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La Cumbre de las Américas y la crisis humanitaria en Venezuela

“La mayoría de las naciones que asisten a la cumbre tienen la gran oportunidad de abordar la crisis, acordando pasos concretos para revertir el sufrimiento causado por el gobierno de Maduro”.
Opinión
Vicepresidente de la Sociedad de las Américas y el Consejo de las Américas.
2018-04-05T15:46:26-04:00
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Una mujer se cubre la cara frente a militares de la Guardia Nacional en Venezuela. Crédito: Marco Bello/Reuters

Las crisis humanitarias y los campos de refugiados no son parte de la imagen de América Latina en el mundo. Siendo una región de ingresos medianos con una clase media en crecimiento, se supone que América Latina es mucho mejor que eso. La imagen alternativa: miles de refugiados, una economía destruida y gente al borde del hambre, es chocante. También puede ser una de las razones por las cuales el mundo recién ahora está despertando al hecho de que Venezuela, que tiene las reservas de petróleo más grandes del mundo, está colapsando.

Alguna vez la nación más rica de América Latina, con vuelos regulares del Concorde entre París y Caracas, el intento del gobierno desde 1999 de establecer un socialismo para el siglo XXI destruyó la economía y destruyó la democracia, como era de esperar.

Venezuela sufre de hiperinflación. Una quinta parte de los niños venezolanos están desnutridos y el hambre es ahora una espantosa realidad.

Tratando de restaurar su mandato popular, el gobierno ha convocado a elecciones el 20 de mayo, haciendo lo que sea, incluida la manipulación de suministros de alimentos y empleos, para garantizar la victoria.

Los indicadores sociales se han precipitado hasta el punto de que los pares globales de Venezuela son en su mayoría países devastados por la guerra, como Siria y Yemen. El crimen callejero se ha disparado. Caracas se ha convertido en la ciudad más peligrosa del mundo.

Pero Venezuela no ha sufrido una invasión o una guerra civil. De hecho, la única guerra que la nación ha visto en los últimos tiempos es la guerra económica a la que el propio gobierno del país ha sometido a su pueblo.

La incapacidad de Venezuela para controlar el comercio ilegal de drogas, con informes de altos funcionarios activamente involucrados, también perjudica a las naciones de América Central y del Caribe, minando las frágiles instituciones democráticas en países mal equipados para enfrentar esos desafíos.

Durante años, Venezuela ha sufrido una hemorragia en sus clases profesionales y educadas. La politización y la corrupción galopante que han transformado a la petrolera nacional PDVSA, el principal motor del crecimiento económico del país, de un líder mundial a un desastre en bancarrota, han expulsado el capital humano y la experiencia que Venezuela no puede permitirse perder.

Ahora, sin embargo, la hemorragia se ha convertido en una fuga desordenada, ya que más de un millón de venezolanos de todos los orígenes han salido de Venezuela en los últimos cinco años. Algunas estimaciones sitúan la diáspora en torno al 10% de la población venezolana, de unos 30 millones de personas.

Decenas de miles de ciudadanos venezolanos cruzan diariamente la frontera hacia Colombia, Brasil y Guyana, o llegan a diversas islas del Caribe como Aruba y Curazao. Sin trabajo, alimentos o medios de subsistencia, están a merced de sus vecinos, que tienen poca capacidad para manejar flujos de personas tan inmensos. Si bien las Naciones Unidas aún no les han ofrecido el estatuto de refugiados, se están realizando llamamientos internacionales para que lo haga.

Este escenario completamente predecible se ha estado edificando por años. Como dijo John Kennedy una vez, el momento de reparar el techo es cuando brilla el sol. Pero es casi imposible movilizar a gobiernos e instituciones hasta que ha comenzado una crisis.

Desafortunadamente, ahora estamos en ese punto.

Afortunadamente, por otro lado, estamos en vísperas de la próxima Cumbre de las Américas, una reunión periódica de líderes regionales programada para este mes en Lima, Perú. La agenda oficial está relacionada con las formas de combatir la corrupción mientras se apoya la gobernabilidad democrática. Pero la agenda no oficial se centrará en la crisis que se desarrolla en Venezuela.

Aunque al líder venezolano, Nicolás Maduro, se le ha retirado la invitación a la cumbre de Lima debido a los abusos autoritarios de su gobierno, los líderes de países aliados como Bolivia, Cuba y algunos países del Caribe planean asistir y es probable que impidan que se logre un consenso en torno a un plan de acción para lidiar con la crisis de Venezuela

Es una lástima, pero también una realidad dado que la quebrada Venezuela sigue financiando a su menguante grupo de aliados y el continuo respaldo de Cuba a su régimen hermano.

Las otras naciones en la cumbre tienen la gran oportunidad de abordar la crisis, acordando pasos concretos para revertir el sufrimiento causado por el gobierno de Maduro.

Pero deben tratar de curar la enfermedad, no solo tratar sus síntomas. No hay solución para la crisis de refugiados de Venezuela sin la restauración de la democracia en Caracas. También se debe desarrollar un plan para la recuperación económica, reconociendo que la paciencia y los recursos de la comunidad internacional no son ilimitados.

Mientras tanto, todos los días aumentan la represión y la desesperanza en Venezuela y crece la avalancha de refugiados que buscan escapar. Los líderes reunidos en Lima harían bien en reconocer que tanto el propósito como la promesa de la Cumbre de las Américas estaban destinados para un momento como este.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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