El ‘Brexit’ y el miedo

“El miedo provoca decisiones irracionales, populismos, extremismos de derecha e izquierda, y este es hoy el viento que nos azota. El problema es que ha pasado demasiado tiempo para que recordemos que el proyecto común europeo surgió precisamente para conjurar los miedos en una Europa devastada por la Segunda Guerra Mundial”.
Opinión
Catedrática de Derecho Administrativo. Forma parte de bufete Gómez-Acebo & Pombo, en Madrid, España, desde 2007
2016-06-27T10:47:32-04:00


El 23 de junio de 2016 se recordará como el día en el que, por una estrecha mayoría, los británicos decidieron apoyar el “Vote Leave, Take Control” frente al “ Britain Stronger in Europe”. Como señala Javier Zarzalejos, político y alto funcionario español, “es una cruda paradoja que la cuna de la democracia representativa, el paradigma de la soberanía parlamentaria, se haya deslizado en los últimos años por la peligrosa pendiente de la política plebiscitaria”. En todo caso, para adoptar una decisión de tanta transcendencia y que ya fue en su día (1973) refrendada por los británicos, debería haberse exigido una mayoría reforzada de, por lo menos, el 60% de la población De lo contrario, se corre el riesgo de una fractura social como la que se ha producido en el Reino Unido: los jóvenes votaron mayoritariamente el Remain frente a los mayores de 55 años que optaron por el Leave: ¿Hasta qué punto la generación adulta y acomodada puede coartar el futuro de los jóvenes? También hay una fractura geográfica importante, pues Escocia votó mayoritariamente por el Remain, y su primera ministra ya ha anunciado un referéndum para salir del Reino Unido e integrarse en Europa.

La salida de Reino Unido va a afectar, ya está afectando, negativamente a la economía europea (solo en la primera jornada las bolsas mundiales perdieron, según la agencia de noticias Bloomberg, 2,69 millones de euros, cifra que se corresponde, paradójicamente, con el PIB británico), pero a largo plazo sus consecuencias posiblemente no serán tan graves. Es probable que, una vez que se consume su salida negociada de la Unión, Reino Unido ingrese de nuevo en la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA), de la que este país fue uno de los países fundadores, y que suscriba también el Acuerdo del Espacio Económico Europeo. El Espacio Económico Europeo (EEE) lo integran actualmente la Unión Europea y tres países de la EFTA: Islandia, Liechtenstein y Noruega. Se trata de un mercado único “ampliado”, en el que se aplican las normas de la Unión Europea relativas a las llamadas cuatro libertades (libre circulación de mercancías, de servicios, de capital y de personas), las normas sobre libre competencia y también muchas de las denominadas “políticas de acompañamiento y horizontales” necesarias para consolidar el mercado único (política social, protección del consumidor, medio ambiente, información y servicios audiovisuales, entre otras).

Si bien del EEE se excluyen sectores políticos importantes de la Unión (política agraria común y política pesquera común, entre otras), y no tiene una política económica y comercial exterior común, sería, sin duda, una forma de “recuperar” al Reino Unido para el mercado único y, quién sabe, de preparar el camino para su futuro reingreso como miembro de pleno derecho (aunque ello exigiría, según los Tratados, seguir de nuevo todos los trámites de adhesión y obtener la unanimidad de los Estados Miembros: en el proyecto europeo no hay sitio para los volubles).

En cuanto a las razones del Brexit, es cierto que el Reino Unido tenía muchas “papeletas” para salirse de la Unión Europea. Los vínculos geopolíticos de las Islas con sus antiguas colonias (en especial, con Estados Unidos), y la propia idiosincrasia inglesa (cuentan que tras un gran temporal en el Estrecho, los noticieros de Londres decían en primera página: “El continente, aislado”), no han favorecido su integración en Europa. En 1957 Reino Unido rechazó ser uno de los seis países fundadores de la CEE Después solicitó entrar en 1961, pero Francia, liderada por el general De Gaulle, se opuso. Como dice el profesor Ricardo Alonso García, “políticamente Gran Bretaña aparecía a los ojos de De Gaulle como el caballo de Troya de los Estados Unidos”. Tenía razón, y su papel en la Unión Europea siempre ha sido ambivalente, nunca ha abogado por avanzar en la construcción de una Europa fuerte.

Pero, ¿por qué ahora? Entre las muchas razones que han propiciado que la inconsciencia de los políticos haya conducido al Brexit, hay dos que me gustaría resaltar.

En primer lugar, la falta de una buena comunicación del proyecto europeo y de los avances que se están produciendo. Serían necesarios más proyectos como las becas Erasmus, que permiten a los jóvenes viajar, relacionarse y estudiar en todo el continente. Ellos conocen bien las ventajas de ser europeo, pero al conjunto de la población le cuesta percibir los avances que en tantos ámbitos propicia el derecho de la Unión (protección de los consumidores, medio ambiente, igualdad, mejoras sociales, etc.).

Y, en segundo lugar, el efecto devastador que están teniendo el terrorismo del ISIS y la crisis de los refugiados en la construcción europea. Eduard Punset define la felicidad como “la ausencia de miedo”, y esto no solo vale para las personas, también para los Estados. El miedo provoca decisiones irracionales, populismos, extremismos de derecha e izquierda, y este es hoy el viento que nos azota. El problema es que ha pasado demasiado tiempo para que recordemos que el proyecto común europeo surgió precisamente para conjurar los miedos en una Europa devastada por la Segunda Guerra Mundial. En las palabras del discurso con el que Robert Shuman expuso este proyecto el 9 de mayo de 1950: “La paz mundial no puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores equiparables a los peligros que la amenazan”.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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