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La solución a la crisis venezolana pasa por Cuba

“Los presidentes de México, Colombia, Brasil, Argentina, Perú, Canadá y Estados Unidos deberían mandarle un mensaje consensuado directamente a Raúl Castro: él tiene que ayudar a resolver esta tragedia”.
Opinión
Ex director del National Security Council para el Hemisferio Occidental.
2017-08-29T11:40:15-04:00

El desastre político y humano que es Venezuela hoy en día era algo predecible cuando se examina su evolución a través de los años, y en particular tomando en cuenta sus muchos patrocinadores. El primero y más prominente, por supuesto, es el equipo de los hermanos Castro, Fidel y Raúl. El estilo de gobierno autoritario y deshumanizador de Cuba fue el modelo por excelencia de aspirantes a dictadores como Hugo Chávez. Sin embargo, los Castro por sí solos fueron una condición necesaria pero insuficiente para que un gobierno autoritario de tendencia socialista empezara a arraigarse en Venezuela. Un factor que influyó fuertemente fueron los otros dirigentes socialistas de la época para quienes Fidel fue un icono de gran admiración. Recuerden la última década y miren alrededor de la región –en Brasil, Lula (seguido por la protegida Dilma); en Argentina, Cristina Fernández; en Chile, Michelle Bachelet (que repitió gobierno después de un término de Sebastián Piñera) y, por supuesto, Evo Morales en Bolivia, Daniel Ortega en Nicaragua y Rafael Correa en Ecuador. Todos ellos han sido admiradores y seguidores de Fidel desde hace mucho tiempo, ejemplos regionales que priorizan la jerarquía, el orden y la autoridad por encima de la libertad; no sólo toleraban el espectáculo de Fidel-Hugo, sino que lo apoyaban con entusiasmo.

Otro factor importante desempeñaría un papel importante para asegurar que el sueño de Chávez de convertir el modelo venezolano en un estado al estilo cubano de control total –que apenas puede alimentar a su pueblo y que ejerce un completo dominio político–, se hiciera realidad. Desde la consolidación del régimen autoritario de los Castro en Cuba a principios de los años sesenta, el sueño de Fidel fue exportar este modelo dictatorial al resto de América Latina (y más allá, ¿acaso hemos olvidado por completo el Congo o Angola?) con su teoría del “foquismo” para intentar generar insurgencias en Bolivia y más allá. [Para los que no se acuerdan, esa fue la teoría inspirada por el Che Guevara y Régis Debray de tratar de crear las condiciones necesarias para generar la revolución]. Prácticamente todos los países de la región con un estilo de gobierno autoritario de izquierda fueron ayudados e incitados por los servicios militares y de inteligencia cubanos –El Salvador, Nicaragua, Bolivia, y ahora Venezuela–. El único país que se resistió fuertemente a esta expansión fue Estados Unidos y su consistente política exterior de reconocer el modelo de Castro por lo que fue (y sigue siendo): un régimen autoritario, cruel y dominante que priva a sus ciudadanos de libertades sociales, políticas y económicas. Pero en el 2012 la administración Obama intentó cambiar de política y minimizar el récord de 50 años de los Castro de violaciones de derechos humanos y apoyo a terroristas, insurgencias y estados proscritos (Irán y Corea del Norte, por ejemplo) y proporcionar al régimen lo que más anhelaba, la legitimidad estadounidense.

Resultó como con algunos otros objetivos políticos de la administración de Obama: fueron bien intencionados, pero minimizaron la realidad de un mundo habitado por regímenes difíciles, con sus propios intereses y no dispuestos a conformarse con las reglas de la comunidad internacional. Otros ejemplos incluyen el acuerdo con Irán con respecto a su desarrollo nuclear, o el apoyo al proceso de paz con las FARC en Colombia, en donde los instintos del presidente Obama de ver lo mejor en ciertos tipos de individuos o sistemas han llevado a resultados no deseados. En lugar de ver la realidad de la pesadilla del pueblo cubano, producto de cinco décadas, como un vaso medio vacío y el producto lógico de la ideología comunista, el equipo de Obama aparentemente vio el vaso medio lleno de reforma potencial... o tal vez el impacto político doméstico era simplemente demasiado atractivo. Sin embargo, desde el momento en que se realizó el acuerdo con Cuba el tiempo ha demostrado que los Castro no tienen ningún interés en una verdadera reforma política, y que su principal interés económico es fortalecer el Partido, el Estado y las Fuerzas Armadas, no el bienestar de la ciudadanía.

El gobierno cubano arguye que su país es un paraíso socialista que es la envidia de la región, e insiste en que sus aflicciones económicas son, única y exclusivamente, culpa del embargo de Estados Unidos. Esta noción es, por supuesto, pura propaganda. La economía cubana tiene la oportunidad de relacionarse con el resto del mundo, y lo hace; la razón de su pobre desempeño económico es, pura y simplemente, el resultado directo de políticas económicas pobres. Toda economía productiva en el mundo funciona sobre alguna variación de un sistema basado en el mercado; los de baja productividad son aquellos que no lo hacen e intentan utilizar un modelo de economía planificada por el gobierno. La ex URSS es un caso ejemplar que demuestra que el país más grande y rico en recursos del mundo puede fracasar económicamente si es mal administrado y, sin embargo, muchos no han aprendido esas lecciones.

¿Qué tiene que ver todo esto con la tragedia que hoy se vive en Venezuela? Nicolás Maduro, el inepto sucesor designado por Hugo Chávez, ha estado bajo la influencia –para no decir el control absoluto– de asesores políticos cubanos y de sus servicios de inteligencia y militares desde que Chávez abandonó la escena. La respuesta de la administración Obama fue intentar varios esfuerzos de mediación, ninguno de los cuales tuvo éxito; esto es así en gran parte porque estaban negociando con la gente equivocada. A medida que la caída en el caos se ha acelerado, Cuba tiene ahora “un ejército de ocupación” en Venezuela según el Secretario General de la OEA, Luis Almagro. Apropiarse de facto de las riquezas petroleras de Venezuela sería un salvavidas para el triste modelo económico de Cuba.

Es evidente que existe gran interés en la región para que la crisis en Venezuela no la convierta en un estado fallido. Esta es la razón por la cual los presidentes de la región tienen que dejar en claro a Raúl que sus esfuerzos por transformar Venezuela en una versión de Cuba son inaceptables. Los presidentes de México, Colombia, Brasil, Argentina, Perú, Canadá y Estados Unidos deberían mandarle un mensaje consensuado directamente a Raúl Castro: él tiene que ayudar a resolver esta tragedia. Hechos recientes indican que esta iniciativa tiene que venir de algún líder de la región; quizás el presidente Macri podría dar el primer paso dado su relación personal con el presidente Trump. Si bien es cierto que Trump puede influir, porque Raúl quiere mantener las ventajas logradas con el acuerdo con Obama, los otros presidentes también tienen que dejar claro que ellos apoyan esa postura; ellos también tienen que presionar. A estas alturas del partido, es evidente que la aproximación directa con Maduro no ha logrado los fines deseados, y el que sigue sufriendo es el pueblo venezolano. Esperar hasta que estalle la bomba de la deuda venezolana no es una solución al sufrimiento; el momento ha llegado para ejercer la presión sobre Castro.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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