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Hillary mostró dignidad, contestó con seriedad y resolvió la pregunta sobre ser digna de confianza

“Es importante para nuestra generación ver a una mujer luchar en una elección extrañísima, contra un candidato que es –lo dicen ya los periódicos mayores de los Estados Unidos y millones de votantes– una amenaza para la democracia. Hillary ganó el debate”.
Opinión
Escritor, profesor en Tufts University. Su última novela, “No me dejen morir así” (Planeta), es sobre Pancho Villa.
2016-09-27T08:50:29-04:00

Días antes de este esperado debate televisivo entre la candidata demócrata, Hilary Clinton, y el candidato republicano, Donald Trump, los medios masivos abonaron, tristemente, en convertir el evento en un nuevo show televisivo. Especialmente pensando que comparaban sus posibles índices de audiencia con el Super Bowl y anunciaban que las tiendas de licores habían sido vaciadas por la posible audiencia alcoholizada. El encuentro en la universidad Hofstra no tiene comerciales, como la justa de fútbol americano, y para “calentar” el evento la televisora incluso convirtió la llegada de la audiencia en una especie de “alfombra roja”, como en los premios Oscar. Trump, como nos ha acostumbrado, hizo lo propio anunciando que invitaría a una presunta amante antigua de Bill Clinton a estar en primera fila. El candidato republicano evita confrontar sus ideas convirtiéndolo todo en teatro y, sobre todo, en un asunto personal.

El debate empezó discutiendo el asunto crucial de los trabajos y la desigualdad. Hillary fue clara: infraestructura, eliminar los vacíos que permiten a la gente en la cúspide, evadir impuestos. Por otro lado fue también interesante al iniciar enfocándose en el interior. Trump, en cambio, culpó a los otros: China, México. Ellos se llevan todo, usan a los Estados Unidos –en su óptica– para revitalizar su economía. Trump empezó más nervioso. El tono era suave, el discurso exactamente el mismo que hemos escuchado en la primera. Hillary quiere crear trabajo, Trump quiere reducir impuestos. Enfático habló acerca de los “tratados” y recalcó que los otros países le “roban” a los Estados Unidos. Hillary fue sabia al insistir en que la forma es el fondo. Que se puede proteger a la clase media, al pequeño comercio y él, en cambio, protegiendo a los ricos. Pronto Trump mostró que no puede cambiar, y que no tiene ideas propias. México, los otros, se benfecian, Estados Unidos pierde. Hemos oído esto hasta el cansancio. Hilary volvió, con inteligencia, a la crisis de 2008. Él no tuvo más que defenderse diciendo que comprar barato a la gente que sufre se llama “hacer negocios”. Hilary en esta parte se podría haber llamado “Fact-Hillary” (Hillary-Hechos), y se mostró como verdaderamente presidencial. Incluso en lugar de decirle mentiroso, lo juzgó como “no preciso”. Trump intentó acorralarla y ella logró salirse de ese lugar en donde, con sus viejas tácticas de debate, una política consumada no iba a dejarse orillar.

En la segunda parte Trump fue cuestionado sobre cómo defiende sus ideas sobre impuestos. No pudo sino otra vez culpar a otros, a la Reserva Federal, a los demás. El moderador tuvo que orillarlo a la pregunta del siglo, ¿por qué no muestra sus regresos de impuestos? La respuesta, igual a la que les dijo a sus oponentes internos en la campaña republicana: está siendo auditado, no lo hará mientras eso ocurra. Son todos los otros países los que destruyen la economía norteamericana. ¿Por qué no decimos entonces que en realidad Trump está en contra del neoliberalismo, pero quiere que el capitalismo salvaje lo salve, a él y a los ricos como él y que entonces –aislados– se autoprotejan? El problema es que no hay regreso a un capitalismo pre-neoliberal. Hillary entonces pensó que el momento era propicio para “írsele a la yugular” con el tema de por qué no publica sus impuestos. Él intentó, nuevamente, acorralarla con el tema de los correos electrónicos. Es un tema del que ella no puede salirse fácilmente. ¿Cómo mostrar que soy digna de confianza? Esa es la pregunta que muchos norteamericanos quieren escuchar y ella, con una disculpa diciendo que es un error, no lo va a lograr. Eso nos queda claro.

Yo sé de dinero –nos dice Trump– y los políticos, como Clinton, no logran hacer nada porque gastan en el Medio Oriente, en lugar de reconstruir el país. Hillary, entonces, lo acusó de no pagar a la gente que ha trabajado para él –y pone un ejemplo, un arquitecto en el público al que Trump no le pudo pagar–. De la misma manera ella lo acusa por haberse declarado seis veces en bancarrota. Fact-Hillary, nuevamente, intentando destruir las supuestas credenciales que un magnate tendría para manejar un país.

El tema de la raza y las múltiples muertes de afroestadounidenses nos devuelve a la seriedad del debate. Hillary piensa en hacer una reforma policiaca y en evitar que las armas lleguen a las manos de quienes no deben tenerlas. Respeto de la policía a la comunidad y de la comunidad a la policía. Trump usa el nombre de un show televisivo, Law and Order, para mostrar que otra vez no hay ideas propias sino la “aceptación” de organizaciones policiacas a su campaña. Miles de balaceras –solo en Chicago– otra vez algo que es falso, como lo que había dicho hasta ese momento del debate. No son las armas sino quienes las usan –los inmigrantes ilegales, agrega nuevamente Trump con falsas mentiras–. “Stop-and-Frisk” (la política de detención y cateo), ha sido declarada anticonstitucional, le dice el moderador. Trump insiste: Stop-and-Frisk debe hacerse en todos los lugares donde hay violencia a pesar de que el moderador dice que está basado en “perfiles raciales negativos”. Nuevamente Trump se sale, como decimos, por la tangente. Pero ella no lo dejó, mostrando que hay un dibujo parcial de las comunidades afroestadounidenses en su discurso. Entonces, ella va al fondo: si eres negro o hispano vas a ir a la cárcel por ese perfil racial. No es un tema solo de “ley y orden”, sino de un plan de seguridad comprensivo. Sin dejar el tema del certificado de nacimiento de Obama, el tema siguiente, el que todos quieren oír, es el de la seguridad nacional.

Hillary Clinton tiene primero la palabra para responder acerca de los ataques cibernéticos y los hackeos de temas importantes de seguridad. Rusia, Putin, entonces vuelven a la palestra. A ningún Estado, dice en su papel de antigua secretaria de Estado, le será permitido atacar la seguridad de los Estados Unidos. “Mira la suciedad en la que estamos metidos”, vuelve Trump y ataca a China o a los “obesos”. Trump dice que es culpa de Obama, que ha perdido el control de todo. La nueva guerra será ciberguerra. Eso lo saben los candidatos. Pero curiosamente mientras esto se comentaba en el debate el peso –mexicano– ganaba 1% en el mercado chino. Los especuladores, definitivamente, saben algo que quienes escuchamos el debate también sabemos: la seriedad que muestra Hillary Clinton, y cómo está ganando el debate. La seguridad es un tema interno, lo sabe la ex secretaria de Estado y pone ejemplos de cómo la inteligencia interna ha terminado con casos recientes de ataques a la vida civil como las bombas en Nueva York. Por eso la OTAN es importante, porque hay que preocuparse, además, por la seguridad interna, cooperar con los organismos internacionales. La canciller muestra, excepcionalmente, sus credenciales, frente a un candidato que siempre ha negado la cooperación internacional como posibles aliados en la lucha mundial en contra del terrorismo. El moderador, casi invisible, no pudo, sin embargo, mostrar las mentiras del candidato republicano y sus cambios de idea –como el apoyo a la guerra de Iraq inicial que ahora rechaza–. En ese “toma y daca” con el moderador Trump afirma que su mejor “activo” (un término de las finanzas) es el gran temperamento ganador que posee. Y acusa a Clinton de tener mal temperamento. La ex secretaria de Estado habla de OTAN, de diplomacia. Del tratado con Irán logrado sin una sola bala. Clinton no solo consigue regresar el tema a donde debió estar, seguridad, sino que muestra el tamaño de estadista.

Es importante para nuestra generación ver a una mujer luchar en una elección extrañísima, contra un candidato que es –lo dicen ya los periódicos mayores de los Estados Unidos y millones de votantes– una amenaza para la democracia. Hillary ganó el debate, fue siempre Hillary-Hechos, mostró una gran dignidad, contestó con seriedad y resolvió la pregunta que muchos nos hacíamos: ¿es digna de confianza? Absolutamente, como pocos candidatos en la historia reciente de este país. Ojalá los votantes, masivamente, vean esto con claridad.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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