null: nullpx

El laberinto del malgasto

“Según la Casa Blanca, los déficits presupuestarios anuales están aumentando drásticamente, superarán el billón de dólares en 2019 y llevarán la deuda nacional a más de 30 billones de dólares para el año 2026”.
Opinión
Director de La Iniciativa Libre.
2018-07-26T16:02:13-04:00

¿Cuál es el problema más importante que enfrenta Estados Unidos hoy en día?

Si no respondió “el déficit presupuestario” o “la deuda nacional”, entonces está, por casualidad, en buena compañía. Según Gallup, el porcentaje de estadounidenses preocupados por estos temas estrechamente relacionados ha disminuido a solo el 1%. Sin embargo, según la Casa Blanca, los déficits presupuestarios anuales están aumentando drásticamente, superarán el billón de dólares en 2019 y llevarán la deuda nacional a más de 30 billones de dólares para el año 2026. Y esta carga de la deuda crecerá a pesar de que se espera que los ingresos federales aumenten cada año durante la próxima década.

En pocas palabras, el problema es que el gasto gubernamental está fuera de control. Con más y más ingresos fiscales cada ano, el Congreso y el presidente deberían poder equilibrar el presupuesto federal. Pero con un aumento proyectado de 50% durante los próximos 10 años, el gasto superará los ingresos.

Desafortunadamente, hay pocos indicios de que los legisladores reconozcan el problema y tengan un plan para abordarlo. Desgraciadamente, todo indica que estamos muy lejos de solucionar el problema con el valor necesario. Una prueba inequívoca de esto lo vimos apenas el año pasado, cuando el Congreso aprobó el aumento más reciente en el techo de la deuda –el límite de endeudamiento federal– sin considerar ninguna medida para controlar el gasto.

Hace solo unos meses el Congreso aprobó de manera irresponsable un proyecto de ley de gasto masivo de 1.3 billones de dólares para financiar al gobierno por el resto de este año –y el presidente firmó la ley–. Ante al enojo público por el grave desperdicio del dinero de los contribuyentes, los líderes del Congreso apoyaron una propuesta moderada con apoyo bipartidista: recortar menos de medio centavo de cada dólar de gasto federal. El Senado, sin embargo, rechazó incluso esta medida francamente modesta. Tristemente, este despilfarro pasmoso ha sido perpetuado por presidentes republicanos y demócratas, y por congresos de ambos partidos.

Sería bueno si pudiéramos ignorar colectivamente la crisis que se acerca. Pero el costo es simplemente demasiado alto. A medida que el gasto descontrolado lleva a una deuda creciente, los pagos de intereses para mantener esa deuda también aumentan. Eso significa que una porción cada vez mayor del presupuesto federal se usa cada año en préstamos pasados, en lugar de dedicar este dinero a las necesidades actuales. Además, los economistas coinciden en que a medida que la deuda crece el crecimiento económico se debilita. En lugar de crear trabajos y aumentar los salarios, nuestra economía tendrá más y más dificultades para crecer. Y, peor aún, aparte de estos flagrantes problemas fiscales se produce la enorme injusticia de dejar billones en deudas para que nuestros hijos y nietos las paguen, si pueden.

Este es un problema especialmente serio para los latinos, que son en promedio unos 10 años más jóvenes que la nación en general. Más que cualquier otra comunidad, los latinos son trabajadores que luchan por encontrar oportunidades económicas y comienzan a construir una vida mejor. Y tendrán que pagar una parte creciente de la carga de impuestos de la nación en las próximas décadas, a medida que los trabajadores de otros grupos demográficos pasen a la edad de retiro. Es claro que los trabajadores latinos de bajos y medianos ingresos son los menos capaces de pagar una carga de impuestos inflada por un gasto deficitario y manirroto.

Los latinos lo saben: la situación es grave y ya es hora de dar pasos concretos hacia la disciplina fiscal.

Un primer paso importante sería congelar el gasto en programas discrecionales en 2019. Eso deja fuera programas como la Seguridad Social y el Medicare, pero incluye gastos en la defensa, transporte, educación y otros programas que el Congreso debate y renueva cada año. El gasto discrecional representa solo un tercio del presupuesto, pero es un buen lugar para comenzar.

Los legisladores también deben establecer un conjunto de principios para gobernar el gasto federal. Incluso una reforma simple, como limitar el gasto a lo que es necesario para cumplir el papel constitucional del gobierno, ayudaría. En realidad, reducir el gasto, haciéndolo sostenible y responsable, sin déficits constantes y con una creciente deuda, sería un paso aún más positivo. Los mayores impulsores de nuestra deuda: la Seguridad Social, Medicare y Medicaid, deben ser reformados. Los políticos deberían rechazar las políticas de amiguismo que recompensan a los que están políticamente conectados. Por último, los programas de asistencia social deben enfocar la ayuda en los verdaderamente necesitados, priorizando la ayuda a los más vulnerables.

En unos pocos meses los legisladores se enfrentarán a los votantes en las elecciones de mitad de legislatura, y tienen una última oportunidad este año para limitar el gasto e incorporar una reforma significativa. Tienen la oportunidad de demostrar que se les puede confiar el dinero duramente ganado que Washington recibe. Esperemos que, en lugar de lo normal no deseado, nuestros oficiales electos empiecen a tomar las decisiones difíciles que serán necesarias para garantizar que la próxima generación pueda tener éxito.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

RELACIONADOS:OpiniónGobiernoEconomíaFinanzas
Publicidad