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Hay algo en la gente bribona (o abiertamente mala) que atrae a muchos, un je-ne-sais-quois más común de lo que imaginamos.
Fernando Nunez-Noda
Opinión

Especialista en tecnologías digitales y cibersociedad

La era de los chicos malos

La era de los chicos malos

El anti-héroe, el rebelde o el disruptivo quieren pasar o están pasando de la cultura popular a los palacios de gobierno.

Hay algo en la gente bribona (o abiertamente mala) que atrae a muchos, u...
Hay algo en la gente bribona (o abiertamente mala) que atrae a muchos, un je-ne-sais-quois más común de lo que imaginamos.

La semana pasada en un parque de Orlando observé algo que me dejó pensando. Durante una escenificación de Star Wars donde ganaron los “buenos”, se le pidió al público que votara vía SMS junto a qué bando preferiría pelear (que es una forma de decir de qué lado estaban). El resultado dio una ventaja ¡al Imperio! de 52% contra 48%.

Al menos dos tercios de ese público llevan la etiqueta demográfica de “millennials” o simplemente “mileniales”. ¿Debe extrañarnos que prefieran al Imperio de Darth Vader sobre la sana paz de Luke Skywalker?

El indiscreto encanto de la picardía

Hay algo en la gente bribona (o abiertamente mala) que atrae a muchos, un je-ne-sais-quois más común de lo que imaginamos. Llaman la atención, mueven los juguitos internos de la gente. Los traviesos, los disruptivos, incluso los déspotas son muy populares, buscados y glorificados. A veces más que los héroes.

Siguiendo con el mundo fantástico de los superhéroes, abundan los ejemplos: Lex Luthor tiene el coco rapado pero gana muchas preferencias secretas. En cambio Supermán todavía no logra cuadrar con Luisa Lane. En la franquicia del murciélago enmascarado, Gatúbela es decenas de veces más popular que ¿cómo se llama? ¡Ah, Batichica!

En Latinoamérica no es diferente: Machete es un héroe con el que no querrás tener un desacuerdo y el Zorro tiene lo suyo de revoltoso y malandrín, al igual que Hans Solo o Deadpool al norte del Río Grande.

Los traviesos, los disruptivos, incluso los déspotas son muy populares, buscados y glorificados. A veces más que los héroes.


En la película “Grease”, Sandy (Olivia Newton-John) no puede convencer a Danny (John Travolta) de que se empaten. Solo hasta que aparece embutida en un traje de cuero negro, con zapatos de tacón y un largo cigarrillo, cual dominatrix, el galán cae rendido a sus pies.

De las 10 películas más populares de IMDB.com, 6 tienen protagonistas mafiosos como El Padrino, megalómanos como El Ciudadano Kane, disfuncionales como Jake LaMotta de “Raiging Bull” o irreverentes como el Rick Blaine de “Casablanca” o el Rhett Butler de “Lo que el Viento se Llevó”.

Artistas como Gael García Bernal o en su tiempo James Dean tienen el sex appeal del chico malo, la oveja negra, el mal portado. Su impacto se siente frente al de los chicos buenos (que no menciono para no ponerlos en evidencia).

Durante una escenificación de Star Wars donde ganaron los “buenos”, se l...
Durante una escenificación de Star Wars donde ganaron los “buenos”, se le pidió al público que votara vía SMS junto a qué bando preferiría pelear (que es una forma de decir de qué lado estaban). El resultado dio una ventaja ¡al Imperio! de 52% contra 48%.


Quizá este magnetismo explique qué cada vez haya más antihéroes en el cine y la TV, como los narcotraficantes en algunos de los programas más populares de la televisión hispana. “Narcos” de Univision ha sido un éxito rotundo en América, Asia y África. Su director Andrés Baiz declaró que “la gente siente gran curiosidad y fascinación por personajes como Pablo Escobar.” No precisamente un príncipe azul.

Igual pasa con la Mafia en EE.UU., un romance que viene desde el primer “Scarface” de 1932, protagonizado por Paul Muni. En la cultura popular estos deslices son relativamente inocuos, pero en otros contextos, como la política, pueden resultar suicidas. Lo veremos más adelante.

¿Por qué la fascinación?

Hay muchas teorías sobre este gusto por los “chicos y chicas malas”, pero sobre todo los primeros. La psicología le ha dedicado bastante atención. Nicholas Holtzman, Profesor de la Georgia Southern University, ha estudiado el cómo y el porqué –por ejemplo- las adolescentes suelen sentirse atraídas a chicos inmersos en lo que él llama el “triángulo oscuro” de “Maquiavelismo, narcisismo y psicopatía”.

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Holtzman y otros estudiosos apelan a conceptos clásicos, como el “principio del placer” de Freud, un impulso a satisfacer deseos del yo. Comer, tener sexo, ejercer el poder. Los mal portados tienen, por así decirlo, un yo desatado y, aunque no lo concreten, proyectan una imagen de desafío a lo que contiene esos deseos. La sociedad, la familia, las normas, todos hechos para moderar lo más salvaje que nos mueve. Y a ese “superyó” la mala propaganda lo llama “valores burgueses”: se confunde con prohibir y genera un natural rechazo de la juventud, que quiere permisividad no recato.

Recordemos dos presidentes recientes de EEUU: Luego de dos “superyós” (Ronald Reagan y George Bush padre) vino Bill Clinton a redibujar la figura presidencial a niveles de informalidad y picardía no vistos antes. Y George W. Bush fue tan diferente al padre: buscador de problemas en sus años universitarios y muy del lado de ciertos excesos etílicos.

Los mal portados tienen, por así decirlo, un yo desatado y, aunque no lo concreten, proyectan una imagen de desafío a lo que contiene esos deseos.


En los análisis de Holtzman y otros, siempre surge Carl Jung, cuya teoría de la sombra acaso inspiraría al mismísimo George Lucas. Dice que lo que ocultamos nos domina y allí están muchos de los deseos de placer o de poder. Los villanos disipan esas sombras, como los bucaneros de “Los Piratas del Caribe”, que dejan sus hordas en plena libertad para saquear, abusar y destruir.

Al final (y he allí la ligazón con la política) se trata de destruir las reglas o, si no, saltarlas. Denme un centavo por cada película en la que el motorizado invita a su conquista a entrar sin permiso a algún lugar, donde luego… Maquiavelismo: satisfacer el deseo justifica los medios.

Narcos serie
“Narcos” de Univision ha sido un éxito rotundo en América, Asia y África. Su director Andrés Baiz declaró que “la gente siente gran curiosidad y fascinación por personajes como Pablo Escobar”.


Otro elemento presente es la venganza. El malo, si compartimos el mismo enemigo, se las cobra por nosotros. Tiene un poder que no tenemos. Por eso todo dictador, sátrapa, populista o agitador dice enfrentar un gran enemigo (el capitalismo, el comunismo, la expansión de A, B o C), muy difícil de vencer, lleno de conspiraciones para liderar una venganza colectiva. Y si no lo tiene, lo inventa.

Finalmente, el narcisismo. La gente que llama mucho la atención hacia sí mismos, pues, a veces lo logra y cuando eso ocurre se produce el magnetismo. Donald Trump, el fenómeno político de los últimos dos años (campaña y primer año de gobierno) es un caso agudo de alguien centrado en sí mismo, retando los “hechos” o el sentido común con una autoridad personal y subjetiva, no sujeta a la ciencia.

Trump rompe las reglas, insulta al que le adversa, ignora o no comenta sobre alegaciones de acoso sexual, es su propio vocero en Twitter… y ganó la Presidencia.

No es extraño ver comparaciones entre Trump y Chávez ya que, aún cuando los separa un abismo, hay elementos muy comunes: la propensión a no jugar con las reglas tradicionales, el culto a la personalidad, la tendencia a desprestigiar a quien se le oponga y el uso de la “posverdad”, un mundo en el que la palabra del líder es más real y auténtica que los hechos mismos. Más narcisistas e implosionan.

En la gestión trumpiana nadie brilla sino él. Y quizá no estén equivocados quienes han visualizado un enorme cartel con el nombre Trump sobre la Casa Blanca. (Es broma, claro, pero a que muchos lo vieron plausible).

Venezuela es un caso (y un caos)

Si hay un país donde han explotados los yos y superyós, es Venezuela. De políticos ya desgastados a finales del siglo XX, en una democracia funcional a la que no le dio tiempo reconvertirse, llegó un populista cuyas credenciales eran de militar, golpista y castrista. Con gran capacidad histriónica se metió en el bolsillo a todas las clases sociales en, acaso, el mayor suicidio político cometido por una mayoría nacional en los últimos tiempos.

El carisma de Hugo Chávez logró vender la idea de un gobierno popular que lograría justicia social y económica. Su carácter llano y directo, burdo e irrespetuoso de los protocolos y modos de un gobierno moderno, sedujo a un electorado inmaduro, perpetuo buscador de salvadores y caudillos, hasta que el socialismo castrista gastó todo el dinero de los demás y detonó las bases democráticas del país.

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Hoy Venezuela es un país quebrado, con hiperinflación, hambre, 70% de la economía privada destruida, sin contar de las peores violaciones de DD.HH. en el continente y el mundo. En el régimen de Nicolás Maduro, así como en el de Chávez, hay altos funcionarios ex guerrilleros, atracadores de banco, secuestradores y recientemente altos capos de la droga. Aunque parezca mentira, esas credenciales delictivas son exhibidas con orgullo. No hay un Darth Vader porque en Venezuela hace mucho calor. Un precio demasiado alto por el chico malo.

Y todavía, no salgo de mi asombro cuando escucho o leo a venezolanos que, en vez de ansiar que vuelva a la democracia, claman por un caudillo, un salvador que cae en el mismo estereotipo de Chávez, aunque tengan otras orientaciones ideológicas.

Y por ahí vienen las FARC con partido político y demás, un grupo terroristas hasta hace poco, cuando el proceso de paz colombiano los liberó de tan adecuada categorización. En todos estos casos, la atracción hacia el lado oscuro termina dejando a los países en la oscuridad, en la represión, en la miseria.

Hugo Chávez
El carisma de Hugo Chávez logró vender la idea de un gobierno popular que lograría justicia social y económica.


El siglo 21 empezó con el pie izquierdo

Volviendo a los mileniales (nacidos a partir de los 1980), decíamos que es bien conocida su simpatía por el socialismo. De hecho según una encuesta muy comentada, publicada en noviembre de 2017 ( http://bit.ly/2zfAcd2), una mayoría de 44% señala que prefiere el socialismo antes que el capitalismo. 14% dice querer vivir bajo fascismo o bajo comunismo.

Padres y madres, maestros, no se asusten ¿o sí? Estas tendencias se basan primariamente en el atractivo de los “malandros” populistas, tipo Ché Guevara o últimamente Hugo Chávez: ignorante y generador de miseria, pero de un carisma indudable, así como una promesa de venganza contra enemigos económicos y políticos. En la esfera institucional estadounidense, Bernie Sanders logró mover muchas simpatías en la campaña presidencial de 2016.

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Pero luego notamos que los mileniales están tremendamente desinformados al respecto. Aunque 67% identifica fácilmente el capitalismo y 64% lo prefiere como sistema económico, 7 de cada 10 no aciertan al diferenciar comunismo, socialismo o fascismo. Por ejemplo, se le dio a los encuestados la definición de comunismo sin decirle que lo era, y se le pidió indicar a qué sistema correspondía: la mitad contestó “socialismo” o que “no reconocía la definición”.

Respecto a Venezuela, 61% (3 de cada 5) afirmó no estar familiarizado con la situación del país ni con Nicolás Maduro. No sorprende que sus opiniones sobre la Guerra Fría, sobre la dinámica con China y Rusia o el funcionamiento de un régimen comunista estén tremendamente alejadas de los hechos.

Pero, como dije, no decretemos el fin de occidente todavía. Otra encuesta, de 2016 ( http://bit.ly/2Ac56U6), señala que 53% de los mileniales menores de 30 años favorece el socialismo, pero cuando pasan de 30 años el porcentaje baja a menos de un tercio de la muestra.

Así que parece ser un amor platónico que se termina ¡cuando empiezan a trabajar! Al enterarse que esos subsidios soñados en sus años universitarios se financiarán ahora con su dinero, parece que se les pasa. Vaya forma en la que el libre mercado y la libertad de pensamiento se auto regulan.

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Por eso, mileniales (y el resto), cuidado con los villanos, que son divertidos, distintos, interesantes, intrigantes, sensuales y graciosos…

…Hasta que nos gobiernan.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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