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El juicio de “El Chapo” Guzmán: entre la mitificación, la espectacularidad y… ¿la justicia?

“‘El Chapo’ sigue siendo objeto de una atención espectacular (¿desmedida?) a la manera de los grandes juicios de celebridades, y esa extrema atención juega a veces en contra del debido proceso, el rigor y la atención jurídica que el jurado debe tener”.
Opinión
Profesor-investigador de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México
2018-11-20T09:56:18-05:00

Ha comenzado el juicio contra “El Chapo” y con ello los debates en torno a la imagen de este personaje publicitado no solo por el discurso oficial sino también por documentales, películas, series y telenovelas donde con frecuencia es difícil distinguir los hechos históricos de los mitos y las leyendas de las que por cierto “El Chapo” parece disfrutar.

Hay que reconocer por otra parte que este tipo de juicios tienen un 50% de jurídicos y otro tanto de mediáticos. Ya sabemos, por una parte, que no podrá decretarse la pena de muerte al haberse tratado de una extradición por parte del gobierno; así que aquello que se juega es la disminución de la condena y mejores condiciones en el tipo de cárcel donde pueda pasar dicha condena.

El abogado defensor de Guzmán es el experimentado Jeffrey Lichtman, quien ya ha defendido a otros criminales. Por ello, quizá, desde los primeros días ha sido prolífico en declaraciones espectaculares, como señalar que el “Mayo” Zambada había dado importantes sumas de dinero a los presidentes mexicanos Enrique Peña Nieto (quien en unos días deja la presidencia por fin de su mandato) y Felipe Calderón (ampliamente conocido por su supuesta “guerra contra el narcotráfico”). El discurso de Lichtman no pudo ser un reflejo más claro de esta espectacularidad, ya que también solicitó al jurado tener una mente abierta con respecto a distintas historias sobre cómo funciona el estado y sobre la corrupción no solamente en México, sino Estados Unidos. Lo que parece un anticipo de relatos e historias mejores incluso a aquellas a las que tenemos acceso a través de las películas.

Otro elemento de la estrategia de Lichtman ha sido presentar al Chapo no como el jefe supremo del Cartel de Sinaloa, sino como alguien subordinado al “verdadero” jefe, Ismael “Mayo” Zambada. Lo que contrasta con lo que dijo uno de los declarantes iniciales, Jesús “Rey” Zambada García, hermano del otro gran líder del Cartel de Sinaloa Ismael “Mayo Zambada”: el verdadero jefe del cartel era “El Chapo”. De acuerdo con reporteros y cronistas presentes en la corte, en su declaración, que al momento de escribir estas líneas no había terminado, “Rey” dictó “cátedra” con los detalles que dio sobre el funcionamiento de la empresa en la que participó.

Aún en prisión, “El Chapo” sigue siendo objeto de una atención espectacular (¿desmedida?) a la manera de los grandes juicios de celebridades, y esa extrema atención juega a veces en contra del debido proceso, el rigor y la atención jurídica que el jurado debe tener. Guzmán sigue moviéndose entre los relatos del “héroe” y el “villano”, igual que sucedió con el exlíder del cartel de Medellín, Pablo Escobar. De hecho, existe un documental titulado de esa manera.

Varios años después de su muerte, Escobar cede lugar al nuevo “protagonista” de las narrativas sobre el narcotráfico, Guzmán Loera, campeón de la megalomanía y los escándalos, como el de la supuesta entrevista hecha por Sean Penn (previa mediación de la actriz, Kate del Castillo) y publicada en Rolling Stones, casi al mismo tiempo en que Guzmán era detenido por segunda vez.

Si bien el Chapo no pudo hacer él mismo la película que hubiera querido sobre su vida, otros lo han hecho por él y de manera amplificada. Una rápida muestra: la serie de Netflix, El Chapo, de tres temporadas; la mini-serie Capo, el amo del túnel (2016); la narcotelenovela El Chema (Telemundo, 2016), spin off de El señor de los cielos, y la película Chapo - El escape del siglo (2016), casualmente estrenada en la misma semana de la segunda recaptura de “El Chapo”.

El pasado 16 de noviembre Netflix lanzó Narcos México, y aun cuando la historia principal se centra en quien fuera uno de los primeros jefes de “El Chapo”, Miguel Ángel Félix Gallardo, vemos los inicios del joven Guzmán Loera como gatillero, comparsa del círculo cercano de Félix Gallardo y cuidador del enloquecido Caro Quintero, a quien tiene que controlar en sus reacciones excesivas.

Ninguna de estas historias sea, quizás, la que el propio Guzmán quisiera habeer contado. Ya veremos cuando a “El Chapo” le toque declarar en este juicio que –aun cuando se espera dure cuatro meses–, seguramente dará mucho más en análisis, replicas, contra-réplicas y explicaciones.

Curiosa forma de iniciar un juicio donde lo primero que se discute es si el criminal es realmente tan importante o no y que nos pone en centro de los discursos sociales sobre el Chapo el tema de su mitificación, una de las cuales –como fue presentado por la conocida periodista Anabel Hernández en Los Señores del narco (2010)– es la su malignidad individual, lo que sintoniza con esa visión de un individuo extremadamente peligroso que todo lo puede comprar y corromper.

La mitificación es la base de esa espectacularidad desde la cual se construye al individuo vil, o bien —como frecuentemente lo vemos en series— al sujeto justiciero que solamente quiere el bien de su pueblo y de su familia, o bien al enunciador crítico contra las instituciones gubernamentales y los políticos, lo que se ajusta exitosamente al descrédito contra diputados, gobernadores, ministros, policías, jueces, etc. La espectacularidad permite acceder al representante ontológico del mal o a la voz crítica contra las instituciones, como se le ve hasta el hartazgo en la micro serie El Señor del túnel o la película Chapo - El escape del siglo.

Todo ello ha propiciado la crítica contra series y películas respecto a la manera de (voluntaria o involuntariamente) generar atracción hacia este tipo de figuras que las narrativas audiovisuales presentan de manera desproporcionada y donde la sociedad, las víctimas, quedan de manera muy distante como espectadores lejanos, porque el centro que al entertainment show bussiness interesa es la actualización de tendencias de consumo y que prosiga el eterno lema de la civilización del espectáculo: al público lo que pida o peor aún, la ilusión que confunde cada vez más exitosamente la ficción con la realidad. ¿Será que esto es lo que pide la opinión pública en Estados Unidos y en México?

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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