El triunfo del “Trump mexicano”

“La gran incógnita es cuál de sus dos personalidades –la del político pragmático que manejó con habilidad a la Ciudad de México o la del líder con tendencias autocráticas– prevalecerá una vez que tome las riendas del poder”.
Opinión
Miembro de la unidad política de Univision Noticias.
2018-07-03T10:06:00-04:00

Ciudad de México – Por lo menos dos Méxicos se midieron en las históricas elecciones generales en las que por fin conquistó el poder, luego de dos fallidas intentonas, Andrés Manuel López Obrador, a quien sus críticos llaman, tal vez con exageración, el Donald Trump mexicano. El México predominantemente rural, el de los vastos sectores campesinos y obreros, se enfrentó a otro compuesto mayormente por una clase media emergente, profesionales y ricos. Y no hubo mayores sorpresas, si tenemos en cuenta lo que anunciaban las encuestas. AMLO ganó gracias a lo que aquí llaman “el voto enojado”, es decir, la protesta electoral de millones de mexicanos contra las persistentes desigualdades económicas y sociales, la corrupción y la violencia criminal que amenazan con convertir a México en un estado fallido.

La gran incógnita es cómo será en la práctica la presidencia de AMLO. Cómo gobernará a un país ingobernable en aspectos fundamentales, como el de la seguridad pública. Cuál de sus dos personalidades –la del político pragmático que manejó con habilidad a la Ciudad de México o la del líder con tendencias autocráticas– prevalecerá una vez que tome las riendas del poder. Abundan los análisis y pronósticos. Pero nadie sabe a ciencia cierta lo que hará AMLO con el enorme poder que le han dado los votantes al concederle la presidencia por un margen holgado y una mayoría de escaños en el Congreso. Aun sin control legislativo, la presidencia mexicana ya era imperial, como certeramente la describiese el escritor Enrique Krauze. Si aunamos el personalismo con que suele comportarse y mandar AMLO con el dominio que tendrá en el Congreso, entendemos mejor por qué sus detractores temen que en México haya nacido una era políticamente riesgosa.

El riesgo parece aún mayor porque la experiencia democrática de México es muy breve. Apenas data del año 2000, cuando Vicente Fox, del conservador Partido Acción Nacional, dio al traste con la dictadura partidista del PRI en unas elecciones tan históricas como las que acabamos de presenciar. AMLO se esforzó durante la campaña por aplacar los temores sobre sus intenciones como gobernante. Pero no le ayudó su incapacidad de articular un proyecto de gobierno más allá de promesas generales de acabar con la corrupción y la “mafia del poder”, fortalecer la economía y recortar la burocracia para invertir más en los servicios sociales que reclaman los pobres. Casi la mitad de los mexicanos viven bajo el nivel de pobreza y 15% sufre pobreza extrema. En su discurso de aceptación, AMLO declaró: “los pobres primeros”.

Asesores de AMLO intentaron darles coherencia a sus mensajes electorales. La picaresca nacional los bautizó como “los evangelistas”, porque, al igual que los 12 apósteles de Jesús, interpretaban para los votantes los pronunciamientos enigmáticos del candidato.

Complica el cuadro la tendencia a los arrebatos que en el pasado exhibiera AMLO. Uno de los peores fue cuando rehusó reconocer la derrota frente a Enrique Pena Nieto en 2012, se autoproclamó ganador e intento formar un gobierno alternativo. Su comportamiento errático entonces creó una imagen circense de AMLO. Muchos pensaron que había arruinado para siempre su carrera política. Pero su perseverancia por un lado y el malestar de muchos mexicanos con el status quo por otro hicieron posible su triunfo del domingo. AMLO encarnó de nuevo la esperanza de quienes ya no tenían esperanza en México.

Por verse está también si el lado febril o el lado pragmático de su personalidad marcarán sus relaciones con Donald Trump. Horas después del triunfo electoral, AMLO y Trump se tantearon en una charla telefónica de media hora. El mexicano le propuso buscar un nuevo acuerdo integral sobre proyectos de desarrollo en México que frenen la migración hacia Estados Unidos y contribuyan a mejorar la seguridad en la frontera común. Trump también le habló de seguridad y le sugirió negociar un nuevo tratado comercial por separado con México.

Ambos son líderes personalistas, intuitivos, demagógicos. Trump, sin embargo, representa valores de la ultraderecha estadounidense, mientras que AMLO mantiene la reputación de izquierdista. Pero, para ganar las elecciones, hizo alianzas políticas con sectores de la izquierda y la derecha. Sus críticos creen que poco a poco los dejará a todos en el camino y gobernará conforme a sus intuiciones. Si eso sucede lo más probable es que AMLO intente al principio llevarse bien con el presidente estadounidense. Pero, si fracasa, no vacilará en enfrentársele tomando como punto de partida su rechazo a las políticas antiinmigrantes de Trump, especialmente la construcción del muro en la frontera sur, objetivo central del gobierno del presidente de Estados Unidos. Es lo que AMLO plantea en “Oye Trump”, el panfleto que publicara el año pasado. Y es lo que prometió a sus seguidores cuando, una y otra vez, proclamó que México “no será la piñata de ningún gobierno extranjero”.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.