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Daniel Garza: Por un Gobierno que funcione

El autor analiza la necesidad de balance entre el Congreso y el Poder Ejecutivo previsto por la Constitución.
25 Mar 2016 – 11:05 AM EDT


Por Daniel Garza, presidente del Instituto LIBRE (*)

América fue fundada sobre la extraordinaria y simple idea de que en general la gente es capaz de gobernarse a sí misma. Nuestros fundadores diseñaron un sistema que no dependía de un solo y poderoso líder que se hiciera cargo de “la gente”, porque los poderes del gobierno son limitados.

La gente común –reunida alrededor de una mesa, en las comunidades o en las capitales estatales– es la que está mejor equipada para tomar las decisiones acerca de cómo manejar sus vidas.

Sin embargo, a lo largo de los años, se le ha dado a Washington más y más control y poder, en detrimento de nuestra libertad individual. Como consecuencia, la gente está cada vez más frustrada de que Washington no esté funcionando.

A medida que la gente está cada vez más frustrada con los legisladores –que parecen no escuchar–, más tienden a buscar líderes que hagan que el gobierno trabaje para ellos. Muchos ven hoy a figuras como Donald Trump como un hombre fuerte: alguien que no va a permitir que quienes disienten se interpongan en el camino al progreso; alguien que va a usar la fuerza de su personalidad para hacer los Estados Unidos 3.0; alguien que genere resultados en sus prioridades, sin importarle lo que la oposición diga la respecto.

Desde “el muro” hasta “arreglar” los tratados de libre comercio, a hacer crecer la economía, a “volver a hacer a América grande nuevamente”, Donald Trump no está prometiendo hacer que el sistema funcione de la manera en la que fue concebido, sino que está prometiendo hacer que las cosas “pasen” sin dejar que nada se interfiera.

Pero no es solamente el rimbombante Donald Trump quien está prometiendo superar las fallas de Washington y cumplir con sus grandiosas promesas, sin decirnos exactamente cómo.

Hillary Clinton también está a punto de ganar la nominación demócrata con una estrategia similar. Ella ha prometido extender y expandir las órdenes ejecutivas del presidente Obama en inmigración, las cuales ya están enfrentando serios conflictos legales.

También prometió revertir decisiones de la Corte Suprema de Justicia, lanzar una cacería de brujas enmascarada bajo nuevas reglas políticas, y emitir más órdenes ejecutivas que inicien el quijotesco esfuerzo de revertir el cambio climático. Está prometiendo enfrentarse a Wall Street, y labrar créditos fiscales a la izquierda y a la derecha para apaciguar a cualquier constituyente que este allí en ese preciso momento.

El auto-proclamado socialista, Bernie Sanders, hace aún más promesas que los demás, asegurando que extenderá unilateralmente beneficios novedosos para todos como: educación universitaria gratuita, cuidado de salud gratuito, y eliminar el consumo de combustibles fósiles solo a través de un decreto firmado por la pluma presidencial.

Las promesas de que una persona puede conseguir resultados por sí sola, en todos los frentes, sin que le importen las reglas o las leyes, nos ponen en un camino peligroso. Este tipo de propuestas sencillamente no funcionan; este tipo de promesas están más cercanas a una dictadura que a una democracia, sean estas promesas en cuestión posibles de cumplirse o imposibles.

Hay que recordar que en el 2008 Barack Obama prometió un servicio de salud universal y accesible, ponerle fin a las guerras de Irak y Afganistán, e inclusive revertir el crecimiento del nivel de los mares. Sin planes concretos, sin la habilidad de trabajar junto al Congreso, y sin la voluntad de trabajar bajo el rol apropiado del gobierno federal, esas promesas no pueden cumplirse.

Cuando Barack Obama actuó de manera unilateral, esto significó el fin de una legislación a través del Congreso, sin un debate real y sin apoyo bipartidista. Simplemente se trató de una serie de órdenes ejecutivas y de tratados que el Congreso no aprobó ni implemento.

Es tiempo de reconocer el peligro que deviene con el creciente poder de la presidencia más allá de lo que la Constitución prevé. Bajo presidentes de ambos partidos, la Casa Blanca ha expandido su autoridad, a menudo con la ayuda del Congreso que estaba feliz de evadir la responsabilidad.

A través de mandatos legislativos amplios como aquellos de la ley de Salud Asequible, extender las autorizaciones de guerras que el Congreso no enmendara, y falta de voluntad de tener un debate saludable y abierto sobre el gasto público, el control de la Casa Blanca ha sido indudablemente expandido.

Cuando el Congreso no actúa ni interviene, la rama ejecutiva se expande en ese vacío. En los últimos años, los conservadores han advertido acerca de las órdenes ejecutivas, las investigaciones punitivas del IRS, y los mandatos que violan la conciencia de la gente como las Hermanas de los Pobres.

Si un candidato republicano es electo, quizás veamos una reversión de roles. En lugar de pedir la expansión del control del presidente, los demócratas pueden encontrarse a sí mismos pidiendo nuevos límites al poder ejecutivo.

América sobresaldrá si el próximo presidente es alguien comprometido con el balance entre el Congreso y el Poder Ejecutivo que la Constitución prevé. El gobierno será más sensible si pone un fin a la intención de intentarlo hacerlo todo, y por el contrario se concentra en las cosas que hace bien. El futuro que les entregaremos a nuestros hijos y nietos estará más seguro si los votantes insistimos en los principios de un gobierno limitado.

(*) La Iniciativa LIBRE es una organización comunitaria no partidista, y sin fines de lucro, que promueve los principios y valores de la libertad económica para empoderar a la comunidad hispana de Estados Unidos.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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