La violencia cobra vidas de extranjeros en México

“Según datos de Naciones Unidas, en México son asesinadas siete mujeres y dos niños menores de 14 años cada día. ¡Dios mío!… cada día”.
5 Ago 2016 – 11:30 AM EDT

Si el gobierno mexicano es incapaz de defender a sus mujeres y niños, tampoco es capaz de proteger a mujeres extranjeras que viven en su territorio por alguna razón o circunstancia.

Según datos de Naciones Unidas, en México son asesinadas siete mujeres y dos niños menores de 14 años cada día. ¡Dios mío!… cada día.

Las cifras son escalofriantes y, tristemente, las mujeres colombianas en México están entre las extranjeras desprotegidas. Esta semana se conoció el nombre de la última víctima fatal colombiana en la Ciudad de México, Stephanie Magón Ramírez. Su asesinato se supo justo cuando la comunidad colombiana se reunía para rendir homenaje póstumo a Mile Virginia Martin, víctima de un múltiple homicidio cometido el año pasado en un apartamento en la Colonia Narvarte, crimen aún impune.

Y a ellas se suma el nombre de Diana Alejandra Pulido, también víctima de asesinato. Esto ha motivado que la comunidad colombiana dirigiera, este 2 de Agosto, una carta de protesta a las máximas autoridades de la capital. Dice la carta, entre otras cosas: “En los tres casos esta realidad se ha ocultado bajo la estigmatización y revictimización por su condición de mujeres, colombianas y migrantes”.

La carta denuncia además otros casos en los que colombianos han sido protagonistas fatales: “Lamentablemente, la vulnerabilidad de las y los migrantes colombianos en México no se agota en los feminicidios. Casos como el de Helio Rodrigo Toro Valenzuela, desaparecido en Veracruz después de ser ‘levantado’ por miembros de la Fuerza Civil de Poza Rica apenas hace unos meses; o el de Nino Colman Hoyos Henao, inculpado por policías de la Ciudad de México y condenado con un proceso que implicó tortura y violación a sus derechos; o los homicidios de Carlos Mejía Contreras, Carlos Arturo Marulanda Orozco, Jorge Armando Muñoz Hincapié, Francisco Javier Agudelo Gómez y Yolme Badi Osorio Cano, los cinco jóvenes asesinados en Veracruz el año pasado, demuestran que la situación de violencia en México es generalizada, y que las autoridades competentes deben reforzar las medidas de seguridad y protección para todos, migrantes, residentes y nacionales. De la misma manera, es urgente que se respeten los protocolos en materia de derechos humanos establecidos en los distintos tratados ratificados por México y, con ello, garantizar medidas satisfactorias de verdad, justicia y reparación tanto a las víctimas de los diversos delitos como a sus familiares”.

Los firmantes, pertenecientes a un movimiento llamado “Muévete por Colombia”, presentan una serie de exigencies que ellos saben no serán cumplidas. La primera dice: “Garantizar el derecho a la vida de los colombianos en México”. Algo que, irónicamente, es utópico en un país de violencia rampante y con más corrupción que justicia. Esto no lo digo yo, lo generalizan periodistas y comentaristas mexicanos cada día.

El tema de la violencia contra colombianos y extranjeros en general en México, hace parte del grave problema que tiene el país y que afecta a todos sus ciudadanos, quienes viven el día a día asustados y amenazados.

Es triste que este problema social, para el cual el gobierno no ha encontrado solución, continúe aumentando de manera incontrolable.

Suena irónico pensar que a pesar de la crisis de violencia, millones de extranjeros sigan poniendo sus miradas en México. Eso sucede porque es un país de gente amable, de atractivos extraordinarios, de una riqueza culinaria fantástica, de una cultura única, de una topografía enviadiable, de una historia única, un país con imán, con muchas cosas buenas.

En el 2012 se eliminaron las visas entre México y Colombia, y los colombianos siguen visitando México. Superan en número a cualquier otro país latinoamericano. Según datos de la Unidad Política Migratoria de la Secretaría de Gobernación, en el 2015 llegaron a México 363.000 colombianos, la mayoría turistas y una cifra de ellos, no determinada, para vivir allí.

Lo triste es que no existen garantías para sus vidas.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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