombres detenidos simplemente por haber escapado de la desesperación en Centroamérica.

No es difícil imaginar que Pence pudo haberse sentido frustrado al ser sometido a semejantes detalles administrativos. Como todos los vicepresidentes, quizás pensó que debería haber sido el asesor de la Casa Blanca, Stephen Miller, o el propio presidente, quienes se expusieran a la dura realidad de las consecuencias de sus políticas de inmigración, no como se ven desde un mitin de campaña o desde Twitter. Pero Pence ya había desempeñado este papel.

Después de que el presidente amenazó perentoriamente con imponer aranceles a todas las importaciones mexicanas hacia Estados Unidos, a Mike Pence lo enviaron a lidiar con el trabajo sucio de afinar los detalles. Tras reunirse durante tres días en Washington con el secretario de relaciones exteriores de México, Marcelo Ebrard, el vicepresidente llegó a un acuerdo mediante el cual México evitaría temporalmente los aranceles del presidente a cambio de una mejor aplicación de la ley en sus propias fronteras, lo cual impediría que los centroamericanos solicitaran asilo en Estados Unidos.

El anuncio diplomático se refirió sólo a los Protocolos de Protección de México — un plan según el cual los solicitantes de asilo permanecerían alojados en México hasta que se "admitieran" gradualmente a Estados Unidos para resolver sus reclamaciones.

El tercer país seguro

Algo que no se especifica en esa declaración, pero que se sabe se encuentra bajo consideración activa, es un acuerdo de tercer país seguro con México. Conforme a dicho acuerdo, quizás Mike Pence no tendría que visitar centros de detención en el futuro, pues México se vería obligado a ofrecerles asilo a los centroamericanos y devolverlos a Centroamérica si no califican.

Durante semanas ha habido rumores sobre este mismo tipo de acuerdo con Guatemala, el principal país de origen de potenciales solicitantes de asilo. El presidente guatemalteco saliente Jimmy Morales tenía programado reunirse con el presidente Trump el 15 de julio.

Un día antes, su gobierno emitió una declaración mediante la cual cancelaba la visita debido a que el tribunal constitucional de ese país está considerando si sería legal que Morales firme un acuerdo de tercer país seguro.

Los juristas guatemaltecos no están solos. Numerosos expertos legales estadounidenses han alegado que un acuerdo de tercer país seguro se opone al derecho internacional de los tratados y viola el principio fundamental de 'no devolución' .

Según esta práctica, se le prohíbe a un país devolver a los solicitantes de asilo a un país en el que corren el riesgo de ser perseguidos por motivos de raza, religión, nacionalidad o pertenencia a un grupo social, o por sus creencias políticas. Lo genial de obligar a México o a Guatemala a aceptar un acuerdo de tercer país seguro es que evita la cuestión de la 'devolución' porque los migrantes nunca tienen la oportunidad de buscar asilo en Estados Unidos.

Curiosamente, y de forma algo confusa, la declaración de Guatemala en la que anunciaba la cancelación de la visita del presidente Morales "reiteró que en ningún momento ha considerado firmar un acuerdo" de esta naturaleza.

Mientras tanto, en México, el secretario de relaciones exteriores ha declarado que, si la aplicación de la ley en su frontera sur con Guatemala no reduce los flujos de solicitantes de asilo para mediados de agosto, consideraría la posibilidad de discutir un acuerdo de tercer país seguro.

Si eso sucede, podemos estar seguros de que volverán a llamar a Mike Pence para que se convierta en el maestro de los detalles que Donald Trump quiere que desaparezcan. El propio presidente reforzó esta conjetura cuando tuiteó el 13 de julio que cuatro nuevos legisladores demócratas debían "volver a casa".

De hecho, sólo una de los cuatro nació en el extranjero, y ella, al igual que los otros tres ... como Mike Pence, es cien por ciento estadounidense. Quizás en algún lugar de los recovecos de su alma cristiana, Mike Pence también lo sabe, pero, por ahora, de él sólo podemos esperar una determinación más férrea y la obediencia propia de un lugarteniente.

Nota : La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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